domingo 20 de mayo del 2018
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El Diario del Maule Sur
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Opinión 13-02-2018
A PROPOSITO DE LA CASA USHER
Alejo, era un huésped cercano a la familia, que temporalmente estaba en nuestra casa, tenía por costumbre ver televisión hasta avanzadas horas de la noche. En estas circunstancias le aconteció un hecho que lo hizo cambiar radicalmente de hábito. No sé con certeza, cuál era el programa o película que estaba mirando; cuando de forma repentina y de golpe se abrieron las dos manos de la puerta de roble, que accedía al pasillo de calle de la vivienda, correspondiendo a la parte antigua de ella, luego esta puerta se cerró de nuevo.
Atónito, por decir lo menos, permaneció nuestro familiar, junto a él, el guardián de casa también quedo paralogizado de espanto, ya que, no había presencia humana que activara dicha puerta. Cada uno de los presentes en este fenómeno, sin causales visible, emprendieron la huida de la escena del acontecimiento, uno debajo de la cocina a leña y el otro a la cama; dos refugios instintivamente seguros para su integridad física.
Al día siguiente, Alejo nos relató lo acontecido, sumamente aterrado y alterado por este hecho paranormal, según él. Los comentarios que se hicieron, relacionados con el tema, en nada contribuyeron a distender la situación, todo lo contrario, la tornaron más tensa. Esta casa la compró mi mamá con mucho sacrificio, por lo tanto, la quería demasiado -comenté al respecto- y siempre se han escuchado ruidos en ella.
- Lo que cabe hacer, en este caso, es presentar una demanda por daños y prejuicios psicológicos a los tribunales superiores contra los espíritus, fantasmas u otros entes endoplásmicos, que resulten responsables- fue mi irónico comentario.
A consecuencia de lo acontecido, nuestro huésped, gestionó su finiquito de trabajo y se fue al norte, donde se presentaban otras perspectivas mejores de laburo y sin expe-riencias aterrantes asociadas.
Alejo se alejó de nuestra casa Usher, la que en la práctica realizó un desalojo sin recurrir a los tribunales de justicia, puesto que, este allegado condicionaba nuestro ritmo de vida; así lo estimó nuestra morada con su casual portazo.

AUTOR: Luis Maureira Valen¬zuela
Micro Taller Literario COSAM
Prensa El Heraldo | Imprimir | 237
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