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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 24-08-2019
CUENTOS QUE PARECEN CUENTOS Y Angélica, se fue antes
Cultos lectores habrán leído en la página número cinco en el libro “Puertas Entreabiertas” de mi autoría, una aventura en la cual relata amoríos de niños en Yerbas Buenas y expresa: “En este famoso y simpático pueblo, no solo aprendí a cabalgar, sino que, allí despertó aquel sentido creado en la cuna de Dios. Amor puro, ingenuo y tan tierno como las canciones de cuna que cantaba mamá.
Conocí a la maravillosa Angélica que, era la hija del Alcalde y yo hijo del Jefe de Retén de Carabineros.
Al relatar esta aventura, el calendario marca la hermosa estación primavera, donde las coloridas flores aroman los besos de los enamorados. Y esto, atrae románticamente recordarla, pues esta niña era tan preciosa como ella.
En la pantalla de mi memoria, se proyectan sus lindos ojos azules, casi celestes. Sonrisa de cielo, cabellos rubios como la luna pálida y bella, sorprendida por el beso del sol que la acaricia. Su voz, como la brisa que de madrugada ha robado el bostezar aromado de las rosas.
Tan encantadora, fina, tierna y pura que, daba lugar a dudar si era un ángel… tanto es así que, al anochecer me acercaba a la parroquia para constatar si allí dormía junto a Jesús en los brazos de María.
Su familia respetuosamente católica, confiaba su asistencia a la parroquia en la cual oficiaba misa el cura Antonio.
Con tal de verla, me ofrecí de acólito para ayudar en la ceremonia religiosa, tocando la campanilla ante el altar.
En una oportunidad, concentrado miraba extasiado a la hermosa niña, sentada en el primer escaño o banca, descuidando el momento de hacerla sonar. El padre Antonio me sorprendió, y yo estaba tan ausente, que no escuché su petición de tocar la campanita, y él reiteraba bajito:
-¡La campanilla… la campanilla…
Entonces, creyendo erradamente se refería a la lindura de Angélica, repliqué:
-¡Sí padre. Es bellísima!
Tendríamos aproximadamente ocho años de edad. Nos escribíamos infantiles cartas que depositábamos en las famosas olletas que aún existen en la plaza de Yerbas Buenas.
Era nuestro secreto y temeroso romance que no aceptaba otro sistema de correo. Cada día introducíamos las manos en ellas para buscar lo anhelado.
Hoy, ignoro si en el fondo de una de ellas exista un trozo de papel amarillo, y destrozado por el tiempo.”
Nos juramos cariño eterno, y éramos felices. Jamás pensamos que seríamos mortales.
Y los años se sucedieron como noches cortas.
Mi padre fue trasladado a San Javier, y mi madre me pilló una carta para Angélica. Simplemente niños y todo acabó.
En este año 2019, el día cinco de abril, la preciosa Angélica, falleció.
Y el sábado tres de agosto de este año, junto al cuarteto que formamos con unos amigos para competir en Dominó, fuimos al mejor restaurante que existe en Yerbas Buenas. Algo me llamaba o atraía desde las olletas. Me arranqué por un momento, y con nostalgia acaricié aquellas con mi mirada. Disimuladamente introduje mi mano en una de ellas… me encontré con esta carta:
“Carlos, no llores por esta Angélica fallecida hace poco tiempo, pues no es la niña que hace muchos años murió junto a ese niño que no la olvida.”
Fue un romance maravilloso de dos niños, como tantos otros que viven también ese amor de sueños rosados, tan puros y tiernos como una caricia de María a Jesús.
Y regresé triste a donde mis amigos...


(Carlos Yáñez Olave,
escritor)
Prensa El Heraldo | Imprimir | 223
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