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El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
Opinión 13-02-2020
Cuentos que parecen cuentos.- Creo que el amor casi perfecto, es aquel que se experimenta a la distancia
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Cuando te conocí y me conociste, nos miramos hasta lo más profundo de nuestros ojos, con respeto y fascinación. La fuerza de la mirada nos atrajo con encanto y pureza.
Los corazones latieron tímidamente con temor de acusar la ansiedad de abrazarnos.
Quizás el mío quería descubrir si eras tú aquel ángel que aparecía en los sueños dulces, tiernos y tan bellos como la expresión sonriente de tus ojos, con aquella mirada transparente y silenciosa. Palabras ausentes, pues estas no eran necesarias. No sabrían expresar y traducir aquel sentir hermoso y placentero…
Qué alegría saber tu presencia en mi interior con aquella linda sonrisa iluminando el sendero que te conducía hacia mi corazón, el cual te aceptaba para retenerte eternamente.
Los ojos imanaban nuestro mirar, en tanto la juventud de tus labios, me ofrecía tu boca.
Pero, no nos besamos. Confieso miedo se esfumará aquel fantástico sueño que mostraba una soñada imagen. A una bella princesa rescatada de aquellos cuentos de hadas. Fina, elegante, linda y tan preciosa como aquella luna que iluminó nuestro primer beso, con sabor a rosas cogidas por ti.
Los defectos tuyos y los míos se escondieron tras el encanto de tu belleza y ese amor que nació en el primer encuentro, aquel que enceguece y avergüenza el deseo de poseerte.
Las noches eran desvelos gratos, porque tu preciosidad quedó grabada en la curiosidad de mi mirada formando una laguna azul, con aguas tibias que bañaron el resplandor de la luna, y en ella las estrellas nadaron hasta el amanecer… -entonces, ¿cómo no soñar contigo?
El deseo de tres noches derribó el muro de la vergüenza y el temor a perderte. Fue así que se logró el primer beso que se formó al rosarse los labios como el suave y fino aterrizar de una mariposa en dos pétalos de rosa.
Solo Dios sabe expresar creando poetas, aquel sagrado placer que me hizo imaginar estar un instante en el cielo que todos soñamos y formamos de acuerdo a nuestra imaginación y el cantar de los ángeles.
En aquel instante te hiciste poesía, bella mujer, y tu tierna imagen se talló en mi memoria, la cual ni el tiempo ni la distancia logrará borrar.
Esta es una de las cartas que a diario escribía cuando estábamos lejos uno del otro.
Ahora nos une el celular y cuando estamos separados confesamos en dulce comunicación que nos extrañamos, deseando abrazarnos a cada instante besando aquella boca que emite palabritas cariñosas y con respeto…
Pero el tiempo pasa y aquella rosa roja que te regalé con un beso, se va marchitando y destiñendo.
Quisiera verte un mañana como antes. Pero la noche es un tren sin rieles ni motor que lo mueve. Todo lento sin amanecer. Las estrellas siguen titilando y los dos luceros continúan pretendiendo a la luna. El sol tiene su mirada sobre ella, la cual tibia y coqueta nos envía su belleza sonriente. Todo es hermoso y atractivo, a la distancia.
Nuestro llanto difunto entierra la mirada, sin laguna azul, pero sí llena de lágrimas.
Aumenta el deseo de encontrarnos.
A pesar de que uno de los dos ha muerto.

Carlos Yáñez Olave
Escritor
Prensa El Heraldo | Imprimir | 807
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