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El Diario del Maule Sur
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Opinión 27-11-2020
ESTAMPAS DEL VIEJO CHILE
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Estoy en Abranquil en una tarde de este verano ventiscoso. Visito a Luís Valentín Ferrada por un libro que tenemos entre manos. Por años hemos endilgado sueños y proyectos, a veces cosiendo éxitos y otras veces hilvanando fracasos. Un té en su biblioteca y conversación entre papeles y notas. Hay que congeniar dos estilos de pluma para lo que perpetramos ahora. Todo ello salpicado de alguna broma o una anécdota del momento.
Atardece cuando hemos salido a los seculares corredores de la enorme casona, solitaria, patriarcal, de ladrillos que conocieron los pasos de muchas generaciones familiares, silenciosos como un gran convento, quizás con ecos de voces de otras edades.
En el frondoso bosque de eucaliptus centenarios, oliente a flores, he aquí, de pronto, que desde el fondo del agreste patio, viene un jinete. Viste la manta parda y el sombrero envejecido de nuestros hombres del campo. Su tardo caballo responde con parsimonia a los requerimientos de las riendas. Se detiene respetuoso ante nosotros y dialoga brevemente con Luis Valentín. En su voz hay una firme pero humilde respuesta, seguida de un “sí, patrón”. Observo su fisonomía, que he visto desde niño. Prodigiosamente se abren las páginas de Mariano Latorre en el recuerdo: “On Panta”, o “Vientos de Mallines”, vuelven a vivir en este instante mágico de Abranquil. Son los mismos aperos, la montura de duros pellines, los estribos, toda esa indumentaria que Latorre observó y dejó pintados para siempre por su pluma nunca envejecida.
Escucho la conversación: patriarcal y acogedor Luis Valentín, con respetuosa dignidad el jinete. Un zorzal pía entre los árboles de ramajes frondosos. El instante puede ser de ahora o de 1920. Por un segundo el tiempo de todos los tiempos parece volver a vivir. Es la personificación de los huasos que campean en los cuentos criollistas, pero se hace realidad en este momento no buscado ni creado, sino que emergido desde los recuerdos de nuestra niñez o de las lecturas emotivas de los narradores costumbristas de las letras de la patria.
Una recomendación de Luis Valentín, el jinete asiente. El caballo cabecea y su dueño afirma las riendas. Se despide y pasa frente a nosotros. Su figura gastada se recorta contra el atardecer rural mientras cruza por el ancho portalón de la hacienda. Jinete y cabalgadura, sin saberlo, han salido del pasado y ahora parecen disolverse de nuevo en el antaño.
¿Cuánto tiempo más tendremos la mágica ocasión de encontrarnos con estos antiguos frisos de ancestrales pinceles? No hay duda que irán desapareciendo en el tiempo, como se esfumaron las carretas con bueyes, las carboneras (cada vez más escasas) o las mulas cargadas de cochayuyos.
Me despido de mi amigo y vuelvo a Villa Alegre en automóvil. Pero ya no encuentro al jinete en el trayecto. Se ha disuelto entre los arreboles de esa tarde. Tal vez llegó cabalgando desde el fondo del tiempo y, mágicamente, ha vuelto hacia él.
El crepúsculo sigue envolviendo el paisaje..


JAIME GONZALEZ COLVILLE
Academia Chilena de la Historia
Prensa El Heraldo | Imprimir | 452
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