jueves 18 de octubre del 2018
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El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
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Opinión 13-01-2018
CUENTOS QUE PARECEN CUENTOS Mi cuadra corta, mi cuadra larga
Al recordar mi juventud, primero figuras tú, adorada mía. No puedo olvidar aquellos besos a escondidas que considerábamos pecado o un delito el unir nuestros labios para formar aquel primer beso, que al menos yo, no puedo borrar en la pantalla de mi memoria. Menos aquella dulce sonrisa que acariciaba hasta lo más profundo de mi ser, podría decirse, mi alma. Entonces mi corazón aceleraba su ritmo que enloquecía al rosarnos suavemente, con timidez y respeto. La Virgen María, sonreía con ternura y en silencio dulce, comentaba: -Que ingenuos y puros son aquellos que inician el romance eterno y perfecto, respetándose civilizadamente. O sea, no actuando como animales hambrientos…
Ahora al recibir el perfume de una rosa en primavera y su hermosa presencia en verano, me enloqueces el deseo de tenerte a mi lado y se altera mi genio con la impotencia de saberte un sueño.
El tiempo pasa, tú y yo, cumplimos años donde las velitas en el centro de la torta alumbran descubriendo arrugados ojos y mirar cansado. Por eso no quiero celebrarlos. Solo tener presente que nos seguimos amando.
Más, a pesar de aquellos no podemos eludir la vejez. En cada amanecer salgo a caminar con destino hacia mi “guarida secreta”, lugar donde escribo inspirado en el presente y en el pasado. Aquí no me gritan de pronto -¡Hay que ir a comprar pan!... hay que regar las plantas… están tocando el timbre… ya viene el lechero!!
Afortunado soy, cuando puedo mencionar Año Pasado, en tanto otros están en silencio sin decirnos nada, porque han muerto. Equivocada condena; se van los que hacen falta y sobran aquellos que con su presencia torturan nuestra existencia… Ayer contemplé con impotencia, como una noble mujer con mirada regada de llanto invisible, abandonaba el instante de placer junto a sus amigas, que le entregaban un ambiente de alegría porque su marido la esperaba para censurar ausencia de un momento en el hogar… miré sus pasos lentos, tímidos y casi temblorosos mirando hacia atrás, como queriendo volver o que alguien la llamara; pero la retenía, tal vez al recordar con temor y dolor, cuando en la posta del Hospital le sanaron su bello rostro.
Recuerdo el año recién pasado, cuando me encontré con otro linarense al cual no divisaba desde hace mucho tiempo y la verdad que casi yo no lo conocí. Delgado, inclinado, cabellos blancos y de un avanzar demasiado lento… Mismo nudo de la corbata, pero sus pantalones arrugados y barba descuidada. Lo saludé con entusiasmo y su respuesta fue una mirada ausente y desconocida. Ni siquiera musitó el inicio de un ¡Hola!... al poco tiempo supe que no salía de casa, porque su señora había muerto y esperaba su regreso. Seguí caminando temeroso, algún día camine de igual manera. Parecía estar en el mismo lugar que lo encontré… sin embargo iba avanzando.
Hoy dos mil dieciocho, voy por las mismas calles de antes, en dirección a mi guarida. Las cuadras, me parecen que se extendieron.
Son más largas, las mismas que cuando joven consideraba cortitas y que con rapidez mis pasos devoraban. Hoy me parecen largas y agotadoras.
Saludo a nuevos habitantes. Los niños ya no lo son y ellos me saludan, para mí desconocidos, con su bigote bien crecido y aquellas niñitas (hijas de amigos y otros conocidos) son señoritas de falda corta que aumentan la belleza de la mujer maulina. Insisto que, cuando se descubre una bella mujer en el resto del país, es porque alguna de ellas anda de visita.
Mi cuadra corta, cuando mis pasos eran de piernas jóvenes y el avanzar cundía. Ahora son cuadras largas, que mis piernas cansadas hacen los pasos más lentos…
-¡Pero, ¿para que apurar los pasos sino quiero morir todavía?
Prensa El Heraldo | Imprimir | 263
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