Micro taller literario COSAM Linares

31-01-2018


He aquí tres Microcuentos escritos por la paciente Luz Marina Zurita Retamal, que ha significado para ella un impensado logro, no tan sólo por la dedicación puesta, sino por sentirse plenamente realizada al salir airosa del desafío de escribir una obra literaria.

Veraneando en el Duraznillo

Recuerdo que una vez nos fuimos de veraneo al campo, con mis primos y mis hermanos, aproximadamente por un mes. Llegamos a la casa del tío Orlando padre de mis primos.
En las tardes los niños y jóvenes jugaban futbol y las niñas jugábamos partido peleado, después de esos juegos nos íbamos todos a bañar al rio Ancoa que pasaba por el lado de la casa de mis tíos.
Por las noches mi tía tocaba la guitarra al compás de las cuecas que empezaban así: “En una noche de luna y estando en el duraznillo…” el que quería bailaba, una de estas noches mi hermano menor se puso a llorar al ver que se producía tanto desorden.
Un día de esos, como a las tres de la tarde íbamos a la piscina y por el camino nos encontramos con unas culebras. Tanto fue nuestra sorpresa que arrancamos corriendo con todos mis primos.
También recuerdo que cocinábamos todas juntas comidas típicas como pantrucas, cazuelas de pollo de campo, humitas, budines, entre otras, las cuales nos quedaban muy ricas.
Este paseo ocurrió cuando yo tenía 17 años y lo recuerdo con mucho cariño, ya que fue una experiencia muy bonita en mi vida.

En la casa de piedra

Yo vivía en una casa de piedra ubicada en plena cordillera, allí había una perrita de una vecina que me atrajo mucho, ella la quería para sí, pero no le daba cariño, ni alimentación, ni agua, ni menos la cuidaba, solo la quería por tenerla. Al pasar del tiempo me fui encariñando con la perrita, le daba el pan y se iba feliz, luego volvía por otro pan y se lo llevaba a su perra madre, no los quería todo para ella. Todos los días al amanecer estaban, madre e hija, esperando en la puerta de la casa de piedra para que yo les diera pan, y cuando no tenía pan añejo les daba pan fresco y mi hermana me decía ¡cuánto pan te comes que ya no queda nada!, yo no le respondí nada y me eche la culpa porque a ella no le gustan las perras. Las perritas me agradecían el pan de cada día moviendo sus colitas.
Todos los días les colocaba un lavatorio viejo con agua para que consumieran; mi perro, la gata y las perritas que quedaban muy satisfechas.
Así paso el tiempo y me fui encariñando con estas hermosas perritas que terminaron por quedarse definitivamente en mi casa.

Sueños y pesadillas

Casi siempre por las noches, mientras duermo, tengo pesadillas. Una de esas pesadillas es que estoy parada entre dos barrancas paralelas y voy a saltar de un lado para otro, pero caigo al vacío, entonces me despierto apurada, preocupada y nerviosa, pero me digo a si misma: menos mal que se trata sólo de una pesadilla.
Otra de esas pesadillas es que me sigue un Toro guapo por una tierra arada y en el sueño me pongo a correr, y al despertar me digo lo mismo: menos mal que se trata de una pesadilla.
También tengo sueños fantásticos, como cuando sueño con mis padres vivos que estábamos en una fiesta y me saca a bailar un joven alto y bien parecido que me pide pololeo, después que ha pasado un rato, por lo buen mozo que era, le aceptaba, pero cuando despertaba, esta vez lo lamentaba mucho que sólo fuera un sueño.

http://www.diarioelheraldo.cl/noticia/micro-taller-literario-cosam-linares | 19-12-2018 02:12:16