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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 07-06-2019
Aquel tornado sobre Linares…y algo más
En reciente edición de “EL HERALDO” disfruté una amena Columna que hoy me impulsa a hilvanar también algunos recuerdos. Bien dicho está que un “tornado” se abalanzó sobre nuestro Linares un lejano 27 de Junio de 1962, hace nada más y nada menos, 57 años a punto de cumplirse en días próximos.
Por algunas circunstancias recuerdo con precisión la fecha y también algunos estragos, como los que señala la Autora de aquella Columna. Para qué decir la conmoción que afectó a los habitantes de esta Villa “de Linares” (nombre que literalmente precisa mi amigo Jaime González Colville) y los consiguientes daños de aquel fenómeno de la naturaleza que, como otros, cuando menos esperamos nos recuerda nuestra frágil condición humana.
Por esos tiempos había “una Colonia linarense” estudiando en la Universidad de Concepción, grupo del que yo formaba parte, porque el destino geográfico natural por su creciente prestigio, era aquella Casa de Estudios Superiores para los jóvenes “bachilleres” desde esta Región del Maule hacia el sur.
El mismo día corrió veloz la noticia y aquellos muchachos universitarios, sin las expeditas redes sociales de hoy, pudimos comunicarnos a la brevedad posible con nuestros familiares en Linares. Yo lo hice con Mi Padre -¡cómo olvidarlo!- quien me tranquilizó sin ocultar el susto y preocupación. En su caso personal, porque “el tornado” pasó ´con violencia inusitada causando daños, como se ha dicho, en el Instituto Politécnico, a sólo cuatro cuadras de distancia de nuestra inolvidable casa familiar de calle Manuel Rodríguez, a la vez que en el Hospital Base, a media cuadra del lugar de trabajo de Mi Viejo, donde tantas veces lo fui a buscar cuando venía a Linares en mis fines de semana y vacaciones.
La verdad es que, en menor escala, los linarenses heredábamos un “susto colectivo” desde hacía dos años, cuando en Mayo de 1960 gran parte del territorio había sufrido el terremoto que, sin misericordia, azotó a Concepción al amanecer del 21 y al día siguiente, a media tarde, hizo lo propio con Valdivia dejando una secuela de destrucción y pérdida de vidas humanas impresionantes.
Recuerdo que en ese lapso intermedio de dos años, entre el terremoto y el tornado, sucedieron en Linares dos hechos importantes que contribuyeron a distraer y consolar en parte nuestros pesares, como lo diré a continuación en orden cronológico.
El primero, ocurrió el mismo año del terremoto, cuando llegó a Linares una Cruzada a nivel mundial que realizaba la Iglesia Católica, a través de “El Padre Peyton”, denominada “El Rosario en Familia”. Con especial nitidez aún diviso el altar instalado en el portal de nuestra Iglesia Catedral y, delante suyo, una multitud de fieles y otros no tanto, todos con el Santo Rosario en mano rezándolo de viva voz porque, como dice un antiguo proverbio, “el miedo es cosa viva”….y a poco tiempo del terremoto, tal sentimiento invadía a “moros y cristianos”, como más de algún linarense, tanto o más viejo que el autor de estas líneas, bien podrá recordar.
Y el segundo, sucedió al año siguiente del terremoto, cuando Linares fue felizmente “invadido” por cientos de voces que acudían al Festival Internacional de Coros, incluidos ·”Los Niños Cantores de Viena”, fruto de un esfuerzo colectivo. La Estación de Ferrocarriles, las calles, algunos Colegios, el Teatro Municipal y nuevamente el frontis de nuestra Iglesia Catedral, se inundaron de Cantos y hermandad que contribuyeron a consolidar la esperanza en días mejores, después de la tragedia nacional del año anterior.
Hubo muchos forjadores de ese inolvidable Encuentro, que hoy simbolizo en el Presbítero Jesús González, Director del Coro Polifónico de Linares, Grupo que escribió páginas inolvidables en la vida cultural de nuestra ciudad. Y en la Comisión Organizadora en Oscar Lafuente, años antes primer Regidor Falangista en Linares y a Héctor Taricco, años después Intendente de esta Provincia.
¡¡Uff..!! a estas alturas me doy cuenta que “aquel tornado” que cruzó Linares el 27 de Junio de 1962, me llevó a hilvanar otros recuerdos y alcanzo a detenerme antes del Mundial del mismo año que nos mantuvo en la ilusión y el jolgorio durante un mes.

(Carlos Hormazábal Troncoso, Abogado)

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