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El Diario del Maule Sur
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Opinión 17-04-2018
La esclavitud de las redes sociales
¿Desea usted conocer la vida y milagros públicos y privados de fulano, sutano o mengano hasta en sus más íntimos detalles ?...
Basta con ‘googlearlo’. El nuevo verbo de moda. ‘Yo googleo’… ‘tú googleas’… ‘él o ellos googlean’…todos “googleamos”. En la nube etérea universal encontrará usted todo lo que busca. Y, si algo faltara, existen varias redes sociales alternativas que, en cosa de segundos (si Entel no falla con su ‘señal’ , como efectivamente falla), dispondrá usted de los antecedentes más abundantes acerca del ‘buscado’.
La vida privada de todos nosotros dejó de existir y, hoy por hoy, viajamos por la vida enteramente desnudos. Con todas nuestras miserias, errores y pequeñas virtudes a la vista de la gran plaza pública. (La Plaza pública ya no es, como usted quizás todavía cree, aquella del centro de la ciudad. La Plaza pública del mundo se llama internet).
Gracias a la teoría de la transparencia digital nos encontramos como en el Valle de Josafat. Es decir, piluchos de pie a cabeza, listos para enfrentar el juicio final... pero no ante el Tribunal Divino sino aquí, en la tierra, con las redes sociales constituidas en jueces supremos. De esta exposición no se salva ni el Papa.
Cuenta una antigua fábula acerca de un Rey idiota y farsante que fue convencido por unos sastres pillos, vendedores de telas, para que de acuerdo a su alta dignidad se vistiera con unas telas tan finas y lujosas que, por la misma finura de sus hilos, resultaban transparentes.
Al rey, idiota y farsante (que al fin es una misma cosa), fue cosa fácil y rápida el convencerlo. Preparado que fue el fino traje transparente, salió el rey idiota a lucirse por las calles, seguro de que sus siervos le admirarían. El pueblo, al observarlo, reía a carcajadas burlándose del Rey ante tan extraña situación. Hasta que un niño ingenuo se acercó para preguntarle : - ¿Majestad, por qué ha salido a la calle desnudo provocando el desprecio de su pueblo ?...
Recién en ese momento el rey idiota se dio cuenta del engaño atroz al había sido arrastrado. Corrió entonces despavorido de regreso a su palacio, del que no volvió a salir jamás porque su vergüenza fue eterna.
Entre nosotros – digamos que ingenuamente - unos ciertos políticos místicos han elevado ‘la transparencia’ a la condición de virtud social mayor; y, con cargo a dicha pretendida virtud, auxiliados por los archivos infinitos de las redes sociales, tienen a todas nuestras autoridades marchando desnudos por las calles, mientras los ciudadanos indignados se burlan de ellos y los degradan. Así comienzan todos los desordenes y anarquías sociales.
Como no existe ni existirá ser humano en este mundo que no tenga sus correspondientes llagas (a menos que todos seamos reemplazados por robots e inteligencias artificiales, y aún esto es muy dudoso); y, como ni aún los santos pueden exhibir hojas de vida en la que no se registren las luces y sombras de toda existencia; al paso que vamos no quedará entre nosotros nadie que pueda asumir un puesto de autoridad, ni aún la más pequeña.
Desnudos, todos podremos ser denigrados uno a uno frente a los demás y, ante nuestras propias familias y grupos de amistad. Como los archivos y las redes sociales no perdonan, no olvidan ni borran, la deshonestidad será la regla general, y de los principios de la buena fe, la confianza y la inocencia, no quedarán ni las cenizas.
Hipocresías aparte, debiera comprenderse que todos hemos cometido en nuestras vidas muchos errores y faltas. Todos hemos hecho el bien y también el mal. Todos hemos actuado correcta e incorrectamente. Todos después de una larga vida llevamos marcadas en nuestros cuerpos las cicatrices de nuestras propias heridas y, en el alma, el dolor del recuerdo de sus dolores. No existen los seres perfectos e inmaculados. Apenas si existen los humildes arrepentidos de sus grandes yerros.
Nadie se dio cuenta a tiempo que las redes sociales transparentes serían las cadenas con que se ataría a la humanidad a la mayor y más cruel de las esclavitudes conocidas en la historia. La esclavitud de saberse registrado públicamente hasta en lo más íntimo, desposeídos de toda vida privada y con la dignidad personal constantemente amenazada, desnudos de cara al mundo.
Quizás si la pobreza de nuestros ciudadanos más modestos o débiles, sin conocimiento ni acceso a las redes sociales gracias a la misma humildad de sus vidas, les tenía reservada una gracia envidiable para estos tiempos preñados de orgullo y soberbia : como estas personas no interesaban a las redes sociales ni participan en su telaraña, los más desposeídos son al día los más libres y dignos que viven entre nosotros. Curioso y admirable: los pobres son de hecho, en el mundo contemporáneo, las únicas personas verdaderamente libres.
¡¡ Justicia Divina…!!

Luis Valentín Ferrada
Prensa El Heraldo | Imprimir | 154
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