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El Diario del Maule Sur
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Opinión 17-04-2018
Cuentos que no son cuentos Carta a Sergio Toledo Durán (Q.E.P.D.)
Han pasado doce años que te fuiste a aquel lugar que todos conocemos por imaginación y que inevitablemente tenemos que llegar, ignorando día y hora.
Obviamente que causamos herido dolor a nuestros seres queridos, amigos y conocidos.
Tema que entre otros analizábamos… recuerdo que decías: -¡Los que quedan, sufren con un llanto temporal y con el alma herida, sin cicatrizar.
Agregábamos que en tanto, los otros que antes se van; abrazan en libertad aquella eterna alegría cubierta de paz y felicidad, logrando purificar su alma sin mancha ni rencor. Tan pura como la última sonrisa de Cristo que entregó estando en la cruz a María Madre y Ella en sus lágrimas lo cubrió de besos… y Dios le abría las puertas del cielo.
Tu ausencia en el calendario ha marcado doce años y de verdad Sergio que el jueves 29 de marzo de este año 2018, me encontré contigo…
En estos instantes sonríes, con aquella muestra de franqueza noble e imponente personalidad, manifestando…
-¡Van a creer, que estás loco Carlos!
Y yo, te respondo que no importa. Lo importante es que no solo tú logras comunicarte con quienes te conocimos y valorizamos admirando esa culta conversación en diálogos de seleccionada clase.
Jugábamos con nuestra posición política, la cual analizábamos decentemente, con cordura y respeto. Luego terminábamos estrechando las manos, a veces con un abrazo.
No estabas de acuerdo con engañar al pueblo para conseguir votos, prometiendo lo imposible en campañas burlescas. Prueba de ello que en desvelada y expuesta gestión lograste la construcción de la Población “San Rafael” en el lugar denominado Semillero, en el cual eras Director de la Escuela y en la localidad de Yerbas Buenas, siendo Concejal, la creación de Villa Colonial.
Te cuento que, aquel día jueves Miguel Ángel Venegas, me obsequió el Diario “EL Heraldo”… no acostumbro a leer caminando, pero no me explico por qué aquel día lo hice y hojeándolo me encontré con tu mirada sonriente, imaginando escuchar aquella risa y educadas palabras, recordándolas cuando nos encontrábamos los días sábados en el “Londres Chico”. Lugar de visitas seleccionadas, donde se compartía decentemente y con respeto.
Recuerdo cuando introducías tus manos en los bolsillos, moviendo los pantalones como para alisarlos, estando impecablemente planchados. Vestías con elegancia en fina confección.
-¡Te ríes, eh! Luego movías la cabeza de derecha a izquierda. Ejercicio en el cuello para evitar papadas. Así lo explicabas.
La señorita Angélica con sus hermosos ojos azules nos enviaba una mirada de cariño y respeto, preguntando si nos repetía el clery o borgaña.
Contestábamos en la misma forma respetuosa, expresando que era suficiente y continuábamos en el diálogo.
Hasta que llegó aquel día que llenaste las copas con tu ausencia, derramando tristeza y pena sobre aquellos que te estimábamos y que ahora te recordamos con cariño y más respeto. Porque estás en lo alto vigilando nuestra existencia y perdonando a aquellos que algún día te ofendieron.
Estoy consciente que no debería escribirte. Porque ahora nuestros pensamientos, son como una página que lees constantemente. Entonces para que escribir. Si tú, todo lo sabes?
Termino esta carta, acusando tu broma.
El sábado treinta y uno de marzo, me hiciste ir a la Parroquia Salesianos, a las 19:00 horas, pues se oficiaría una misa en tu memoria. Después me percaté que era Sábado Santo.
No importa, ya nos encontraremos en aquel lugar, si es que tengo derecho a ocuparlo. Lo importante es que ahora me convenzo que en nuestra memoria no estás muerto y que al igual que nuestros seres queridos y amados, que antes han partido, no solo descansan en paz, sino que, además gozan de aquella alegría inimaginable, por lo bella e inmenso placer de dicha.

P.S. (Felicito a aquellos honestos y nobles habitantes que con mucha sensatez, cordura y justicia, proponen y lucharán porque la Villa Colonial, lleve tu nombre.)

(Carlos Yáñez Olave)
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