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El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
Hoy
Opinión 13-03-2019
El hombre agresor y sus guerras (Parte I)
Estimados lectores, es bueno que comencemos a leer una serie de artículos relacionados con el significado, intenciones, ambiciones, tragedias, costos y sacrificios de las guerras, y reflexionar sobre este drama humano que se ha presentado, se presenta y se presentará siempre en las historias humanas y que muchas veces las provocamos, las incentivamos o nos hacemos partidarios de ellas, pensando en que otros vayan “a la guerra por nosotros o por nuestros hijos”, y paguen el costo sangriento de estos miserables acontecimientos.
En estos momentos estamos angustiosamente expectantes porque puede haber una invasión de EE.UU. y Colombia a Venezuela, viendo con asombro que muchos adhieren a la idea de esta guerra, no pensando en la soberanía y autodeterminación de cada país, la no intervención en los asuntos internos de un país, la solución pacífica de las controversias, el respeto a los Derechos Humanos y las determinaciones de organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas en preservar y respetar estos principios ya descritos y la paz entre los pueblos.
-“Yavé dijo a Caín, ¿Dónde está tu hermano Abel?”, y él le respondió: no lo sé, “¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?”.
-"Entonces Yavé le dijo ¿Qué has hecho?, habla la sangre de tu hermano y desde la Tierra grita hasta mí" (Génesis 4, vers. 9,10).
Los seres humanos han recurrido a la guerra, como recurso persuasivo, agresivo y final a sus querellas o como medio de imposición llevado por su orgullo, avaricia, egoísmo o simplemente para ocultar su debilidad.
Desde los albores de la civilización, el ser humano vio a su semejante como un rival, si éste era más débil, le mató y si era más fuerte, construyó una empalizada o un bastión para defenderse.
¿Es éste el sino del hombre? Una predisposición que incita la creencia de que el hombre es agresivo por naturaleza.
Las otras especies miembros del reino animal se limitan, generalmente, a manifestaciones de agresividad, pero raras veces se matan entre sí. El ser humano, por el contrario, pareciera carecer de tales escrúpulos y ha puesto en práctica a menudo, políticas deliberadas de genocidio.
Pretender hablar de la guerra es una tarea difícil y quizás es el tema más amargo de tratar por ser de naturaleza violenta y sangrienta y que además no existen recursos válidos para su explicación.
Los psicólogos modernos opinan, no obstante, que aún cuando el comportamiento agresivo forma parte de nuestra herencia animal, la guerra NO ES UNA FACETA INSTINTIVA, PERMANENTE E INCONTROLABLE de la naturaleza humana, porque la gran mayoría desea vivir en paz.
Mucho se ha escrito y pensado relacionado con la guerra, y para ilustrar lo anterior veremos a futuro algunos apologistas de la guerra y pensadores contradictores de ella, desde La Biblia, El Corán y El Sun Tzu, hasta los guerreros y pensadores contemporáneos.
La guerra como hecho social, se relaciona con todos los aspectos de la sociedad y sus consecuencias trágicas llegan a todos los miembros de la comunidad involucrada.
Al vivir el hombre dentro de una organización social, hace que desde sus inicios surjan en estos grupos, diferencias de ideas, diferencias religiosas, lucha por bienes, honores, atribuciones o derechos, defensa de intereses personales, predominios de minorías de gran poder económico, imposición de ideologías, conservación de privilegios, reacción a los cambios, etc., donde se originan los conflictos toda vez que no existe el espíritu de solucionarlos o que el BIEN COMÚN resulte imposible de compartirlo.
De esta forma vemos que la existencia de conflictos es inherente a toda sociedad, siendo un hecho real dentro de todo grupo social, existiendo diferentes tipos y gradaciones en él, desde las más triviales y del diario vivir o de la coyuntura de trabajar por obtener solamente un poco de comida, hasta los más difíciles de carácter nacional e internacional, siendo un camino o “vía de solución” a la que se recurre, cuando todas las demás vías se han cerrado, y es entonces cuando a esta vía, cruel, violenta y sanguinaria la llamamos “guerra”.
Detrás de la guerra y responsables directos de ella están los planificadores de ella y sus seguidores, que son los fabricantes de armas, traficantes, vendedores, líderes inescrupulosos, seudo reivindicadores sociales y los que se llaman a sí mismos "LOS PROFESIONALES DE LA GUERRA", es decir los que visten uniformes.
Como epílogo de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, en agosto de 1945 lanzó dos bombas atómicas sobre Japón como un modo disuasivo para terminar pronto la guerra.
Han pasado más de setenta años y surgen cuestionamientos históricos y morales sobre este terrorífico actuar de la dirigencia norteamericana.
El presidente de los EE.UU. Harry Truman dio la orden de lanzar dos bombas atómicas sobre Japón. Más de 100.000 japoneses murieron calcinados de inmediato y otras 250.000 personas fallecieron por las secuelas. Las mutaciones genéticas por la radiación persisten hasta hoy (inicios del siglo XXI), y serán transmitidas a generaciones futuras.
La justificación de Washington fue que “gracias a las bombas nucleares, pudo obligarse a Japón a rendirse, y que se evitaron “muchas muertes”.
Hoy se sabe que los japoneses estaban listos para capitular, y sólo pedían garantías para su Emperador.
En 1950, el colaborador de de Truman, el almirante William D. Leahy, dijo que “la bestial arma nuclear” fue innecesaria, Japón estaba derrotado y aislado por un efectivo bloqueo naval y bombardeos convencionales.
Surge entonces la idea que fue un acto de revanchismo y castigo a Japón por el ataque a mansalva a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, por parte de la Armada Japonesa.
EE.UU., el país de la “libertad” y de la “democracia” es el único que ha usado la bomba atómica, ejerciendo ese terrorífico medio de poder, de acuerdo a lo que ha sido su historia de fuerza en su política exterior. El “Destino Manifiesto” dictado por los padres fundadores incentiva a conquistar los dos océanos, convertirse en amos de América, y lanzar el status de potencia mundial, objetivo que lo ha logrado con creces, gracias a las innumerables guerras que ha provocado después de la Segunda Guerra Mundial, cuyo resultado ha sido millones de muertos, países y ciudades destruidas, apoderamiento de las riquezas naturales de esos países y que a la fecha no ha demostrado ningún arrepentimiento de ello. (Continuará).
Carlos Cabezas Gálvez Escritor y ensayista
Prensa El Heraldo | Imprimir | 384
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