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El Diario del Maule Sur
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Opinión 13-08-2017
Creer es confiar y arrojarse a la tormenta de la vida con confianza Domingo, 13 de agosto del 2017
El Evangelio nos plantea hoy el tema de la fe. Y lo hace de una forma muy gráfica, con un ejemplo que todos podemos entender. Creer se parece, de alguna manera, a salir de la seguridad de la barca y arrojarse al agua en medio de la tormenta. Eso es lo que Jesús pide a Pedro que haga. De alguna forma le desafía a que confíe en él. Pero Pedro titubea porque se siente inseguro. Es posible que nosotros muchas veces nos sintamos como Pedro, inseguros. Y que busquemos seguridades que, como Pedro, no vamos a encontrar.
1.-Es que a veces desearíamos que la fe fuera el resultado de una demostración científica. O bien que hubiese sido un milagro o algo extraordinario lo que hubiese provocado nuestra fe. En el fondo, se supone que la fe nos pone en relación con Dios. Y Dios es considerado en estos casos como un ser lejano, poderoso y en el fondo peligroso para la vida de las personas. Como no nos sentimos seguros frente a él, queremos pruebas convincentes.
2.-La realidad es que la fe brota de la misma actitud básica sobre la que se establece cualquier relación. Un ejemplo bien claro de esto lo encontramos en la relación de amor de una pareja. Ninguno de los dos podrá decir nunca que está absolutamente seguro del amor del otro o de la otra. Él o ella solamente tienen indicios: sonrisas, palabras, caricias, llamadas telefónicas... pero nada más. Esos indicios confirman el amor pero nunca son pruebas concluyentes. Al final, la persona, cada uno, cada una, tiene que dar un paso al frente y confiar. Y fiarse del otro.
3.- Con Dios sucede exactamente igual. No tenemos más remedio que fiarnos de él. Porque no tenemos ni tendremos nunca pruebas concluyentes de su existencia. Solamente tenemos testigos. Un testigo mayor: Jesús, que pasó la vida haciendo el bien, curando a los enfermos y amando a todos los que se encontró por el camino precisamente en nombre de Dios. Él nos dijo que su amor era fruto del amor de Dios, que nos amaba con el mismo amor de Dios y que tenemos que confiar en él. Y tenemos otros muchos testigos. Los muchos hombres y mujeres que le han seguido, que han confiado en él y que han vivido amando y haciendo el bien. Pero no tenemos pruebas matemáticas ni físicas ni químicas de ese amor. Nos tenemos que fiar. En el Evangelio de hoy, Jesús nos invita a echarnos al agua, a vivir sin miedo, confiando en el amor de Dios. Nos invita a creer en Él y confiar en que con Él podemos sortear los peligros de la vida. Porque su amor está siempre con nosotros.
4.- ¿Somos capaces de confiar en las personas con que vivimos? ¿O quizá se ha instalado en nuestro corazón una desconfianza radical? La fe es creer que Dios está ordenando la vida y la historia para el bien. ¿Creemos y confiamos de esa manera en Dios? ¿Colaboramos con él para que su plan de salvación salga adelante? Fernando Torres cmf
5.- El cristianismo no se reduce a una liturgia. La misma eucaristía se celebra en el templo y se vive en el diario existir. No se reduce a un ambiente de objetos de otra época. No es una fuente de un conservantismo moral. Es primero un proceso de perdón y salvación. Una restauración del amor al prójimo. La fe es esencialmente una forma de comunicación con Dios en medio de la comunidad. Ser cristiano no es ser perfecto o sentirse más humano que Otros. Pero, sin duda la presencia de Dios se hace palpable. Podemos iniciar nuestro proyecto de vida con confianza, no estamos absolutamente solos. Podemos ser procreadores con Dios, porque el Hijo nos hizo hijos de Dios.
Conclusión: Construyamos en medio o sobre los temporales del mundo. Dios es el dueño del universo y hace su voluntad en el cielo como en la tierra. No olvidar que siempre lo rezamos. ¿Pero que construimos? Nuestra vida, nuestros objetivos, nuestro aporte para recibir el Reino que viene a nosotros. Podemos estar relativamente en todas partes, en todo lugar está Dios y en cualquier lugar predomina la gracia de Dios. Pero, donde se está con amor y confianza es en la comunidad. Necesitamos creer en el espíritu de Cristo que en medio del mundo, se manifiesta con su misericordia y la fuerza del Espíritu Santo renueva la faz de la tierra. El cristianismo se vive en el corazón de la tierra, en la vida que respira en la naturaleza. Nada está fuera del plan de Dios y todo muestra con humildad su verdadero valor y Dios nos reúne en medio de su creación. Recuperemos las comunidades cristianas, hay experiencia para evitar errores y conflictos. Necesitamos reunirnos como familia, la fe no se desarrolla sin compromiso, sin cruz, sin la ayuda de la gracia y del hermano.
(*) Mario A. Díaz M. es: Profesor de Religión y Filosofía. Licenciado en Educación. Egresado de la Universidad Católica del Maule

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