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El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
Opinión 05-04-2020
Cuando nuestras madres se han ido
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Recordamos la niñez con sus maldades, desobediencias, rebeldía y falta de respeto. El primero que llora es el corazón, y el alma nos castiga con lágrimas de dolor, despertando en nosotros la realidad aquella que hasta viejos no queremos aceptar.
Sabemos que somos mortales, pero estamos erradamente convencidos que, las mamás jamás morirán… las de los demás, podría ser. Pero la nuestra nunca.
Y es cierto, puesto que la tenemos en todo lugar, innegablemente en nuestra memoria y en el aroma de cada flor que asoma en primavera.
Hace poco se ausentó la mamá de mi gran amigo Juan Carlos Benítez Valdivieso. Lamentablemente no asistí a la misa, por falta de información. Consta a nuestro amigo Daniel Rojas. Quise entregar mi sentir en extremo, ya que conocí a la bella señora y a sus hijos. También a las tiernas y amorosas nietas.
Tal vez, desde ese otro lugar, ella no quiso mi presencia para no aumentar el dolor de su hijo regalón, pues de verdad llevaba latente y lloroso el recuerdo de aquel día que despedimos a mi madre.
Hay tantos poetas que saben expresar y comunicar el dolor que se siente al contemplar la ausencia de una madre (yo no los puedo emular) por eso lo hago como simple escritor romántico, sin aquellas palabras bellas que ellas ameritan.
¿Cómo olvidar las caricias, desvelos y besos de una madre?...
Pienso que cuando niño en arrebatos puede ser insolente con mamá, y ser perdonado; pero adulto faltando el respeto, tendríamos que apodarlo “El coronavirus”
- ¿Exagero?... ¡Jamás! Cuando se trata de la responsable de nuestra existencia. Para ella no tenemos límites que fijen exageración en adorarla.
- ¡Madre, viene helado el invierno, otoño me lo está comunicando, tengo frío y tú no estás!
Qué inútiles somos cuando te has ido.
Anoche soñé contigo y cuando pedí verte y escucharte, me respondiste que todavía no es la hora o el día para encontrarnos, agregando:
- ¡Monta en tu caballo “Destino” y sigue galopando!
Y la luna coquetamente hermosa se dejaba acariciar por el sol escondido que le enviaba luz para que sonrieran las estrellas…
Ya no tengo frío y confío ver mañana un nuevo día.


(Carlos Yáñez Olave
Escritor)
Prensa El Heraldo | Imprimir | 417
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