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El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
Hoy
Opinión 29-11-2019
CUENTOS QUE PARECEN CUENTOS La rosa roja del 24 de noviembre
El domingo por la mañana muy de madrugada, cuando los zorzales, tórtolas y otras avecillas de rama en rama coquetean su despertar, me levanté para contemplar los cerezos en su rojo madurar y entonces en uno de los jardines descubrí el florecer de aquella rosa.
Sus pétalos tiernos y tersos. Los más grandes parecían proteger a los más chicos, de menor a mayor asomaban en su capullo. Rojo como el corazón pintado por el mejor de los pintores virtuosos que con su pincel logran el arte y no con sus aplausos solitarios celebrando un inexistente talento.
Poco sensible para captar su aroma, pero llegó a mí aquella esencia que perfumaba el ambiente despertando en mi memoria gratos recuerdos.
Aquel día donde el sol y la luna se fugaron de la poesía para participar en el inicio del amor en mi juventud lúcida y responsable de sentimientos (solo tú puedes concentrar mi inspiración). Me lo hiciste saber con tu mirada de cielo.
Los poetas declaran que el corazón empieza a latir grabando en su palpitar el nombre y la belleza del ser amado desde el primer encuentro.
Y es imborrable. Además esa música del te quiero, te quiero!... se escucha cuando los dos corazones están juntos aunque estén distantes.
Seguí mirando la rosa roja y concentrado pude descubrir en uno de sus pétalos tu nombre, fecha de encuentro y aquella promesa de no olvidarnos…
No sé si quedé dormido, extasiado, mirando aquella bella flor, pero, sí estoy cierto que en cada pétalo había escrito recuerdos.
El primer contacto de tu incomparable seda de tu cuerpo al tocar tu mano, acariciando la yema de tus dedos, para luego besar aquella palma de igual suavidad de esos pétalos. Entonces floreció el delicado y tímido primer beso… sorprendido, pues no imaginé que también lo deseabas y sin embargo el tocar de tus labios y caricias fueron limitados a un romance respetuoso, educado y decente… o tal vez fue el miedo a perderte?
El tiempo armó los años perdiéndonos en el laberinto de nuestra existencia, pero no caímos al abismo del olvido. El destino quiso separarnos, pues estábamos al extremo de lograr el amor perfecto.
Sigo mirando la rosa encantadora, con sus pétalos agitados por la brisa primaveral. Tu sonrisa angelical, dulce y soñada, me pareció el beso del sol y la luna…
El golpear de unas cacerolas vacías en la calle me entregó a la realidad despertándome de aquel hermoso sueño.
La rosa roja tenía en uno de sus pétalos una gota de rocío, la cual se deslizó en silencio con tristeza.
Te miré en la distancia de nuestro imposible y en tu rostro vi una lágrima.
La mía la sentí en la mejilla y luego cayó sobre la rosa.

(Carlos Yáñez Olave
Escritor)
Prensa El Heraldo | Imprimir | 362
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