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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 08-01-2019
¿Dejar de lado nuestras diferencias?
“Hoy los chilenos tenemos una oportunidad única para dejar de lado nuestras diferencias y trabajar en conjunto por un nuevo Chile. Construyamos juntos un país más humano, innovador, moderno e inclusivo”
¿Dejar de lado nuestras diferencias? ¿Una oportunidad única?
¿Entonces no se busca una sociedad pluralista, con una economía social y ecológica? ¿Dejar de lado nuestras diferencias? Se sacrifican principios y valores, se aplanan para dar paso a un pragmatismo que está limitado por poderes fácticos o pactos que dejan a las minorías dominantes y sus riquezas intactas y la pobreza se disfraza con nuevos trabajos o empleos mal pagados y la precariedad económica de la mayoría de la clase media siguen siendo parte del paisaje actual de Chile.
Nuestras diferencias suponen vivir en un contexto democrático, que a veces es muy frágil, pero las veces que se prefirió la violencia, represión, odio y enfrentamiento que significó muerte y destrucción, como sociedad lo pasamos muy mal. Tenemos dos ejemplos de violencia masiva y terrorismo de Estado y extremismo anti-sistema: La UP y la Dictadura de Pinochet.
Las diferencias son para ser respetadas o toleradas públicamente o en privado. El espacio público de una democracia, supone una cultura arraigada en los valores humanos, en los valores universales que forman parte de la naturaleza humana. Los derechos humanos, son universales y no son solamente válidos para un sector de la sociedad. Los que tienen doble estándar moral y apoyan los crímenes de dictaduras como la de Venezuela, no tienen autoridad moral para estar a cargo de una entidad que promueva los DD HH. Esta gente está generando desconfianza entre los ciudadanos y no aportan para crear una cultura democrática, humanista, porque cada vez más proyectan su manipulación política de los DD HH.
En Chile, necesitamos una democracia participativa, que mantenga la representación parlamentaria de una democracia representativa. Para este cambio, el pueblo tiene que organizarse sin sectarismo y los dirigentes de estas bases, tienen que ser muy honestos y estar a la vista del pueblo. En la medida que se logre consolidar una formación cívica efectiva de los chilenos, crecerá cada vez más la participación del pueblo.
La política en una sociedad reconciliada, donde el perdonar se hace necesario para unir a la gente, para respetar las diferencias y encontrar una ética de mínimos que sea común a todos, es un arte de gobernar y participar con patriotismo, entusiasmo y dignidad. Esta democracia de las diferencias tiene que ser una obra cívica de todos los hombres y mujeres de Chile. Hay que marcar las diferencias éticas y morales que una sociedad que se está sanando, tiene con la corrupción y el individualismo de una economía neo-liberal o con una dictadura que reprime al pueblo con un terrorismo de Estado.
El respeto por las diferencias en democracia, supone un crecimiento cultural. Aplastar las diferencias para hablar de unidad, es una práctica que no está en la praxis del humanismo cristiano. Por ejemplo, la ideología de género, se quiere imponer. Podemos estar conscientes que hay personas que viven la sexualidad de una determinada manera. Toleramos a estas personas pero tenemos otra mirada y no permitiremos que nuestros niños o niñas sean adoctrinados por esta ideología, que sentimos como una aberración. Nuestra identidad tiene que ser respetada por todos, por el Estado y otros grupos.
Estamos viviendo en una época de crisis. La postmodernidad, pretende cuestionarlo todo. Pero, tenemos una lectura que tiene algunos criterios que a lo largo de las diferentes situaciones socio-culturales, se pueden verificar como lúcidos, ciertos y realistas, porque el humanismo cristiano siempre asume el presente para insinuar algunos cambios y el pasado es asumido como experiencia y realismo. La doctrina social cristiana es la más completa y coherente que mantiene su vigencia y crítica a ideologías erráticas. El fracaso de los socialismos reales, la economía neo-liberal globalizada que está destruyendo la fauna y flora del planeta y que tiene los minutos contados para pasar a la historia como el sistema económico más destructor del medio ambiente y más injusto y clasista, que ha deshumanizado la economía.
La democracia y el cristianismo, están vigentes, y también se están transformando, sin perder la esencia. Tendremos una Iglesia católica con un laicado activo, comprometido socialmente y pasaremos a otra etapa que es un paso más de humanización, y la libertad asumirá la verdad del hombre y mujer.

(*) Mario A. Díaz M. es: Profesor de Religión y Filosofía. Licenciado en Educación. Egresado de la Universidad Católica del Maule

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