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El Diario del Maule Sur
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Crónica 14-03-2018
El mito de la piocha de O´Higgins
Un curioso diálogo entre la Presidente Bachelet y el entrante gobernante Piñera, reveló cuán distantes estamos de nuestras verdades históricas. Se preguntan ambos personeros sobre la estrella símbolo aparente del poder. La Presidenta dice que supuestamente “se perdió en 1973”, el mandatario entrante, comenta que “se debe buscar”.
O’Higgins, es conveniente tener claro, para empezar, que nunca usó banda tricolor. Su único retrato con informe militar de gala, hecho por Gil de Castro en 1822, lo muestra ciñendo una banda azul, símbolo del poder que es utilizada hasta hoy por la dinastía de los Borbones. Tal como lee. Sólo podía ser usada por la realeza. Los Gobernadores, como Osorio y Marco de Pont, vestían una banda roja. No olvidemos la admiración de nuestro prócer por las instituciones monárquicas, al extremo de intentar traer un príncipe de Inglaterra para gobernarnos. La primera banda presidencial tricolor, por lo demás, la usó Joaquín Prieto en 1831.
Algo más, en la Declaración de Principios de la Independencia, expresa que se separa de España, pero no de sus usos.
El cuadro de José Antonio Caro, donde O’Higgins se despoja de una banda tricolor al abdicar y la reciente estatua inaugurada frente al municipio de Talca, donde aparece con ese símbolo, es, en consecuencia, erróneo.
La comentada piocha de O’Higgins es también herencia monárquica. Obsérvese los retratos de los diversos reyes de la dinastía hispana y la citada estrella aparece en todos los uniformes hasta hoy. Simbolizaba, entre otras cosas, el poder militar. El Presidente Salvador Allende la utilizaba para recalcar su condición de generalísimo de las fuerzas armadas. Cada vez que debía presidir una ceremonia castrense, la portaba en su lado izquierdo. En más de una oportunidad la mostró a corresponsales extranjeros como prueba de la subordinación de las fuerzas armadas. La mañana del 11 de septiembre de 1973 la puso en su chaqueta de gamuza al salir de Tomas Moro rumbo al Palacio Presidencial, pero cuando se convenció que las acciones eran irremediables, la arrancó y tomó un casco y una metralleta para combatir, como se ve en una difundida imagen de ese día.
En consecuencia, la famosa “piocha” de O’Higgins jamás fue parte de la indumentaria del prócer, ni la banda presidencial tricolor. Todo es leyenda, tradición, como Ud quiera llamarlo.
El sillón de O’Higgins es otro mito. El prócer, tras derrotar a los realistas en Chacabuco ocupó Santiago y se instaló en el Palacio de Gobierno (hoy Museo Histórico), tras ser designado Director Supremo por un grupo de ciudadanos y utilizó el mismo curul de los gobernadores hispanos. Pero si alegóricamente se quiere hablar del primer sillón presidencial correspondería decir “El de José Miguel Carrera”, quien inaugura la galería de gobernantes que rompieron decididamente con España. El sillón es herencia indudable del trono hispano.
Los diálogos presidenciales del cambio de mando sobre el tema, los paneles de historiadores que vimos en esa televisión esa noche, demuestran que seguimos sin profundizar en nuestro pasado.
Lamentable.


JAIME GONZALEZ COLVILLE
Academia Chilena de la Historia
Prensa El Heraldo | Imprimir | 566
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