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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Cultura 11-06-2019
Don Luis Navarrete Carvacho y el mito del Mural de Linares
Hay mitos urbanos que a fuerza de serlo se transforman en verdades. Dígalo la famosa denominación de “Villa de San Ambrosio de Linares” que durante años repitieron nuestros investigadores. El nombre era más simple, sólo “Villa de Linares”. Así le puso su fundador.
Pero, también por largo tiempo, cuarenta años, contamos los detalles que precedieron al legendario Mural de Linares, en el Salón de Honor, obra de Pedro Olmos. Es cierto, los narramos, pero ¿Por qué debían creernos? En 1990, cuando don Luis Navarrete era diputado por Linares, se produjo el incendio memorable y trágico del edificio de la gobernación, ex intendencia. El proyecto de restauración se inició tiempo después, cuando el entonces Gobernador Mesa Seco había muerto y se designó en el cargo a don Guillermo Espinoza Acuña. Le comentamos el riesgo de que la “cáscara” del siniestrado inmueble se demoliera. Don Guillermo, muy receptivo, hizo diligencias por mantener lo que quedaba. Lo logró. Don Luis Navarrete pronunció una ardorosa defensa de esta obra en el Congreso, tras pedirnos datos históricos. Guardamos el texto de su discurso de “salvataje”.
Sin embargo en esa oportunidad, telefónicamente, requerimos a don Luis, a cambio, nos refiriera, con los detalles del caso, la gestación del Mural. Demoró varios meses, tal vez tres o cuatro, pero el 25 de agosto de 1991 recibimos una larga carta fechada en Valparaíso el 23 de agosto de ese año. Allí estaba develado el mito para transformarse en verdad.
Pero sucedió que, pese al extremo cuidado con que archivamos nuestras cartas y papeles, esta misiva se perdió. Un cambio de casa, de la ciudad al campo, se llevó al misterio otros documentos. Sin embargo la de don Luis la sentimos. Buscamos, revisamos, desarmamos archivos, abrimos esto y lo otro y no estaba.
Hace unos días caía la lluvia en los campos de Villa Alegre. Un súbito tic-tac en la buhardilla nos alerta ante las goteras. En ese lugar se guardan los libros que, momentáneamente, no usamos, además de sobres, carpetas y otros. Tras mover los estantes en busca de la filtración, una legajo, donde aparentemente estaban recortes sin valor, cae al piso y se desparrama como un mazo de naipes. Entre los papeles amarillentos, con trazos de humedad, reconozco la firma de don Luis. Era la carta perdida hacía más de un cuarto de siglo.
Con su estilo único, enérgico, llano y ameno, narra la llegada de don Pedro al Salón del Municipio una tarde de la primavera de 1977. Su instalación delante de la pared vacía, en larga contemplación. La preocupación de mi amiga Carmen Alicia, secretario municipal, el inicial desinterés de don Luis, hasta que, intrigado, se dirige al recinto. Se da el diálogo trascendental: “Quiero que me regale ese muro”, dice el pintor. Acepta el Alcalde y don Pedro parte poniéndose su boina.
La obra se ejecuta en la casa de calle Arturo Prat 642. Don Luis recuerda “En las tardes difíciles, cuando la presión del trabajo y los problemas me angustiaban”, endilgaba rumbo al hogar de los pintores. Lo vimos llegar varias veces. Don Pedro dibujaba en papeles de encomienda color café. Enrostrándonos la mala calidad de las imágenes que con esfuerzo le traíamos, muchas veces tras viajes a Santiago. Eran los tiempos de la escasa fotocopia. Época difícil.
Surgió el mural y se inauguró. Un acontecimiento. Don Luis hizo bordar una bandera de Linares y otra de Chile. Ahora sabemos que las hicieron las monjas Adoratrices de Talca, con hilos de oro y no le cobraron.
Pero como le “remordía” la conciencia de no pagarle a don Pedro, lo incluyó en el famoso Plan de Empleo Mínimo, destinado a cesantes y a quienes no podían ganarse la vida de otra manera. Se lo cuento “lleno de vergüenza”, nos dice el buen don Luis.
Borrones de humedad, rasgos de hongos del papel adornan como arabescos la carta. Pero emergió a la luz. Participamos de ella a Carmen Alicia Avaria y a Manuel Quevedo. Si se nos extravía de nuevo, sabremos donde hallarla.
Don Luis termina su carta con una evocadora reflexión…”Estoy en mi oficina de la Cámara de Diputados- Torre 1-Piso 10, Oficina 11. Desde la Avenida Pedro Montt me llegan los aires marciales de una banda de la Armada, mientras desfilan los escolares de Valparaíso en homenaje al natalicio del Libertador Bernardo O’Higgins.
“Tesa, brazas a ceñir”, cantan las trompetas, ¿Las oye?
Un abrazo de su siempre amigo”
Un abrazo don Luis, y gracias.


JAIME GONZALEZ COLVILLE
ACADEMIA CHILENA DE LA HISTORIA

Prensa El Heraldo | Imprimir | 1340
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