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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 23-01-2020
CUENTOS QUE PARECEN CUENTOS Tu mirada y la magia del saxofón
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No quiero dormir temprano, pues de seguro soñaré contigo, entonces brindaré mi desvelo para estar toda la noche en compañía de tus recuerdos.
Existen miradas tan tiernas y bellas, que hacen soñar y convertir en poeta a un enamorado.
Por la ventana contemplo la luna anaranjada, aquella que se escondió cuando tú naciste, pues sintió envidia al comprobar que tu belleza es superior.
Eres tan bella que la ridiculez se esfuma y el pecado deja de serlo al gritarte en plena plaza principal de mi ciudad, que eres la más linda y que te amo.
Te recuerdo amada mía, cuando concentrado “chapodando” las puntas de un sauce llorón a la orilla del río Achibueno, no me percaté de tu presencia, pero luego sentí tu mirada.
Mis ojos se posaron en los tuyos de un verde tan fabuloso como aquel verde tierno y claro que, al nacer la primavera pintó los prados de tu jardín y el de mi madre.
Tus ojitos sonreían y el sol que ya hermoseaba su puesta para dormir, pero no sin antes bañar sus rayos dorados en el mar, te envió un beso, y tus pupilas danzaron en la sonrisa de diosa, logrando que esas hermosas pestañas crespas y juguetonas, hicieran cosquillas no solo en mi corazón, sino que, también en mi alma.
Mis ojos fueron la cámara que eternizó tu bella imagen, y es por eso que no puedo olvidarte.
Llegamos a Linares. La timidez quedó nadando en el río. Entonces, nuestras manos unidas se acariciaron en silencio. Tu mirada y la mía, hacían el amor en un lecho de sonrisas.
De pronto nos sentimos en el cielo. Una música de un saxofón y tu aroma, fue la nave que nos transportó.
Mudos los dos, casi nos damos un beso, en tanto unas rosas rojas danzaban con unas blancas como la nieve que resplandece entre los azules de nuestra cordillera…
No debemos ocultarlo, pues aunque sea pecado estamos perdonados y deja de serlo al escuchar aquel sonido que logra rescatar el músico, haciendo poesía y sueño aquella melodía.
Tus ojos en mis ojos, mis manos estrechando tu cintura y una danza nos dijo que estábamos bailando.
Me susurraste al oído que los ángeles tocaban para nosotros, y que sus efectos eran la sonrisa de María acunando al niño Jesús… miré la beldad de tus ojos y tu corazón aceleró los latidos del mío.
-No. No quise besarte. Prefiero seguir soñando.
Eres más bella despierta y tu mirada sonriente es el mejor de los besos.
Y no eran los ángeles quienes tocaban aquella melodía emitida de un saxofón…
En el odeón de la plaza encantadora, un joven elegantemente vestido de blanco y de embrujadora inspiración, cerraba sus ojos y su fiel instrumento lucía lo mejor que puede obtener un incomparable artista…
Preguntamos su nombre y nos dijeron:
-Es Herbert Villanueva Morales!
-¡Sí… reiteró alguien. Es el que tocó en la moneda en un Cambio de Mando!
La más linda y bella damita, me insinuó: -¿Lo invitarías a casa?
Si tu eres feliz con su visita, las bisagras de la puerta en mi hogar, emitirán sonrisas de bienvenidas!
Y entonces yo también seré feliz!
Aquel atardecer de verano hizo danzar las flores de los prados en la plaza, aplaudiendo con sus pétalos el arte de Herbert, en tanto sus labios exigían el cantar de su saxofón.
Los dos luceros que coquetean con la luna cada noche rieron encantados, sin importar su fracasada conquista.
La magia del saxo opacó a la luna y a las estrellas.
Aquella noche no dormí solo. Besé la palma de sus manos y dormí con ella.


(Carlos Yáñez Olave,
escritor)
Prensa El Heraldo | Imprimir | 769
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