Hace 141 años que la mujer puede ir a la Universidad

08-02-2018


Como muchas veces en la historia, el Decreto Amunátegui tiene nombre de hombre. Se lo debe a al ministro Miguel Luis Amunátegui, quien fue el que firmó el decreto dictado por el presidente de la época Aníbal Pinto. Pero la lucha fue de cientos de mujeres quienes antes de eso sólo podían asistir a la escuela primaria, a la Escuela Normal de Preceptoras y hacia fines del siglo XIX, a los primeros liceos femeninos. En 1877 esto cambió gracias a un decreto que las autorizó a cursar estudios universitarios. A las primeras mujeres con aspiraciones académicas se las instó a seguir carreras «femeninas», como se calificó a aquellas profesiones marcadas por una vocación asistencial. El decreto se basó en tres argumentos: la conveniencia de estimular en las mujeres la dedicación al estudio continuado; la arraigada creencia de que las mujeres poseían ventajas naturales para ejercer algunos oficios relacionados con la asistencia a otras personas; y la importancia de proporcionar los instrumentos para que algunas mujeres, que no contaban con el auxilio de su familia, tuvieran la posibilidad de generar su propio sustento. También estipulaba que las mujeres que aspiraban obtener títulos profesionales debían rendir exámenes válidos bajo las mismas condiciones a las que estaban sometidos los hombres. En el decreto se expresaba: Considerando: 1° Que conviene estimular a las mujeres a que hagan estudios serios y sólidos; 2° Que ellas pueden ejercer con ventaja alguna de las profesiones denominadas científicas; 3° Que importa facilitarles los medios de que puedan ganar la subsistencia por sí mismas; Decreto: Se declara que las mujeres deben ser admitidas a rendir exámenes válidos para obtener títulos profesionales, con tal que se sometan para ello a las mismas disposiciones a que están sujetos los hombres. Comuníquese y publíquese. Hacia fines del siglo XIX, las carreras elegidas por las primeras mujeres universitarias fueron medicina y derecho. Las primeras mujeres en recibir el título de médico cirujano fueron Eloísa Díaz —quien también fue la primera médica de América Latina5?— y Ernestina Pérez, ambas en 1887. Las primeras abogadas chilenas fueron Matilde Throup (1892) y Matilde Brandau (1898) y la primera químico-farmacéutica fue Griselda Hinojosa (1899). Pasados cincuenta años del decreto Amunátegui, la incorporación de las mujeres a la vida universitaria se había ampliado de manera sustantiva a carreras como las de química y farmacia, odontología, pedagogía, obstetricia, enfermería y servicio social. Hacia 1960, más de ocho mil mujeres habían recibido educación universitaria, constituyéndose así un grupo diverso de mujeres profesionales, concentradas en su mayoría en la capital,
Santiago, entre las cuales el oficio preferido fue el de profesora de Estado. Muchas de estas profesionales pioneras, entre ellas, Elena Caffarena, conformaron y lideraron organizaciones feministas durante la primera mitad del siglo XX, a través de las cuales buscaron la reivindicación civil y política de la mujer y proteger a las más desposeídas de la sociedad. Según cifras de Diario El Mostrador, en la actualidad la participación universitaria de mujeres, entre los años 2015 y 2017, es de 610.744.

http://www.diarioelheraldo.cl/noticia/hace-141-anos-que-la-mujer-puede-ir-a-la-universidad- | 17-02-2018 04:02:26