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El Diario del Maule Sur
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Nacional 20-07-2019
El fin de 130 años de historia: El paso de las Carmelitas Descalzas por Viña del Mar
En el siglo XIII, el monte Carmelo cobijó a un grupo de hombres que optó por vivir una vida de soledad y oración, tal como lo hizo el profeta Elías. Y fue este estilo de vida el que motivó a que en el siglo XV se conformara la rama femenina del Carmelo. Desde el monasterio de la Encarnación en la ciudad española de Ávila aparece Teresa de Jesús, quien fundó en 1562 las Carmelitas Descalzas en dicha ciudad.
Más de un siglo después, los habitantes de Santiago de Chile pidieron en 1690 la presencia de las Carmelitas Descalzas en Chile, a causa de las profanaciones cometidas en La Serena por el corsario Bartolomé Sharp. Así, el 6 de enero de 1690, se fundó canónicamente el primer Carmelo en Santiago: el Monasterio del Carmen de San José. En dicho convento, nace el deseo de expandir los Carmelos en el país. Se comienzan a preparar en un noviciado aparte a las futuras monjas de un nuevo monasterio que se ubicaría en Viña del Mar. Así, el 22 de junio de 1889, llegaron las primeras hermanas a la Ciudad Jardín. Dificultades en el camino Dos años después de abrir el convento, la guerra civil de 1891 provocó, a causa de la cercanía con las tropas combatientes, que el monasterio se trasladara temporalmente a Valparaíso. Pero el terremoto de 1906 destruyó la sede, por lo que las hermanas tuvieron que trasladarse al monasterio de San José en Santiago.
Tres años tardaron en recaudar los fondos para volver a Viña del Mar. En 1909, la comunidad se consagra al Sagrado Corazón de Jesús, con la guía del padre Mateo Crawley. Sin embargo, sólo dos años después, un incendio termina nuevamente con el convento. Tras el siniestro, las Carmelitas se trasladaron a la actual sede en calle San Miguel, ubicado en el sector de Agua Santa de Viña del Mar, en la esquina con calle San José Ote. 130 años de servicio Una vida de respeto y de convivir en comunidad, bajo el camino de la Iglesia y las enseñanzas de Santa Teresa, es lo que incentivó a las hermanas durante años en la misión de cumplir la voluntad de Dios. Incluso, llevaron a cabo la fundación de los conventos de Curimón y de San Bernardo.
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