Mi consejo de guerra

20-09-2019


En nuestra provincia los Consejos de Guerra estaban formados por militares, carabineros y por un abogado designado por ellos, me parece que lo formaban 5 miembros. Lo presidía un Oficial de Ejército, en este caso lo presidió el Comandante o Subcomandante don Sergio Pérez Hormazábal ( QEPD). Sí, que en paz descanse, así lo siento.
Después de casi un año de ilegal detención y de varias semanas de interrogatorios con torturas de diversa índole, el Fiscal me acusó de haber “comprado o participado en compra de armas”. Así de vaga e impropia fue la acusación.
Mi abogado, don Sebastián Vial, del Comité ProPaz de Santiago, demostró que esa participación en compra de armas nunca había existido, no estaba probado en el expediente, tampoco lo había confesado, ni había testigos. Además, un hecho fundamental, desde el punto de vista del derecho Penal: las supuestas armas no estaban en ninguna parte, no existía el cuerpo del delito... El Fiscal no insistió. Por algo sería. Él sabía que la acusación era falsa, era un burdo montaje.
El Presidente del Consejo me ofreció la palabra y antes de que hablara me preguntó sobre los estudios de Sociología y Antropología que había cursado en Bélgica. Mostró el Diploma que la defensa había agregado al expediente. También me dijo si era efectivo que era nieto de un veterano de la Guerra de 1879.
En verdad, en este caso, ese Oficial tuvo una actitud digna respecto del rol que jugaba y de mí. Tiene la palabra, me dijo después.
Me puse de pié y me dirigí al Presidente y al Consejo diciendo, casi textualmente, algo así:
“Le agradezco al Consejo y especialmente a usted señor Presidente, por tratarme como persona con derechos ciudadanos. Circunstancia que no había ocurrido durante todo el tiempo que he estado detenido.
Soy inocente: no he cometido delito de ningún tipo. A pesar que fui ilegalmente apremiado física y sicológicamente no se ha logrado encontrar nada en mi contra. El hecho que se me imputa nunca existió, como lo demostró mi defensa.
No niego que fui dirigente provincial del MAPU, pero esa actividad era completamente legal antes del 11 de Septiembre. Asumo toda mi responsabilidad y no reniego de haber ejercido ese derecho ciudadano.
Porque soy inocente, pido mi libertad inmediata, señor Presidente. Debo cuidar y criar a tres hijos menores que me necesitan. La Universidad Libre de Bruselas me ofrece trabajo desde el momento que llegue a Bélgica. Respecto de su pregunta, señor Presidente: Sí es efectivo,, soy nieto de un veterano de la Guerra de 1879. Pedro Alarcón Dominguez se llamaba mi valeroso abuelo, tuvo destacada participación en la llamada “Campaña de Lima”. Fue herido en combate y fue condecorado .
Señor presidente, gracias por su atención y por haberme concedido la palabra para alegar mi inocencia y pedir mi libertad.“
Acto seguido se ofreció la palabra a los miembros del Consejo.
El abogado integrante, “ de cuyo nombre no quiero acordarme”, me hizo una pregunta con evidente connotación política. Su objetivo era enredar el asunto, dijo: “en una reunión ampliada de la Unidad Popular en Linares, el acusado se refirió al Ejército, en malos términos”. Le contesté brevemente y sin vacilar: “La información que usted tiene sobre ese punto no corresponde a la verdad, nunca expresé los conceptos, sobre el Ejército, que usted insinúa y me atribuye”. ( No quise entrar en detalles sobre el punto. El tono acusatorio utilizado por ese abogado de Linares, contrastó con el tono ecuánime del Presidente.)
El Presidente dijo: esta parte de la sesión ha terminado, pueden retirarse. El Tribunal va a deliberar y pronunciará enseguida su veredicto.
Alrededor de 20 minutos después el Secretario notificó a mi abogado y a mí que salía en libertad inmediata y nos entregó la orden de libertad para presentarla en la cárcel. ¡A partir de ese momento, no diré que me sentí libre , pero al menos no estaba más cautivo y en peligro inminente! Y eso, en esos momentos, no era poco. Era mucho.
Enfilamos hacia la cárcel marchamos tranquilamente surcando la calle Chacabuco con dirección al sur. Con temores aún, sentí que la vida empezaba de nuevo para mí. ¡Una inmensa alegría sacudía mi espíritu mientras caminaba por esa tradicional calle linarense, tan frecuentada por mí durante mi niñez y juventud!
Durante ese trayecto, el abogado Vial se solazaba conversándome en francés y ese hecho configuró para mí, un cuadro surrealista. Esos momentos los viví como una fantasía. Yo le contestaba, vagamente, lo que él me decía eufórico, mi mente estaba inmersa en un mundo etéreo, parecido a los colores del arco iris… En esa circunstancia yo estaba en otra…Yo me sentía atravesado, en ese momento, por sentimientos atravesados, de ahí mis vagas respuestas a mi querido defensor. Seguramente, ese gran hombre, el abogado Vial, se recordaba o sentía lo que alguien, antes había escrito:” Porque no hay en la tierra, conforme a mi parecer, contento que se iguale a alcanzar la libertad perdida”. Probablemente exagera Cervantes al creer en la primacía absoluta, de tal contento, pero anda cerca.
Entretanto y simultáneamente, en mi mente, mientras caminaba, se dibujaba un escenario en el que, detrás de mí, a algunos cientos de metros hacia el norte se quedaban, sólo como un triste recuerdo de un pasado que ojalá nunca vuelva, la Sala del televisor, las Salas de torturas, el Rastrillo, la cárcel del Buen Pastor y la legendaria Caballeriza . Ésta, con sus caballos, sus quemaduras, sus antibióticos furtivos, sus moscas, siempre las moscas, pero ahora sin nosotros: los cautivos de la Caballeriza…
Esos mismos que, a pesar de su precaria situación causada por las graves violaciones a sus derechos fundamentales, con su silenciosa y pertinaz resistencia, transformaron a ese lugar en una leyenda. La cual probablemente será recordada, desde ahora, como el lugar donde se gestó, muy sigiloso y astucioso, un memorable y prolongado acto de solidaridad y de resistencia frente a la opresión.
Es decir, toda una historia de lugares por donde pasaron a punta de golpes e insultos, miles de ciudadanas y ciudadanos linarenses. Alrededor de sesenta hoy desaparecidos. Algunos de ellos por ahí pasaron, quiero decir: ¡por ahí también paso la muerte…!
Desde la ocurrencia de los repudiables hechos acaecidos, en ese tradicional recinto militar, inserto en la parte norte de nuestra querida ciudad, se ha instalado en mi espíritu una amarga tristeza. Ya no puedo cantar, con sinceridad, alegría y vigor, los hermosos versos y notas musicales con los que nuestro querido profesor, quiso homenajear a Linares. Siento que después de lo ocurrido en ese recinto, sin que se haya ni siquiera reconocido éso, los versos de ese himno me resultan falsos…Para muchos y muchas, en esos tiempos, la ciudad no fue ni tan santa ni tan encantadora…
Muchas familias linarenses siguen aún esperando que alguien, pública y responsablemente, algún día, reconozca los hechos deleznables ocurridos en esos años y pida perdón a la ciudadanía por esas vergonzosas circunstancias. Y los que sepan de lugares donde se encuentran restos de nuestros detenidos desaparecidos, los revelen, de alguna manera.. .
¡Entonces, sólo entonces, la historia de ese recinto, respetado por los linarenses, recuperaría el alto sitial ético que siempre, antes tuvo !.
Eran alrededor de las 18 horas cuando llegué a la Cárcel. Mis compañeros estaban formados en el patio para el conteo, previo al encierro. . Me despedí de mano de todos ellos. Sentí aplausos cuando me retiré de ese patio. Me fui triste por los que se quedaban y feliz por la llegada de la libertad tan esperada. Ese 30 de Agosto de 1974, aún lo recuerdo. Mameluco se acercó a despedirme y me abrazó antes que cruzara las rejas interiores del Penal.
Con una gran emoción y alegría silenciosa, con paso firme, con la frente en alto crucé libre y limpio el umbral de la Cárcel de Linares: se iniciaba para mí, un largo caminar que me llevaría de nuevo a mi querida Bélgica y 20 años después de vuelta a mi Chile para hacerles llegar ahora, este relato….



(Pedro Sepúlveda Alarcón)













http://www.diarioelheraldo.cl/noticia/mi-consejo-de-guerra | 20-11-2019 08:11:24