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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 05-08-2020
El pescador de perlas
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Había un pescador de perlas que vivía en las costas griegas. Durante años el pescaba perlas, bajando hasta los 18 metros, que era la máxima profundidad que lograba descender en apnea, pues no utilizaba traje de buzo ni mucho menos oxígeno. El asunto era que desde los 18 metros que como ya se señaló este pescador lograba descender, él visualizaba una saliente rocosa donde divisaba algo que parecía un gran volumen de perlas de impactante tamaño y gran brillo. Su experiencia lo llevaba a dimensionar ese tesoro a no más de 5 metros desde donde él lograba descender, es decir calculaba que estaban a 23 metros, profundidad que como ya se dijo, le resultaba imposible alcanzar. Pasó el tiempo y el pescador continuó descendiendo en busca de sus perlas, logrando de tarde en tarde encontrar alguna cuya venta le servía para alimentar, con mucha estrechez a su familia por varios meses. Siempre divisaba aquellas perlas que estaban a 23 metros y se decía, “si tuviese un traje de buzo y un compresor podría bajar a buscarlas y mi vida y la de mi familia cambiaría para siempre”. Nunca le había contado su secreto a nadie, pues temía que se lo robaran. Un día se enfermó y su esposa, no teniendo dinero para comprar medicinas, recurrió a un amigo de su esposo, a quien no obstante su amistad, tampoco le había contado sobre las perlas. Este amigo le compró las medicinas y al cabo de unos días, el pescador de perlas se sanó. El pescador de perlas, ya sano pero sin dinero para pagarle lo gastado en sus remedios, fue a verlo un día, para darle las gracias y prometerle el pago en cuanto pudiese. El amigo le señaló que no debía preocuparse pues para eso era que estaban los amigos, para ayudarse. El pescador de perlas, muy conmovido, le señaló, “amigo, te estoy muy agradecido y hoy te contaré un secreto”, pasándole a contar lo de las perlas que él veía a 23 metros y dándole señales precisas de dónde éstas se encontraban. El amigo no demostró gran interés y el pescador de perlas pensó que debía ser que no le había creído. Al cabo de muy pocos días, el pescador de perlas se enteró que su amigo había heredado una gran fortuna de un tío que al morir le dejó todo su dinero y muchas propiedades. Pensó en ir donde su amigo a felicitarlo, pero concluyó en lo inconveniente que eso sería ya que podría pensar que lo buscaba tan sólo por interés. Pasó el tiempo y el pescador de perlas envejeció, enfermó y murió, muy pobre tal y como siempre vivió. Su viuda le organizó un funeral, muy humilde pues ya está dicho, no contaba con dinero para algo mejor. Concurrieron sus familiares y amigos más cercanos a rendirle al pescador de perlas un último homenaje. Entre ellos el amigo que se había enriquecido con la herencia de su tío. El funeral de estilo griego, terminó con la enorme pira de leños donde en la cima se deposita el cadáver del fallecido. Todos tomaron vino pues a pesar de lo precaria de la situación económica de la viuda, el mosto local no podía faltar. El amigo ya entrado en copas se acercó a la viuda señalándole, “tu una vez me pediste dinero para comprar las medicinas que ese hombre que se incendia ahí, necesitaba”, “pues jamás me lo pagaron, ni tu ni tu esposo”, “bien, hoy quiero decirte que les perdono la deuda y que en memoria de ese hombre que se incendia ahí y que se decía mi amigo, te obsequio estas diez perlas que te deben alcanzar hasta que tus hijos sean mayores y puedan cuidar de ellos y de ti”. Dicho esto y pasándole a la viuda las diez perlas, se marchó.
Este es un cuento que escribí hace ya bastantes años y que si bien, su modestia literaria se hace evidente, no pueden ustedes imaginar cuántas veces ya me sirvió en labores formativas. Efectivamente, siempre encuentro una forma de hacer uso de él, dado que al igual que esas pinturas donde los ojos de los retratados parecieran seguir a los observadores en sus desplazamientos, este cuento tan modesto me sigue con los múltiples enfoques de análisis que de él se desprenden. Esto como ya señalé, me resulta absolutamente práctico y útil en mis gestiones formativas.
Bueno amigos, me estoy imaginando que ustedes pueden estarse preguntando “pero qué tiene que ver esto con el turismo, que es el tema habitual de este personaje, ¿acaso nos quiere vender tours a las costas griegas?”.
Les aclaro entonces cuál es mi intención.
El turismo no es un fin, sino que es un medio. Un medio de generar desarrollo para una comunidad, para una región y para un país. Efectivamente el turismo es parte de lo que se conoce como “Desarrollo Productivo”, concepto políticamente tan “manoseado” y que en el caso de Linares se hace aún mucho más evidente.
Soy de las personas que creemos firmemente que la educación y el trabajo, son los únicos medios que dignificando al hombre, le permiten surgir y conseguir planos de mayor “igualdad” (otro término manoseado) dentro del ámbito comunitario.
El turismo de Linares sin duda alguna son las perlas que mucho antes que yo (y que ustedes), hombres visionarios identificaron, algunos explotaron con éxito, pero en la práctica pocos se beneficiaron. Los “pescadores de perlas”, por lo tanto, son esos cientos de personas que se ven frustradas al no contar con los medios y las capacidades para extraer del mar de las oportunidades los recursos para su desarrollo y el bienestar de sus familias.
Me pregunto y les pregunto entonces, ¿No creen ustedes que llegó el momento de verdad cambiar eso?.

(Ricardo Álvarez Vega, contador auditor)
Prensa El Heraldo | Imprimir | 599
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