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El Diario del Maule Sur
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Opinión 21-05-2019
140 años del Combate Naval de Iquique Dr. Germán Segura González, héroe olvidado de la Esmeralda

El Dr. Germán (o Germain) del Pilar Segura González, nació en la localidad de Huerta de Maule (actual Región del Maule, Provincia de Linares, comuna de San Javier) el 9 de Marzo de 1855 y fue bautizado al día siguiente en la Parroquia de la localidad. Era hijo de Juan Segura Lobos y de Anacleta González Basoalto.
Cursó estudios en una escuela privada de Linares. Luego en el Instituto Nacional, donde compartió el banco con Germán Riesco (futuro Presidente de Chile), Francisco Cornelio Guzmán (de quien sería Ayudante, durante la Gesta de Iquique), Carlos Saziè, hijo de Carlos, eminente médico, y Alberto Adriazola, más tarde fundador del Servicio Médico de la Armada. En 1875 ingresó a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile. Estaba en el último año de la carrera, y casi titulado cuando se produjo la declaración de Guerra de Chile al Perú. Se enroló sin vacilar.
La primera misión del joven cirujano fue trasladar hasta Valparaíso a los heridos del desembarco de Pisagua. El Ministerio de Marina reconoció los servicios de Segura. En esa misma nota, se le designaba Ayudante de Cirujano de la Esmeralda "Por sus profundos conocimientos” y “Ser bastante apto”, en virtud de lo cual, el 9 de Mayo de 1879, el Presidente Pinto le nombró en la corbeta, a las órdenes del Dr. Guzmán. Sin embargo que, al enrolarse, Segura pidió no ser destinado a la Marina, por cuanto “No sabía nadar” por lo que se le asignó a la “Esmeralda”, en la certeza que dicho buque no se participaría en combate.
Se encontró así, a bordo de la Esmeralda, en la mañana del 21 de Mayo, sirviendo en la enfermería, ubicada en la Cámara de Guardiamarinas.
Para colaborar en el hospital de sangre, Prat designó a aquellos tripulantes que no tenían una función específica o necesaria durante el combate. De esta forma, quedaron a disposición de los doctores Guzmán y Segura, el contador Juan O. Goñi, el despensero Félix Tomás Rueda Montalva, él Sangrador José Cruzat y el maestro de Víveres León P. Claret.
Durante las tres horas que duró el combate, el Dr. Guzmán y su ayudante el Dr. Segura debieron extremar sus esfuerzos para amputar, curar o simplemente dejar morir a los heridos que llegaron sin cesar desde cubierta. De los doscientos tripulantes de la nave sólo 56 salvaron con vida, entre ellos, los médicos Guzmán y Segura. Este último relataría después que, ante la evidencia del hundimiento de la corbeta, ataban a los heridos a tablones, para que pudieran flotar, una vez ocurrido el naufragio.
Los elementos quirúrgicos con que contaban a bordo eran, los mínimos esenciales: alcohol, vendas, torniquetes, morfina y coñac, para aliviar los terribles dolores. Aun cuando Guzmán y Segura narraron, en algunas entrevistas, detalles de su participación en esa hecatombe, siempre fueron reacios a profundizar en esas dolorosas circunstancias.
Hubo, sin embargo una hábil actitud de Segura que, indudablemente, evitó una tragedia mayor para las naves chilenas. Él mismo lo narra:
Presumiendo, el joven cirujano, que Grau intentaba perseguir a la nave chilena, que huía en malas condiciones, ante una pregunta de éste señaló un andar mucho mayor, lo cual hizo desistir a Grau de perseguirla y retornar a Iquique.
Después de la prisión en Tarma (Perú), Segura volvió a Chile. Asistió a la multitudinaria recepción brindada a los héroes en Valparaíso, el 3 de diciembre de 1879. En 1880 visitó Linares, donde fue recibido con solemnes honores. Una niña, doña Deidamia Vallejos, colocó una corona de flores sobre su frente.
Fue ascendido a Cirujano de Fragata, retirándose de la Armada antes del término de la guerra. Hacia 1889 casó en Concepción con doña Lucila Cartes Robles (1870 – 1952) con una descendencia de catorce hijos. Se radicó algún tiempo en Victoria, ciudad de la que fue regidor en 1895 y Primer Alcalde de esa comuna. En el verano de 1920 viajó por última vez a Linares. Aquí enfermó repentinamente a causa de una aguda diabetes, agravándose a fines de marzo. El día 27 cayó en una semiinconsciencia, en medio de la cual repetía una frase, que aseguraba haber oído a Prat: “Si llego a las doce, tengo ganada la batalla”. Falleció a las 12.15 del 28 de marzo de 1920, en la casa de Independencia 588, esquina Lautaro de Linares (recientemente demolida y donde incluso, por gestión del autor de estas líneas se había instalado una placa conmemorativa, hoy perdida).
Fue sepultado el 22 de marzo de 1920 en el Mausoleo del Ejército, del Cementerio General. El 7 de Mayo de 1976, sus restos fueron exhumados y trasladados a la Cripta de los Héroes de Iquique de Valparaíso, donde descansa bajo una lápida que estaba con nombre equivocado. Una gestión nuestra, permitió que la Armada corrigiera el error. Un monolito, en la Plaza de Linares, recuerda su hazaña.
Chile le olvidó y también Linares. En los reconocimientos efectuados a principios del siglo XX, su nombre fue omitido, lo cual debió ser rectificado por una disposición posterior. En 1949 el Presidente González Videla dispuso, por ley 9390, alzar un monumento en su memoria en la plaza de esta ciudad. El modesto monolito que hoy existe no compensa su hazaña.

JAIME GONZALEZ COLVILLE
ACADEMIA CHILENA DE LA HISTORIA
Prensa El Heraldo | Imprimir | 334
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