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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 02-04-2020
Domingo Torres Alarcón (Q.E.P.D.) Un docente que dejó huella en sus alumnos y en su barrio
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De las decenas de profesores y profesoras que nos imparten clase a lo largo de nuestra permanencia en el sistema educativo algunos perduran en nuestra memoria y no se pierde su recuerdo por más que pase el tiempo.
Son quienes consiguen la conexión mágica entre profesor y estudiante, los que saben decir las cosas, los que ven más allá de nuestra apariencia, los que con la palabra justa y el ejemplo adecuado canalizan el talento de cada uno.
Se recuerda a quien nos enseñó a leer o a sumar con especial esmero, a quien nos tendió una mano en el momento oportuno, aquél que nos corrigió cuando íbamos por un camino que no llegaba a ninguna parte o quien supo ver en nosotros cualidades que ni siquiera conocíamos.
D. Domingo Torres era de aquellos profesores que se recuerdan por su forma de comportarse en clase y la actitud ejemplar que tenía hacia los alumnos.
Es difícil despedir a un amigo profesor, y tener que salvar las barreras del tiempo para no dejar nada en el tintero y ser justos en decirle a un maestro que todos llevamos la huella de un docente en nuestra vida.
Hijo de una numerosa familia, con 12 hermanos. Contaba con orgullo que era profesor normalista titulado en la Escuela Normal “José Abelardo Núñez”, como profesor normalista urbano, porque en aquellos años también se daba el título de profesor normalista rural.
Sus estudios los realizó en el Colegio Salesianos, luego Liceo de Hombres y finalmente en la Escuela Normal “José Abelardo Núñez”.
Inició su labor docente en el sector de San Juan, junto a su colega Luis Lara Parra (padre del profesor Luis Lara Stolze); escuela que funcionó en una bodega -transformada en sala por estos dos profesores normalistas- en una de las estaciones del recordado Tren Chico, Linares- Colbún, que por esos años ya no funcionaba.
A la escuela de San Juan llegó ya casado y recién con dos hijos. Recuerda una fecha muy especial (1965) cuando fallece su madre (que tocaba guitarra), porque desde entonces se juntaron cada año toda la familia a guitarrear recordando a su madre; que era muy religiosa y dirigente de las señoras de la parroquia.
“A la escuela nunca íbamos con abrigo, en la época invernal, por respeto a los niños que no tenían siquiera para abrigarse como corresponde, porque si hay alumnos sacrificados esos son los de las escuelas rurales de nuestro país”.
Recordaba que “por aquel tiempo empezaba ya a circular el famoso silabario Lea, cuyos autores conocimos en Santiago, cuando fuimos a un perfeccionamiento para uso de ese material pedagógico”.
Domingo Torres fue presidente de la Junta de Vecinos del sector donde está la escuela, antes Escuela 49 “Batuco”, luego Escuela 491; hoy “Salmón Salman Dabub”.
Como integrante del Coro Polifónico ocupó diversos cargos directivos, siendo parte de los bajos en el canto coral.
El mejor reflejo de Don Domingo Torres Alarcón, lo hace un ex alumno de la escuela del sector Batuco, Luis Muñoz Labra, describiendo la persona de su profesor:
¿Cómo te recordaré?, es difícil decirlo en una sola palabra, maestro, director, folclorista, líder, padre, consejero, todo eso y mucho más.
Nos deja físicamente un tipo al cual todo el barrio sur de Linares, recordará entrañablemente, desde la población Esfuerzo hasta el Huapi Alto, pues por casi 4 décadas fue el director de nuestra querida Escuela 49, allí le conocí cuando yo era un niño de 6 años. Desde entonces su imagen cotidiana, recibiéndonos en la entrada del corredor de la escuela, su saludo con una sonrisa, su diestra en nuestra cabeza, con un buenos días sincero, cada uno a su sala y en el recreo mirándonos desde el corredor, amarrándonos un zapato o zapatilla, limpiando las narices, recibiendo un pelotazo de alguna pelota plástica sin GPS.
Más tarde, por ahí por sexto básico formó el grupo folclórico del colegio. Fuimos muchos los que nos inscribimos, guiados por tu magnetismo y cariño, la cueca, resbalosa, trotes y algunos bailes más de esta espada de tierra, fueron impartidos con tu paciencia y sabiduría, donde Jaime -su hijo- era un adelantado, lo lleva en su ADN.
Mi padre por muchos años fue presidente del CGPA de la escuela y juntos codo a codo, idearon fórmulas para financiar la multicancha de cemento, que a la vez servía de patio, y múltiples obras que sirvieron para hacer mejoras, en tiempos de inversión escasa en establecimientos educacionales.
Por muchos años fue director del coro polifónico “Jesús González Campón”, con innumerables giras, incluso al exterior, especialmente a la república Argentina, ya que era una enamorado del folklore y de la zamba en particular y por ende de “Los Chalchaleros”
Junto a todos los “cara sucia” de mi generación, cada tarde en las vacaciones, tanto de verano como invierno, le pedíamos permiso para nuestra pichanga sagrada, en la cancha de la escuela. Nunca se negó, pero con la recomendación de dejar el agua cortada y no quebrar algún vidrio, lo último no se cumplió a cabalidad, más de alguna sala tuvo ventilación producto de algún despeje apresurado y violento.
“Juventud Batuco” le debe su nombre a este insigne hombre, fue el primero quien los conminó a que se formaran como club deportivo y cedió sus dependencias para reuniones y eventos bailables, para recaudar fondos.
Sus tres hijos -muy buenos futbolistas- formaron parte de la familia albiceleste. El barrio Batuco está triste, pues nos ha dejado uno de sus líderes naturales y reserva moral que toda vecindad necesita.
Sra. Chepita, Dua, Gloria, Carlos, Jaime, Carolina y familia, vaya para cada uno de ustedes mis cariños y abrazo de contención por tan querido ser humano.
DOMINGO TORRES ALARCÓN, viejo lindo y querido, tu guitarra -tu amiga inseparable-te acompaña, en este viaje a la otra dimensión. Será imposible pasar frente a tu casa en la escuela y no recordar tu figura.
Nuestra admiración hacia tantos docentes, de ayer y de hoy, que dan lo mejor de sí mismos para que su alumnado sea capaz de alcanzar un mejor futuro.


Manuel Quevedo Méndez
Prensa El Heraldo | Imprimir | 831
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