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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 18-07-2019
El hombre agresor y sus guerras (Parte XIII)
MANIFIESTO DE PAZ
Desde los átomos primordiales de hidrógeno, en los inicios del tiempo y del espacio, los que inyectados de una gran energía se fueron fusionando entre sí, se fueron transformando, en una evolución inorgánica, en elementos químicos más y más complejos para formar a través de millones de años, nuevos elementos químicos y compuestos inorgánicos estelares, los que, en un período universal más breve, formaron en condiciones de biogénesis ideal, los primeros seres vivientes unicelulares, para seguir el gran paso hacia los vegetales y animales, iniciándose la gran cadena evolutiva orgánica, para culminar en el hombre, y así alcanzar la gran etapa de la cosmogénesis: la Inteligencia para culminar en la Consciencia.
El hombre ahora está dotado de conocimiento y reflexión para continuar la obra creadora de Dios, quien, respetando la libertad y la dignidad de los hombres, nos legó el libre albedrío, y la oportunidad de respetar y redimir su medio ambiente en nuestro tránsito por la buena tierra, hasta estos tiempos en que estamos en el umbral de la conquista del espacio.
Somos el fenómeno humano, el que probablemente ha llegado al final de la evolución biológica y física, y está traspasando el umbral de nuevas perfecciones en un dominio del todo diferente: la evolución del espíritu. La probabilidad de que la naturaleza humana llegue a ser menos “animal” y más “espiritual” es aceptada por los pensadores contemporáneos y es subyugante de que así suceda esta posibilidad de un proceso permanente de perfección espiritual.
“El universo está en una constante evolución y el hombre es el eje y centro de ella, y esta evolución, está dirigida por el Espíritu”, nos dice Pierre Teilhard de Chardin”.
Nuestras manos están formadas por polvo de estrellas de millones de años atrás y ellas son nuestro nexo entre el pasado y el futuro, que depende de lo que hagamos con ellas.
Pero esta maravillosa evolución, que culmina con estadios superiores del pensamiento humano, es retrasada por algunos factores.
Algunos de estos factores son la ambición, la violencia y el belicismo que hacen que nuestras sociedades se detengan en alcanzar esta capacidad de evolución en razón a la cantidad de inteligencia disponible. Se desvirtúan los valores, se cae en apologías bélicas y se crean los estados de inseguridad entre los países que conlleva a guerras y conflictos, habiendo muchos responsables en la historia.
Se requiere una gran REVOLUCION MORAL para desterrar a los señores de las guerras y sus conflictos.
En este siglo hemos conocido grandes hombres justos, como Martin Luther King, Mahatma Gandhi, Albert Schweitzer, Sor Teresa de Calcuta, Nelson Mandela, y en el caso de Chile, Andrés Aylwin Azócar, que son ejemplos de paz y de amor, y que con su ejemplo moral y espiritual nos dan la esperanza para la nueva era. Nuestro querido Padre Pierre Teilhard de Chardin nos alienta con su gigantesco pensamiento que, contra un derrotismo difundido, la humanidad se encuentra sólo a principios de su desarrollo. Que el mundo tiende ineluctablemente a una unificación y que la humanidad se irá aproximando cada vez más a las metas de amor y justicia. La fe de Teilhard en el progreso no significa, por esta razón que éste pueda realizarse sin pensar en la vida misma, en el hombre mismo, antes bien, que depende exclusivamente del libre albedrío humano, y que esta libertad entraña constantemente el peligro de un descarrío "-cuando más poderosa y juvenil es una energía, más equívoca y peligrosa resulta también en sus efervescencias. Y demasiado bien lo estamos viendo en el mundo en este momento-" (El porvenir del hombre).
Teilhard está convencido, además que la humanidad no sólo está amenazada durante una crisis de transición como la actual, sino que internamente seguirá estando siempre amenazada, aunque haya superado la crisis actual y haya penetrado por completo en la era industrial y tecnológica.
Teilhard está profundamente convencido que Cristo, redimió no sólo al individuo, sino a toda la humanidad y con ella a todo el cosmos, por lo tanto, existe esperanza para este mundo y la humanidad. En Cristo quedó fundamentalmente vencido el mal y así se creó la condición previa para un ilimitado progreso de la humanidad. La libertad humana puede conseguir realmente un mundo mejor, porque la gracia es más fuerte que la esencia pecadora del hombre. Hasta entonces la humanidad seguirá el camino de la espiritualidad, constantemente creciente, calidad que va acompañado con el crecimiento de la libertad y la evolución de la inteligencia y de la consciencia, con nuevas formas más elevadas del pensamiento, de paz, respeto, dignidad, solidaridad y del amor.
En el ínterin, la humanidad en su afán de progreso y desarrollo material lanzados en una civilización del deseo y del consumismo, tras el derrumbe del comunismo en Europa Oriental, avanza hacia un gran colapso. El modelo capitalista con su visión de desarrollo empresarial, donde el capital está separado del trabajo, no es la respuesta a la humanidad. Basta observar las grandes diferencias entre los países ricos y pobres, entre gente pobre y rica. Los grandes problemas ecológicos que están azotando la Tierra es justamente consecuencia por los sistemas capitalistas de explotación indiscriminada sin tomar en cuenta al hombre como persona, con su dignidad y a su medio ambiente como entorno lleno de vida.
No es el crecimiento económico el que engrandece a los pueblos, sino la dignidad de como vive su gente.
Y entonces ya no serán necesarias las fronteras ni los ejércitos. Ya nadie temerá del otro, ni se sentirá superior por su dinero, sexo, color o raza. El amor será la principal manifestación del hombre, seremos libres de las máquinas, reglamentos, consumismo, deseos, publicidad, televisión. Habrá justicia social y la solidaridad hermanará a hermanos, pueblos y naciones. Hermanará al progreso con el hombre y su medio ambiente y la familia volverá a ser el núcleo central y constructor de la nueva sociedad.
Ernesto Sabato, el gran escritor argentino nos centra con su pensamiento. "¡Claro que sí! Las utopías son futuras realidades. Si los realistas (de hoy) son los que están especializados en destruir todo género de realidad: han destruido mares, ríos, han convertido las aguas en insalubres, han destruido especies enteras, están destruyendo la Selva del Amazonas que da el sesenta por ciento del Oxígeno mundial...Y lo que es peor, ¡están destruyendo el alma del hombre, el alma del adolescente que se entrega a las drogas!
Entonces ¡Creamos de nuevo en los utopistas!
¡Crean un poco en este anarquista cristiano!" (fin de la cita).
Para aquel entonces, como nos dice Teilhard, cuando llegue ese momento, la humanidad habrá avanzado ya en los campos de la espiritualización que ya nada le afectará la inhabilidad del universo, pues Dios será todo en todos.
Es nuestra misión y obligación respetar la dignidad de las demás personas, el medio ambiente y sus bondades para vivir en paz fraterna.

Carlos Cabezas Gálvez
escritor y ensayista
Prensa El Heraldo | Imprimir | 468
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