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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 01-07-2020
_a cien años de su designación como candidatopresidencial
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El domingo 25 de abril de 1920 se consagró la candidatura presidencial de don Arturo Alessandri. En esa época, los partidos que conformaban una alianza (en este caso la Alianza Liberal) efectuaban una convención, donde votaban todos los adherentes por el hombre que debía representarlos.
La Alianza en referencia la integraban los radicales, liberales de avanzada y democráticos. A la convocatoria concurrieron unos dos mil doscientos integrantes de los diversos partidos y el acto se realizó en el edificio del Congreso Nacional durante todo el día 25 de abril de aquel año 20.
Antes de realizarse esta asamblea, que eran memorables por las pugnas, presiones y todo tipo de acciones que realizaban los partidarios de uno u otro sector, se comentaba que los nombres que se perfilaban eran los de don Eliodoro Yáñez y Arturo Alessandri.
El de mayor presencia era Yáñez. Por sus vastos conocimientos jurídicos, dueño del influyente diario La Nación y, por su ascendiente social, parecía aconsejable para encabezar aquel momento crítico del país, debido a la urgencia de reformas sociales y del estado. Como hombre ponderado, de amplias relaciones, no causaba temores ni inquietudes a los adversarios.
En los días previos, realizó una gira por el sur del país, donde se granjeó las simpatías de quienes lo escucharon por su palabra culta, sus ideas claras y amplio espíritu.
Pero el Partido Radical, a través de Juan Antonio Ríos, invitó a Alessandri a Concepción, donde deslumbró por su elocuencia ágil, su programa de gobierno más agresivo y las ideas reformistas. Desde Concepción recorrió otras localidades. El nombre del tribuno de Longaví prendía en el alma del país.
LA CONVENCION PARA ELEGIR CANDIDATO
El 25 de abril de 1920, como se ha dicho, se efectuó la convención para elegir al candidato de la Alianza Liberal. El acto fue presidido por Armando Quezada Acharan. Para todos, incluido Alessandri, era notorio que don Eliodoro Yáñez aparecía como favorito. En la primera votación se resolvió hacer un saludo a la bandera y se aceptó que los partidos votaran por sus presidentes. De esta forma, Alessandri logró 407 votos, Eliodoro Yáñez 102, Armando Quezada, Presidente del Partido Radical, 30, José María Valderrama, del Partido Liberal 42 y Artemio Gutiérrez del partido democrático 42 y Enrique Mac Iver, radical, 294.
Se dispuso de inmediato la segunda votación entre Alessandri, Yáñez, Quezada y Mac Iver.
Don Arturo, sintiéndose derrotado, toda vez que supuso que los votos de sus contendores irían a Eliodoro Yáñez, resolvió abandonar el recinto del Congreso y dirigirse a su casa. Cuando salía, oyó el comentario de Yáñez y Malaquías Concha quienes expresaban que ya Alessandri “había dado el máximo de sus votos” y pedirían postergar la elección definitiva para el día siguiente.
Como si lo anterior no fuera suficiente, al salir, vio desplegarse un amplio cartel con la leyenda “Secretaria del Candidato Eliodoro Yáñez”.
Estaba en su casa, en la Alameda, cuando sintió voces y sonar reciamente la campanilla de la puerta. Acudió a ver el causante de ese alboroto y se encontró con una multitud que prácticamente lo llevó en andas al local del Congreso. El resultado de la votación había sido sorprendente: 801 votos para Alessandri, 261 en favor de Eliodoro Yáñez, 108 para Armando Quezada y 50 para Mac Iver, siendo ésta la mayor sorpresa.
“YO SOY UNA AMENAZA”
Aún sin recuperarse de su asombro, Alessandri llegó hasta el edificio del Congreso acompañado por la muchedumbre que, sin mayores miramientos por lo respetable del lugar, subió al ya electo candidato sobre la mesa de la presidencia. Desde allí, y ante un silencio casi sepulcral, don Arturo dijo las palabras que marcarían su camino a la Moneda:
“Ha sido costumbre – dijo – oír a los que han tenido la satisfacción de alcanzar el honor que ahora vosotros me discernís que no son una amenaza para nadie. Mi lema es otro:
Quiero ser una amenaza para los espíritus reaccionarios, para los que se resisten toda reforma justa y necesaria.
Yo quiero ser una amenaza para los que se alzan contra los principios de justicia y de derecho.
Quiero ser una amenaza para todos aquellos que permanecen ciegos, sordos y mudos ante las evoluciones del momento histórico presente”.
(Parte de este discurso quedó registrado en una grabación, que fue posteriormente restaurada.)
Ya era candidato a la Presidencia de la República por la Unión Liberal. Pero la senda no sería fácil. Lo comentaremos en los próximos artículos.


JAIME GONZALEZ COLVILLE
Academia Chilena de la Historia
Prensa El Heraldo | Imprimir | 551
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