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El Diario del Maule Sur
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Opinión 02-12-2020
EGOLATRÍA, ARROGANCIA Y PODER, PELIGROSA TRÍADA SIEMPRE PRESENTE
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Cuando se junta esta tríada en una persona o grupo relevante en una sociedad, que tienen mismos vínculos en sus propósitos políticos, sociales, económicos y religiosos, sin respaldos éticos y morales, a través de la historia siempre ha sido una peligrosa amenaza y sus resultados han sido funestos en el desarrollo de los pueblos y de la paz social.
Un ególatra se caracteriza porque le cuesta respetar y valorar a las personas que se encuentran a su alrededor, así como, necesita que constantemente se le refuercen sus cualidades y habilidades que él considera que lo hacen importante o superior al resto.
Los especialistas establecen que puede tener ciertas carencias afectivas, incluso, hasta cierto desequilibrio mental, de allí que necesite verse y sentirse como el individuo que no es.
Se caracterizan por tener sentimientos de grandeza, una percepción exagerada de sus cualidades, necesitan ser el foco de atención, les gusta generar envidia, no les gusta recibir críticas ni las escucha, no entra en razón aunque todo el mundo le diga que está equivocado y les cuesta simpatizar.
Tiene un elevado concepto de sí mismo y se muestra complaciente en la contemplación de su ser, sus capacidades o sus actos y frente a los demás no se fija límites personales, pasando a llevar, en casi la mayoría de los casos, los derechos y dignidades de sus subordinados, especialmente cuando la democracia les ha dado la oportunidad de llegar a un alto cargo o ha sido nombrado en un cargo público o privado.
Por ejemplo, cuando una persona que realiza una determinada tarea grupal o en equipo, exagera sus propios logros, no valoriza de la misma manera el trabajo, las capacidades y las cualidades de sus compañeros.
“Muéstrame una persona sin ego, y te mostraré a un don nadie” (Donald Trump), sin considerar que cada persona tiene su dignidad y valoración por ser persona y eso no la hace un don nadie.
Napoleón decía que: “Cada cadete lleva en su mochila el bastón de mando de general”, y con eso los consideraba a todos como posibles, en sus metas de su carrera militar, por sus méritos y no por su ego. Uno desprecia y el otro valora e incentiva.
Asimismo, en muchas ocasiones se vincula a un ególatra con el poder y dinero.
Como ejemplo, se pueden mencionar diferentes nombres de personas que han estado en el poder de un imperio o una nación y que han sido calificados como ególatras o narcisistas.
En las relaciones sociales que establece este tipo de personas son para aprovecharse de los demás, alcanzar sus objetivos y reclamar derechos por encima de los otros. De esta forma, suelen mostrar actitudes de envidia, arrogancia y prepotencia.
Cito a Benito Mussolini como ejemplo y que sus seguidores fascistas, aún lo añoran para instaurar sus políticas.
La arrogancia y la soberbia son rasgos de este tipo de personalidad.
Estos rasgos son de tipo instrumental, es decir, orientados a metas y objetivos individuales, pero dificultan las relaciones interpersonales y la calidad de éstas. La arrogancia y la soberbia generalmente, pero no únicamente, pueden identificarse en entornos laborales, en el mundo empresarial y político, ya que, una sociedad muchas veces subordinada, ampara e incluso fomenta estas cualidades asociándolas al liderazgo y al éxito.
Además, estas características son propias del perfil de personalidad narcisista: Carencia de humildad, competitividad sin escrúpulos, creencia de superioridad, actitud arrogante, egocentrismo, incapacidad de autocrítica, excesiva preocupación por el éxito y su imagen de cara a los demás, carencia de empatía, egoísmo, maquiavelismo en sus negocios sin importar si son ilícitos porque todo lo compra con el dinero y un uso magistral de los sofismas para demostrar la “corrección” de sus actos.
¿Es la aparición de políticos, con estas características, la versión contemporánea de “Ricardo III”, del poder, la arrogancia y egolatría?
“Ricardo III” es una tragedia de William Shakespeare, la última obra de su tetralogía sobre la historia de Inglaterra. Después de Hamlet, es la pieza más larga del dramaturgo. La obra se sitúa en el reinado de Ricardo III de York, derrotado en la batalla de Bosworth en 1485, donde al monarca se lo describe en un tono negativo.
¿Qué es lo más difícil de entender de Ricardo III?
No hay nada difícil de entender en él. Es un personaje que solo busca el poder y cree que para conseguirlo vale absolutamente todo. Para nuestra desgracia, eso es lo que le hace más actual: el mundo está lleno de Ricardos y que a muchos les es difícil asumir que existen y a otros tantos, es doloroso convivir con ellos.
Ricardo es una exaltación del mal, una advertencia que nos hace Shakespeare, que nos muestra la encarnación de la maldad absoluta y nos pregunta: ¿Cuán lejos o cerca estamos de este tipo de personajes?
“Un personaje ególatra, narcisista, con ninguna empatía hacia el mundo ni hacia ningún otro ser humano, que prefiere incluso su propia destrucción al fracaso. En casos como este, uno trabaja con muchas referencias, por eso en este Ricardo III hay cosas de personajes de ficción, como el Joker, e imágenes, gestualidad o ideas de personajes vivos como Donald Trump y Bolsonaro. También hay cosas de Hitler o hasta de Charlotte.
No hay nada difícil de entender en él. Es un personaje que solo busca el poder y cree que para conseguirlo vale absolutamente todo. Para nuestra desgracia, eso es lo que le hace más actual”: Israel Elrejable, actor, protagonista de la obra contemporánea “Ricardo III”.
“Hubo un reyezuelo, en un reino en los confines del mundo, donde sus cohortes trataron de vestirlo de impunidad y los jóvenes y el pueblo demostraron que estaba desnudo de valores”.
Winston Churchill nos previene. “Los arrogantes que alardean saber todo y de todo “Tienen un mar de conocimientos con un centímetro de profundidad”.
Sacrificar la decencia política por la arrogancia es darle alas al abuso y corrupción e hipotecar el futuro dominado por el caos.
Si le agregamos los anti valores de la corrupción e impunidad a estos personajes, tal vez, Ud., querido lector esté reflexionando que pronto podamos caer en un mundo indeseable, invivible y frustrante que nos lleve al caos y a la Distopía, la cual está más cerca que la Utopía, que se nos aleja cada vez más para alcanzar un país digno, justo, bueno y verdadero, a la luz de los malos ejemplos y experiencias sociales que ya estamos viviendo.

Carlos Cabezas Gálvez Escritor y ensayista
Prensa El Heraldo | Imprimir | 1397
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