jueves 28 de octubre del 2021
El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 26-09-2021
Domingo 26 del T. Ord. c. B. 2021 EL APRENDIZAJE DE LA INCLUSIÓN



Juan dijo a Jesús: “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros”. Pero Jesús les dijo: “No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros. Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo. Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar. Si tu mano es para ti ocasión de tropiezo, córtala, porque más te vale entrar en la vida manco que ir con tus dos manos al infierno, al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti ocasión de tropiezo, córtalo, porque más te vale entrar cojo en la vida que ser arrojado con tus dos pies al infierno. Y si tu ojo es para ti ocasión de tropiezo, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. (Mc 9, 38-48)

Porque no es de los nuestros…Una señal de inmadurez comunitaria es la exclusión; cuando comenzamos a ser miembros de grupos determinados, cuando estamos tratando de formar la identidad de una comunidad, la tendencia primera es a la definición mediante la exclusión: es el modelo del club cerrado, del que tiene un cartel en la puerta: “Se reserva el derecho de admisión…”, y dejamos afuera a los que no son de nuestra clase, a los que no son de nuestro género, a los que no poseen nuestra formación, a los que no han compartido nuestra historia, a los que no pertenecen a nuestro partido, a los extraños, a los extranjeros, a los que son “los otros”; y por afirmar nuestra propia identidad –lo que en un primer momento nos parece incuestionablemente razonable y prudente- dejamos fuera la riqueza de la diversidad que transita del otro lado de la puerta.

El pasaje del Evangelio de Marcos que hoy estamos meditando, nos pone frente a esta situación y la ubica en el marco de las instrucciones que Jesús hace acerca del discipulado: el camino que el verdadero discípulo ha de recorrer será el que lleva desde la originaria y espontánea tendencia a la exclusión, hasta la construcción de una comunidad en donde el “nosotros” signifique de verdad inclusión.

No es casual que las palabras iniciales sean pronunciadas por Juan, (según la tradición el más joven de los apóstoles), el modelo literario que probablemente tiene a la vista el Evangelista Marcos, es el del episodio de la elección de los setenta varones auxiliares narrado en el cap. 11 del Libro de los Números, allí también se presenta un problema análogo: el de los ancianos que no obstante estar fuera de las inmediaciones de la Tienda del Encuentro, reciben también de parte del Señor el espíritu profético de Moisés -espíritu comunicado por el querer de la libérrima voluntad de Dios, y entregado para la conducción del Pueblo- y es precisamente Josué, el joven discípulo, formado para ser el sucesor de Moisés, quien tendrá que aprender que no podemos ponerle límites a la acción del Señor, que no podemos ser mezquinos con el don de un Dios, que no tolera la mezquindad, de un Dios que no nos está pidiendo permiso a nosotros para elegir a quiénes son dignos de recibir su gracia.

Tratamos de impedírselo… Juan, el joven discípulo de Jesús, ha de emprender este mismo aprendizaje, su primera reacción al enfrentarse con la posibilidad de la diversidad, expresada por ese, que siendo otro, expulsaba demonios en el Nombre de Jesús, es la de cerrar filas, y hacer el siempre temeroso gesto de autoritarismo del que se ve amenazado en su identidad y en las pequeñas cuotas de poder que esa identidad le proporciona; Juan es un hombre de su época, entiende que el honor es un bien escaso, que debe ser celosamente custodiado, que debe ser defendido con fiereza; el ser “de los nuestros” le otorga al joven discípulo ese honor y esa identidad que lo sitúa como un “alguien” dentro del grupo, la presencia de ese otro, por tanto es entendida como un intento de intromisión en el propio terreno, incluso como una posible agresión, y en la inmediata lógica de la relaciones de poder, la mejor estrategia de defensa es el ataque: “tratamos de impedírselo”.

La respuesta de Jesús va a proponer un camino distinto como camino del discípulo: “El que no está contra nosotros, está con nosotros”; esta sentencia de Jesús, apretada como una fórmula, va a servir para señalar un modo de relación nuevo para el mundo en el que se mueven los discípulos y los apóstoles, y todavía nuevo y desafiante aún para nosotros: el modo de la relación inclusiva.

Es mucho más fácil por cierto relacionarse desde la exclusión: si la sentencia de Jesús se pudiese invertir y quedar de este modo: “el que no está con nosotros, está contra nosotros”, sería simple: todo aquel que no piense, no sienta, no se relacione exactamente del mismo modo como pretendemos hacerlo nosotros, es nuestro contrario, es ajeno, es un potencial contendor y enemigo, frente al cual hay que apertrecharse, defenderse con encono, atrincherarse: la lógica de la exclusión triunfante en su máxima expresión.

Sin embargo, si queremos que signifique lo mismo que significa en los labios de Jesús, su sentencia no puede invertirse: para que sea de verdad una invitación a salir en la búsqueda del otro, para encontrar espacios de diálogo, para poder crecer en comunión con aquel que abre, aunque sea de manera mínima, las puertas de la acogida, y a partir de este gesto, despojado de todo autoritarismo, de todo afán defensivo -pero también despojado de toda pretensión colonizadora, que acechando solapada detrás de la sonrisa de acogida y de apertura, pudiera invalidar el gesto de la inclusión- llegar a construir la comunidad de discípulos que el Señor quiere; comunidad que no es la de los dueños y señores de la verdad, sino la de los seguidores, aprendices y colaboradores del Único que posee por entero la verdad, porque Él mismo es la Verdad.

Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe… La urgencia de hacer este aprendizaje como elemento fundamental del Camino del Discípulo, quedará subrayada en este Evangelio por la enseñanza de Jesús acerca del escándalo, acerca de la responsabilidad pastoral y social que le cabe a quien ha comenzado a caminar detrás del Señor como discípulo, frente a aquellos que recién están ingresando al camino, frente a quienes tímidamente comienzan a dar los primeros pasos en el discipulado: no ser piedras de tropiezo para su andar, no desmentir con las propias acciones y gestos las palabras proclamadas: no se puede hablar a puertas cerradas de apertura y acogida, dentro del pequeño grupo de los que nos entendemos tan bien y que nos podemos sentir perturbados si invitamos a alguien de fuera; no sacamos nada de hablar y hablar de una Iglesia misericordiosa y misionera, si en el momento de ejercer la misericordia ponemos condiciones, si en el momento de emprender la misión lo que tenemos en mente es ir y arrasar con lo que encontremos por delante, para luego edificar, sobre las ruinas que hemos dejado, un clon sumiso de nuestra comunidad ideal.

Esto es lo que escandaliza a los pequeños, y lo que hay que erradicar si queremos ser discípulos que sirvan, y no convertirnos en el deshecho cuyo destino es ir a parar a la Gehenna, -la imagen del basural que es una de las preferidas por Jesús para aludir al infierno- donde el gusano no muere y el fuego no se apaga…

Éste es el mayor escándalo que los que nos decimos discípulos podemos producir: el de la Exclusión, manifestado en las acciones que no se condicen con nuestras palabras: las manos que no se abren para el abrazo de acogida o que detrás del abrazo, ocultan el puño y la cadena, los pies que no conducen -ni se conducen- por el arduo camino del Señor, sino que prefieren los sinuosos senderos del acomodo y del compromiso a medias; el ojo que deja entrever una intención distinta de que la que aseguramos con nuestras palabras de bienvenida, con nuestros grandilocuentes discursos y proyectos pastorales; el escándalo de la exclusión que termina convirtiendo al que se declaró alegremente seguidor del Señor, en censor de sus hermanos, y al que se llenó de gozo en la gratuita invitación a hacer camino tras las huellas de Jesús, en administrador mezquino de la gracia, que ha querido derramarse a manos llenas para que alcance a todos, a los que están dentro y a los que discurren por fuera.

Raúl Moris G. Pbro.
Freddy Mora | Imprimir | 218