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El Diario del Maule Sur
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Opinión 05-04-2020
El retorno de lo salvaje
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Tres pumas bajaron de la precordillera al sector habitado de Santiago en días pasados. Los ejemplares aparecieron donde la ciudad se encarama hacia los faldeos montañosos. Los animales salvajes (término que significa “vivir en libertad, no domesticado”) no llegaban a terreno desconocido ni extraño. En esas praderas y riscos de antaño, hoy bajo dominio del hombre, cazaron y vivieron sus ancestros. Pero los fueron arrinconando con casas, bocinazos y ocupación humana y cada vez perdieron más espacio vital.
Desde lo alto de los cerros, los felinos debieron ver de pronto y sorpresivamente, todo vacío: ni luces de coches, gritos o seres humanos. Entonces, creyendo recuperado su viejo hábitat, descendieron pausadamente. El puma es un animal solitario e instintivamente evita a las personas.
Por esos mismos lugares, en otra tarde, planeó un cóndor. Tal vez buscando los pequeños mamíferos ya extinguidos que su ojo avizor vislumbraba desde la altura. No vaciló en posarse, con propiedad y soltura, en la reja de la terraza de un departamento. Sin duda extrañó las rocas de los acantilados. Pero desde allí oteó el horizonte como en edad remota.
Yendo más lejos, los cisnes y aves nadadoras volvieron a los canales de Venecia, cuyas aguas se tornaron cristalinas y desde donde habían emigrado en distantes años. Unas cabras de monte, descendieron a una ciudad de Gales a pastar en la plaza. En Argentina ejemplares de guanacos bajaron a Puerto Pirámides.
En los alrededores campesinos de Villa Alegre, donde vivo, han aparecido loros tricahues, lloicas y peucos. Tal vez algunos cernícalos y choroyes, que también fueron expulsados por el avasallador hábito colonizador del hombre.
Por aquí cerca, camino a Cauquenes, están los humedales de Name. De igual forma, se han incrementado especies que se creían extinguidas: el halcón peregrino, la tagua de río, etc.
El Padre Alonso de Ovalle recordaba a las bandadas de pájaros que en la primavera bajaban a picotear granos en los huertos del convento de San Francisco o en las chacras de las calles Ahumada, Alameda o Santa Rosa, entonces polvorientas sendas de una ciudad pretérita.
Esto demuestra que en la naturaleza, la fauna, nunca olvida. Así pasen las generaciones, su entorno, usos y costumbres se quedan en su instinto. Decenas de años más tarde, cuando nos parece que en el suceder silvestre las costumbres cambian, de pronto, ante circunstancias como las que hoy se viven, los animales, aves y mamíferos, de todo tipo, se asoman a lo que fue su medio. Es el hombre el que ha retrocedido.
Hace años que no veía pasar bandadas de tordos hacia la precordillera, en ordenados grupos, con agrestes chillidos. Pero las pude advertir hace unas tardes. Seguramente cambiaron su rumbo, perdidos en el tráfago que impuso desde hace mucho, la humanidad. Pero de pronto volvió el silencio a sus oídos alertas. Y si bien no son los tordos de hace cuarenta o cincuenta años, su maravilloso instinto lo hace volver a trazar la ruta hacia los árboles cordilleranos donde pernoctan.
Los pidenes de los crepúsculos, el pudú tímido y veloz, la paloma torcaza que se suponía extinguida, aletean entre los árboles o cruzan los caminos del campo, advirtiéndonos, quizás, que la hora presente debe inquietarnos y la naturaleza está avanzando sobre lo que fue suyo.
El puma que todos vimos en los informativos, no atacó, no agredió ni causó temor. Ya acorralado dio un salto de increíble agilidad y se refugió en una casa. Fue devuelto a su hábitat, pero él estaba cierto que su medio era - o fue – ese. Y sólo volvió por él.
El que los pingüinos, alejados de los polos por la falta de nieve, estén volviendo a ellos debiera ser un signo del mayor interés. Y que el anhídrido carbónico haya bajada en un porcentaje que cinco conferencias mundiales no lograron, es también señal potente. Francis Bacon escribió: “sólo podemos dominar la naturaleza si la obedecemos”, pero San Agustín fue aún más profundo: “La naturaleza es la mejor maestra de la verdad”.
Sin duda, es el retorno de lo salvaje, pero también de las verdades profundas que el hombre de hoy olvidó.
Después de superada, con la ayuda del Creador, esta hora difícil que vive la humanidad, ésta ya no será la misma. No podría serlo.

JAIME GONZALEZ COLVILLE
ACADEMIA CHILENA DE LA HISTORIA
Prensa El Heraldo | Imprimir | 6796
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