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El Diario del Maule Sur
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Opinión 27-06-2020
¿Sabía Ud. por qué es interesante el libro “Padres apologéticos griegos”, U. Salamanca?
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La fe, virtud típicamente humana. Esperar contra toda esperanza. Modo de vivir cotidiano, atendido a que con ella aceptamos que lo que nos dice el otro es verdad, ya sea nombre, domicilio u otro asunto diverso, creemos lo que nos relatan los textos de historia… etc. Sin embargo, hay dimensiones de la fe que apuntan a lo cósmico, a lo espiritual, a lo metafísico. Por esta última es por donde transitan en el siglo II d. de C. estos apologéticos, que son: Arístides, Justino, Taciano, Atenágoras, Teófilo y Hermias.

Lo interesante de todo esto, es que ellos convencidos de una determinada verdad que comprometía positivamente de una forma completa la existencia humana y su diario convivir, la difundieron no en un lenguaje evangélico, sino más bien filosófico. Tarea, sin duda, no exenta de dificultades, toda vez que lo hacían en una sociedad que poseía arraigadas costumbres, creencias, cosmovisiones, y estructuras que las mantenían y regían sus vidas. En consecuencia, era enfrentarse por primera vez, con la convicción de estar en lo cierto con los más altos poderes del mundo de la época que parecía hostil ante lo nuevo. No era menor, ya que identificarse con la defensa y propagación de estas nuevas ideas nacidas de las enseñanzas evangélicas, equivalían poco menos que la firma de la propia sentencia a muerte o al martirio.

En la obra, entre otros, contempla un tratado íntegro –notable por cierto- , sobre la resurrección de los muertos, tema que más duramente afectaba a la razón helénica de ese tiempo. Aparece también un profundo concepto de Dios, del alma humana y el cuerpo como unidad. Otro sobre la verdad, sobre la existencia, lo adecuado y lo conveniente, la duda, la materia y el espíritu y, muchísimo más.

Como acercamiento al contenido del texto cito un breve trozo: “Si por ser revelación de la verdad de Dios, la fe se nos impusiera con la fuerza de la luz al ojo sano y abierto o con la del estampido del trueno al oído, la fe no necesitaría defensa de ninguna clase, pero es porque habría dejado de ser una pura esencia y valor del espíritu y pasado a ser naturaleza o fenómeno físico. Si los preceptos del sermón de la montaña nos atrajeran con la fuerza con que un pedazo de carne al can hambriento, tampoco tendríamos necesidad de una apología de la perfección evangélica”.

En sus 1006 páginas del libro, regala múltiples enseñanzas, que aunque han pasado muchos años, no por ello han perdido su valor.





¡Es mi palabra!

GASPAR DOYLE
Prensa El Heraldo | Imprimir | 221
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