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El Diario del Maule Sur
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Opinión 21-09-2019
¿Sabía Ud. por qué es interesante el libro “Así escribo”, de Mario H. Villagrán Pinochet?
El autor no se complica ni complica al lector. En sus 100 poemas lo hace con un constructo romántico que en la música se encuentra en los más bellos boleros.

Lo que le interesa es el compartir una variada gama de vivencias, de sentimientos, de sueños, imaginación, evocaciones, todas ellas que más de alguna vez en su vida ha experimentado cualquier persona, ya sea en la dimensión del gozo, la nostalgia o el sufrimiento.

En sus poemas se aprecia la “magia del paisaje”, el asombro, el tiempo, las irreparables pérdidas, lo divino y lo humano, lo vivido, lo pasado, lo que se hizo, lo que se pudo hacer y no se hizo, lo que la vida entrega como experiencia, como enseñanza –a veces tardía-, pero siempre esperanzadora donde la ilusión vuelve a renacer.

“Así escribo” es prácticamente un testimonio de vida en donde nada es indiferente, donde lo cotidiano adquiere las dimensiones que llevan a la admiración. “Así escribo”, es entender de alguna manera, el no conformarse con lo que sólo se ve, sino con lo que ello implica… lo que ello significa. Sólo así se vive plenamente la vida. El autor es un soñador, de los que faltan: quijotes de la vida en busca de justicia e ideales. Dice: “yo no hago poesía del poeta, no soy docto, ni sé de la materia, interpreto sueños ilusiones y quimeras”. No pude dejar de asociarlo a una película que vi hace algún tiempo (El vendedor de sueños, autor Augusto Cury), en cuanto a que ambos buscan a contra sensu que lo normal es lo saludable, lo sereno lo tranquilo… la armonía… y así llegamos a la poesía para hacer de ella un modo de vida.

Es interesante el texto, porque el mundo necesita poetas, soñadores irreverentes, que ajenos a los intereses egoístas buscan caminos nuevos dentro de sí, y la realidad circundante la aprecian con una nueva mirada, llevando consigo el equipaje de lo vivido y lo aprendido.




Destaco de sus poemas “Dejaste tantas cosas” y “Volverás” las siguientes líneas: “aquellos que jamás han amado del todo y sólo se dedican a existir” y “lamentando siempre existir y no vivir”, ya que hay muchos que sólo existen, pero no viven y, lo peor de todo, es que no se dan cuenta.

Finalmente, termina con un epílogo que es también muy personal y que lo identifica plenamente.



¡Es mi palabra!

GASPAR DOYLE
Prensa El Heraldo | Imprimir | 242
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