lunes 15 de agosto del 2022
El Diario del Maule Sur
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Opinión 05-07-2022
¿ QUÉ HABRÁ SIDO DE NUESTRO AMOR A LA PATRIA ?
Hubo tiempo no lejano cuando el amor a Chile – nuestra Patria – orientó los sueños, anhelos y pasos de una mayoría inmensa de nosotros. Tiempo en el cual nos llamábamos unos a otros “compatriotas”.
Desempeñaban entonces, en este avivar ardiente del fuego de este sentimiento, en primer lugar la mujer chilena. De modo especial las madres de nuestros hijos, cuyo reinado en el hogar familiar encontraba su fundamento en el hecho que eran ellas las transmisoras por excelencia de los valores morales y culturales de las nuevas generaciones.
A nuestras mujeres les seguían como vigías del fuego espiritual del patriotismo nuestros maestros y profesores, mujeres y hombres. Aún en la más humilde Escuela Pública primaria, ubicada en el más distante rincón rural del país, el patriotismo era cuanto más se exaltaba como virtud personal y social. Los textos de estudios, los actos civícos de los alumnos, los poemas que se declamaban, las canciones que se entonaban y,por sobre todo, el ejemplo de abnegación, desinterés y altruismo de maestros y maestras, dejaban sentir el amor a Chile a flor de piel.
Nuestros soldados – quizás hoy , los últimos que pronuncian la palabra “patriotismo” sin ruborizarse – ponían de su parte lo mejor de lo suyo. Entre civiles, el patriotismo encarnaba profundamente en nuestro pueblo campesino que, en su natural sencillez de costumbres, nunca se aficionó por andar “ojeando” ni “copiando” a lo extranjero.
En fin, de un modo u otro, cada quien realizaba sus oficios, labores, profesiones, “haciendo Patria” en sus quehaceres.
A veces, bajo circunstancias adversas o desafiantes, la pasión por la Patria escalaba en los ánimos populares hasta grados muy altos, y “el me duele Chile” se transformaba en un clamor popular que en el alma gritaba “me llama la Patria”.
A ese llamado, sin pensarlo dos veces, acudían presurosos todos. Por puro patriotismo. Es decir, sin esperar ni buscar nada para sí. La Patria (o la Matria que también podríamos llamarla así, con mejor justicia) guiaba, orientaba, mandaba y exigía.
A la Patria no se le faltaba el respeto, ni se la difamaba, ni se le exponía a vergüenzas ni deshonras. A la Nación no se le robaba, ni se hacía negocios con ella. Se la cuidaba como a la madre de todos; y ante una eventual ofensa o agresión, el pueblo chileno reaccionaba como un solo hombre y mujer, altivo, enérgico, seguro y digno.
Pero en algún momento fatal - un día aciago - esa virtud comenzó a declinar. Primero debió ser el olvido (como siempre sucede) y luego hubo de venir la sustitución de lo olvidado por otras ideas extranjerizantes, originadas en otros intereses, ajenos y contrapuestos con los nuestros y , por cierto, causa de grandes perjuicios.
La solidaridad y lealtad entre compatriotas mutó entonces por el individualismo ciego - materialista liberal - y la competencia despiadada entre unos y otros chilenos se hizo regla común ; la unión entre todos los chilenos cambió por la fractura incurable de la que sufrimos; el cuidado por los bienes nacionales fue substituido por la tendencia a convertirlo todo en un “negocio” para los bolsillos más pillos o avispados; el respeto se transformó en agresión; el valor de nuestras tradiciones se abandonó por las modas internacionales; el orgullo por construir un Chile grande y venerado devino en desprecio vergonzante.
Nuestros sueños, anhelos e ideales nacionales los canjeamos por copias foráneas grotescas, incultas y vulgares. Entregamos nuestra primogenitura por un plato de lentejas. Perdimos nuestro buen espíritu, lenguaje y hasta nuestro modo de andar.
“ Y … ¿ qué fue del amor que me juraste? ... ¿qué fue del cariño que te dí?...”



Luis Valentín Ferrada V.

Freddy Mora | Imprimir | 268