jueves 12 de diciembre del 2019
Dolar $771,29 | Euro $853,20 | Uf $28.290,78 | Utm $49.623,00
El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
Opinión 10-11-2019
Derecho a tener un nuevo perfil
“Tienes el perfil para ser juez”. Esa fue la aseveración con la cual todo comenzó. Claudio Cabello Olavarría, actual notario, conservador y archivero judicial en la Isla de Chiloé, fue quien lo dijo y registró esa sentencia para el recuerdo como ministro de fe: la convicción de lo que no se ve. Luego de conocer a muchos jueces, aún tengo dudas para descifrar cuál es ese perfil. Al menos para identificar qué tan cerca se está del perfil oficial, si es que lo hay.
Tener un perfil es tener ciertas cualidades que permiten identificar a un individuo o sujeto en un contexto de interacción social.
Es cierto, un perfil puede obedecer a un estereotipo, pero no por eso debe ser peyorativo o desechable como referente.
Luego de leer uno de los libros de Fritz Kahn (1888-1968), Infographics Pioneer, editado por Taschen, es posible reconocer que el médico alemán logró vincular la ciencia y ese anhelo de exploración con el arte en un ejercicio de autoexpresión, añadiendo el diseño como herramienta de comunicación y la arquitectura con el ingenio de un inventor. En efecto, fue un hombre que rompió el estereotipo del médico o científico solo dedicado a sus pacientes, el mundo académico o el laboratorio.
Esa vinculación entre el arte, la ciencia, la invención y el diseño es la que destaca Neri Oxman, arquitecta de origen israelí que ha roto estereotipos confirmando aquella sentencia de antaño que el vino nuevo debe estar en odres nuevos. Es por eso que a las nuevas generaciones les debiera resultar más connatural vincular nuevos conocimientos con otras disciplinas y expandir o romper moldes viejos.
El costo de romper los moldes o estereotipos, en un principio, suele ser la desconfianza y el rechazo, más si la perseverancia y los buenos resultados acompañan el esfuerzo: siempre inesperados y sorprendentes, pueden devenir en un nuevo perfil o referente. Un nuevo comienzo incluso para el ingenio organizacional.
Actualmente, el interés del Poder Judicial de acercarse a la comunidad es preponderante en su quehacer. Esto se sustenta dicen en que la invisibilidad de los jueces contribuye a la desconfianza, los mitos y la tergiversación del contenido de sus decisiones: por la ignorancia sobre su labor y los parámetros que la rigen. Acercarse a la comunidad implica, al parecer, que los jueces salgan del anonimato, para así no ser confundidos con fiscales o abogados. Es así como inexorablemente los jueces deben ocupar hoy un espacio visible en la comunidad, por ende, en los medios de comunicación; en otras palabras, exponerse deliberada y de forma natural es un nuevo derrotero: de allí que aparezcan jueces en Instagram, Youtube o Facebook explicando (no justificando) sus resoluciones, o dando charlas en algún colegio, participando en seminarios u ofreciendo alguna cuenta pública. La eficacia de estas estrategias son otro tema a ponderar.
En este ejercicio de exposición se espera que sean prudentes, que no es otra cosa que tener claros sus límites, lo que a su vez implica mantener cierta distancia, la suficiente y la necesaria para ser imparciales y, evidentemente, parecer imparciales.
Esta máxima se puede aplicar a todos los rasgos del perfil que se busque y enfatice, si se busca un juez sociable, tendría que ser y parecer sociable y un largo etcétera en la misma lógica del ser y el parecer. Advertirá que tener jueces sociables aboga a que no sean retraídos, y si se buscan jueces amables, se está contra los irritables.
Algunos reparan en que hay algo de marketing en este discurso o, dicho de otra forma, algo de autopromoción.
Otros sostienen que estamos insertos en una época ambigua y de confusión o, como señalan los más escépticos a cualquier cambio, soy malo siendo bueno o bueno siendo malo, época en la cual también impera la lógica del espectáculo: llamar la atención, sorprender y entretener, donde se rinde culto a la celebridad, de allí la advertencia: ¡cuidado!, no desperfilarse es un ejercicio de autocontrol, autogobierno o dominio propio. Pero una cosa es desperfilarse y otra muy distinta es explorar y explotar todo el potencial humano que un individuo puede manifestar. ¿Cuál es el límite entonces? Se sostiene que dependerá del contexto, el tiempo y las circunstancias: ya que los límites en el quehacer humano siempre son dinámicos, las fronteras admiten revisiones y su consecuente modificación.
El perfil de un juez responde a la expectativa de una sociedad, qué clase de jueces se quiere tener incide en los ministros que podrían llegar a ser: qué clase de liderazgos ejercerán, si es que logran convertirse en líderes al servicio de los demás. Porque dicen que el juez que no sirve… no sirve.
Los jueces de hierro son un estereotipo que anida en el imaginario colectivo (también se espera jueces de más edad). Pero no existen los jueces de hierro, solo de carne y huesos. No sé si usted ha visto jueces titubear, dubitativos, inseguros, irresolutos, imprudentes, temerarios, poco fiables, desconfiados, arbitrarios o irritables.
Lo que es yo, he visto jueces humanos, de carne y huesos que se hacen grandes, que crecen, que aprenden en algunos casos con dolor, que mueren sin estatuas, medallas ni cuentas públicas sobre su labor, jueces olvidados sin ton ni son. Jueces sin rostro, jueces de barro, pero con corazón de león.
El Poder Judicial vive un cambio de paradigma y aquí cobra sentido el derecho a tener un nuevo perfil: la configuración de ese perfil dependerá de renovar nuestro entendimiento: para odres nuevos, vino nuevo.
Y si la cabeza manda al cuerpo, la Corte Suprema, cual cabeza del Poder Judicial, dicta la pauta y da el ejemplo en el estereotipo que se establece y establecerá en la comunidad; de allí la importancia de reflexionar sobre el perfil de un juez, porque es sabido que si las mayorías se equivocan, las minorías también, y ambas posturas son capaces de forjar estereotipos errados. Hay ejemplos notables a lo largo de la historia, baste recordar los regímenes totalitarios. ¿Cree que esto es filosofía? Se dará cuenta que no si por alguna razón termina en la silla de las víctimas o de los acusados o algún ser querido lo experimenta en carne viva sin haberlo buscado.
Tengo claras solo un par de cosas, por ahora: 1) que el perfil evidente de un juez comienza con algo básico, amar la justicia más que al dinero lo que no implica que no defienda su sueldo, y 2) que esa justicia comienza en casa y termina en casa. Que otra cosa es con guitarra, y aunque es fácil criticar a un juez, es mejor que sepa dar fundamentos de su quehacer, ya sea en la radio, Netflix o en la internet, porque el riesgo de desafinar puede ocasionar que le quiten el micrófono y le impidan cantar.
El Quijote fue claro en aconsejar a Sancho respecto de las cualidades a las que como juez debía propender su perfil al administrar justicia. Así, advierte que: “Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia” (capítulo XLII, segunda parte, Don Quijote de la Mancha).
Quizás a más de alguien resulten profundos y contingentes los consejos que dio el manchego en 1615. Confirmando que nada nuevo hay bajo el sol o, dicho de otra forma, incluso lo nuevo es factible de renovar y todo nuevo modelo requiere un nuevo entendimiento.



Por Víctor Ilich
Prensa El Heraldo | Imprimir | 557
Publicidad 1
Publicidad 45