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El Diario del Maule Sur
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Opinión 22-11-2020
EL HOSPITAL DE LINARES Y SU PERSONAL
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Hay que verse en apuros para apreciar lo que se tiene. Las críticas son fáciles, más aún si se formulan a la distancia y la urgente necesidad no apremia. Pero, cuando el peligro amenaza; cuando el dolor muerde; cuando la angustia agita sus alas negras y nubla la conciencia; cuando el sufrimiento propio o del ser querido parte el alma… ¡ah!.. Entonces valoramos debidamente a aquellos que en la aflicción nos tienden una mano amable, comprensiva, solidaria, salvadora.
Mi familia es numerosa y compuesta de muchos jóvenes y niños, de modo que con cierta regularidad nos ha sobrevenido la necesidad de partir corriendo – en el momento menos pensado – a la URGENCIA del Hospital de Linares. La última vez fue hace pocos días atrás, fin de semana : una quebradura expuesta en una pierna, dolorosísima, con una gran herida exterior, sufrida por uno de mis hijos, para quienes los caballos y las actividades camperas no son una afición sino una pasión más fuerte que cualquier otra.
¡ A URGENCIA del Hospital de Linares…! resonó entre gritos y carreras de muchos , la voz de orden inmediata y, en cosa de minutos (sin faltar demasiado a las sagradas reglas del tránsito), llegamos hasta la puerta de NUESTRO HOSPITAL. (Adviértase que digo “nuestro”, porque así lo siento).
Desde antes de cruzar la puerta comenzaron los gestos de cariño del personal de urgencia por el muchacho que llevábamos accidentado. Que la camilla; que hay que bajarlo con mucho cuidado; que hay que estabilizarlo; que la sedación; que el Doctor de turno; que las enfermeras… es decir, todo un equipo humano, “de capitán a paje”, poseído de una preparación profesional de excelencia pero, por sobre todo, de una vocación de solidaridad que no debiera temerse llamar como una vocación de amor por el que está sufriendo.
Sumado a lo anterior – como si todo ello no fuera suficiente – el orden y la higiene interior, el cuidado de los medios, la disponibilidad de los remedios inmediata, permitían comprender con solo observar el buen estado de funcionamiento de nuestro principal centro de salud pública.
Y, como si lo dicho fuese poco, debo añadir otro rasgo particular de gran trascendencia: la perfecta y respetuosa integración de profesionales de distintas nacionalidades latinoamericanas que, en ese momento de dolor, uno puede observar como si fuésemos todos ciudadanos de una sola gran patria grande hispanoamericana. El Doctor que dirigió la intervención en nuestro caso, es de origen venezolano, lo que equivale a decir (¡reconozcámoslo ¡) una persona cuya cultura se deja sentir con el mayor de los agrados con solo oírles hablar de aquel modo distinguido y fino con los que, de Arica al norte, lo saben hacer los de aquellas tierras.
¿Por qué – me pregunto – no se dicen, no se escriben, no se proclama por todos nosotros estos valores inapreciables que nos prodigan en silencio los funcionarios de nuestra salud pública y sus directivos superiores?...
¿Por qué nos hemos vuelto tan ingratos, tan indolentes, tan críticos, tan ácidos, cuando nunca antes fue este el verdadero espíritu de nuestra comunidad?...
De parte de mi familia y mío yo quisiera a través de estas líneas decir (y gritar si fuera necesario) : ¡ Gracias… muchas gracias! a todos aquellos médicos y funcionarios que en nuestro hospital se encuentran cada día, cada noche, vigilantes y prestos para atender a todos los que debemos o podemos llegar en el momento menos pensado enfrentados a una prueba de dolor.
Sí… yo y los míos nos sentimos orgullosos de nuestro Hospital de Linares y de quienes lo integran con abnegación y amor por el prójimo ejemplares. Quedo seguro de interpretar los sentimientos de muchos linarenses con estas palabras.



Luis Valentín Ferrada V.

Prensa El Heraldo | Imprimir | 529
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