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El Diario del Maule Sur
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Opinión 06-06-2019
Don René Recabarren Castillo
El Concejo Municipal de Linares, bajo la Presidencia del Alcalde Mario Meza Vásquez, entregó en días pasados, la solemne distinción que ese Alto Organismo otorga sus ciudadanos más destacados. Estaba el estamento municipal, la familia del homenajeado, público y, desde luego, nos sentimos con el deber de acompañarlo en este emotivo momento, junto al escritor Manuel Quevedo Méndez.
Tengo a mi lado, junto al teclado, la biografía de don René: maestro, escritor, esposo y padre, impulsor de varias obras y destinatario de otros reconocimientos. Una vida, como dice Ortega y Gasset, “en ningún momento desperdiciada”
Pero además, ha sido hombre de acciones y decisiones, que le han costado más de un mal rato. Lo sabemos. No hace mucho, ante una publicación, acudimos una tarde a su casa, para sostenerlo antes ciertos dardos lanzados hacia él. Le dijimos, “En la vida pública hay que tener el cuero duro”. Nos lo advirtió el entonces Alcalde Jaime Yáñez Lara hace cuarenta años cuando llegamos al Municipio de Villa Alegre, desde el anónimo cargo de Profesor del Liceo de Niñas de Linares. Nos permitimos ahora, recordárselo, como así también a su esposa, doña Teresa.
Tiene un amigo querido y fraterno: don Alfonso Astete Bascuñán. A ese dúo llegamos hace dos o tres años con Manuel Quevedo Méndez, para juntarnos periódicamente, alrededor de pan amasado, chancho en piedra, queso fresco y la palta que las manos de doña Teresa hacen maravillosamente. Se comenta el quehacer, se analizan comportamientos (“nosotros no pelamos – decía Pedro Olmos cuando nos juntábamos en las tertulias de El Heraldo, los sábados - sólo analizamos comportamientos”). El grupito ha tomado el nombre de “la cofradía”.
Don René es de carácter sincero y abierto, pero suele enojarse ante actitudes que ofenden las lealtades. En eso es insobornable. Y lo es porque él también ejerce esas virtudes en plenitud. Ha dado pasos audaces en el largo proceso que desembocó en la publicación de la Historia de Linares. En ello fue claro y categórico. Y pudo haberse equivocado. Pero corrió el riesgo.
Ni una seria enfermedad le ha hecho bajar la guardia. Lo vimos en su momento más preocupante y ahora saliendo a flote con su ánimo jovial, bromista y alegre. Porque no hay antídoto mejor ni medicamento más preciso que el que nos da nuestro propio ser.
Con Manuel Quevedo, que como buen cronista es hombre conocedor de todo Linares, de cada familia y definidor inequívoco de caracteres y situaciones, somos sus asiduos. Cuando aparece algo en la prensa que puede molestarlo, hacemos votos porque no lo lea. Pero ello inevitablemente llega a sus ojos y sabemos su reacción. En otros tiempos, habría enviado los padrinos un desafío a duelo con pistola o espada contra su oponente. Pero Manuel, con calma y mesura, le dice, “Déjelo pasar don René”
Y don René asiente….Pero no sabemos si piensa igual doña Teresa.
Solidario y leal camarada de sus colegas, se hace un espacio para visitar a los maestros Troncoso Leiva, ya centenario, y Sergio Monje Solar. En su discurso de la entrega del premio, pidió al Alcalde que el recordado docente de Artes Plásticas pudiese volver a Linares.
Ha hecho del estudio una virtud. Lee, escribe en la prensa y en revistas digitales, sigue perfeccionándose conforme sus postulados laicos. Una vida en ese pensamiento lo hecho conciliar las virtudes humanas con los necesarios defectos. Por ello tolera y trata de seguir la senda que le indica la razón.
Tiene anécdotas, muchas y muy notables, de sus clases en Villa Alegre hace casi medio siglo, de sus andanzas por las diversas escuelas a los que les llevó el ejercicio de su profesión. Ha logrado la construcción de establecimientos y es uno de los fundadores del liceo nocturno. Es un profesor de Historia con otros tantos episodios en su fecunda vida.
Más que su currículo, denso en quehaceres y acciones, por sobre sus premios y reconocimientos, hemos querido hablar del hombre íntegro y valeroso que es don René: de cómo ha luchado contra los males y ha atesorado bienes espirituales, de la amplia amistad que ha sembrado en los surcos de la vida y, aun cuando no todas fructificaron, otras crecieron fuertes y saludables.
Lo decía don Antonio Machado, cuando quería estampar la esencia de su vida, en sus “Retratos”:”: …Y más que un hombre al uso que sabe su doctrina soy, en el buen sentido de la palabra, bueno”

JAIME GONZALEZ COLVILLE
ACADEMIA CHILENA DE LA HISTORIA

Prensa El Heraldo | Imprimir | 251
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