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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 05-09-2019
El retorno de los restos de Valentín Letelier a Linares
(Fragmento de la charla “Vigencia de Valentín Letelier” dictada por el autor en una Universidad privada de Santiago en el pasado mes de agosto)
Se ha inaugurado la estatua de Valentín Letelier en el frontis de Liceo de LInares. Hace 25 años, sin embargo, si bien se sabía de su obra, Linares poco había hecho por su recuerdo.
Es fines de 1993. La villa está ad portas de su segundo centenario. Nos encontramos casualmente con el Alcalde Sergio Sepúlveda Corvalán que ha inaugurado la nueva era de las municipalidades elegidas por el voto ciudadano. Conversamos sobre lo que viene y le sugiero ver la opción, tal vez, de traer de vuelta los restos del sabio. La autoridad acepta, pero me pide una nota para tratarla en Concejo. Por esos días, sin embargo, la dirección del Cementerio General anuncia una medida para impedir “la fuga” de ilustres personalidades del camposanto, por cuanto es “el primero de Chile” y donde descansan casi todos los presidentes de la República.
A principios de 1994, el Alcalde Sepúlveda nos manifiesta el total apoyo del cuerpo edilicio a la iniciativa. Días después viajamos a Santiago a “reconocer terreno”, trámite que realizamos en cada ocasión que hemos traído a un maulino de vuelta a su tierra.
El Director del recinto, accede a recibirnos, pero no muestra mucho interés en dar las autorizaciones. Sin embargo, por tratarse de uno de los municipios importantes de Chile, da paso a las diligencias previas, que no son pocas: servicio de salud, ubicar el expediente de defunción, visto bueno de familiares directos, fijar reunión con sanidad ambiental, etc.
Pero, ese día, con la ayuda del Jefe de Operaciones del camposanto, don Juan Elzo Martínez, abrimos el añoso mausoleo de los Matta, donde descansan los huesos del sabio. Al entrar, advertimos con asombro y pesar que de los veinte y tanto nichos, sólo dos o tres tienen lápidas. Determinar cuál es el de Letelier implica una búsqueda que se entrampará en la maraña burocrática, por cuanto la resolución de Sanidad, es para abrir una sola tumba y, si se necesitan otras acciones, hay que renovar los trámites. La situación se vuelve misión imposible.
Pero don Juan Elzo, hombre con respeto por la cultura, resuelve el tema: “Mire – nos dice reservadamente– fije Ud un día y yo dispongo de operarios para revisar cada nicho. En alguno debe estar”.
Logramos ubicar al descendiente directo de Letelier, don Juan Gonzalo Reyes Arteaga, bisnieto por la línea de su única hija Beatriz Letelier casada con don Patricio Reyes Solar, quien es agricultor en la sexta región. Extiende la autorización y nos dice estará presente en la exhumación.
El día definido llegamos temprano al Cementerio General, en compañía de Gustavo Retamal Pérez, colega nuestro en la Municipalidad de Villa Alegre y quien ha sido eficiente colaborador en estos trámites “exhumatorios”. Al arribar nos encontramos con un equipo de televisión que ha viajado desde Linares.
Cerca de las diez de la mañana, junto a dos o tres operarios, se inicia la búsqueda de los huesos de Valentín Letelier. Por las fotografías de su sepelio, se sabe cómo era la forma de la urna y que debió ser sepultado en la parte alta. Se abre un nicho con picotas y golpes de combos. Empieza a salir polvo que llena el recinto. La urna corresponde a una niña, tal vez adolescente, quien conserva una diadema y vestido de seda. Se continúa en la destrucción de lápidas; uno de los féretros parece pertenecer al poeta Guillermo Matta. Hay otro de un desconocido, que pudiera ser Letelier, pero no coincide con la urna. En uno de los nichos, al sacar la tapa, aparece una corona de flores tan fresca como si estuviese recién puesta, pero diez segundos más tarde se transforma en polvo ante nuestros ojos. Uno de los operarios, con años en el oficio, nos dice que es común suceda eso, toda vez que la falta de aire actúa como ambiente de conservación. Van seis nichos y don Valentín no está. O al menos no lo identificamos.
Cerca del mediodía se hace un alto. Los trabajadores aceptan seguir sin interrupción. El bisnieto del sabio, don Juan Gonzalo Reyes conversa con el equipo de prensa y dice sentir vergüenza por lo que sucede, toda vez que su familia nunca se preocupó de determinar el lugar de la tumba de su ilustre antecesor.
Sigue la búsqueda. Otras urnas, restos de niños – varios – hablan de las muertes de esos años por tuberculosis. Sólo quedan cuatro y la tarde avanza. Se abre un nicho de una esquina. Aparece una urna sólida. Al extraerla, un trabajador ve la placa de bronce sobre de ella con la leyenda “Valentín Letelier Madariaga” y abajo “19 de junio de 1919”. Bajo las letras, difusamente, hay una escuadra y un compás entrelazados.
Abierto el féretro surge un problema: El cadáver está embalsamado, pero Gustavo Retamal Pérez soluciona con presteza el inconveniente y los restos se depositan en la urna de eucaliptus que traemos. Sobre ella, colocamos la placa ya citada.
No es época de celulares masivos, pero mi vehículo tiene uno portátil. Recibo un llamado de un miembro de las logias masónicas de Linares. Desean rendir homenaje a la llegada de la urna. Saben que será recibido en la Catedral y ello les inquieta. Les pido conversen con la Municipalidad, expresa que ya lo hicieron y los derivaron hacia nosotros. Les digo que me contacten de nuevo en media hora. Ubicamos al Vicario del Obispado Padre Silvio Jara y le explicamos lo que sucede. Comprensivamente, el sacerdote dice que con gusto recibe a la institución laica, sus homenajes y coronas en el templo. Doy esa respuesta a quien me llama luego.
El bisnieto, don Juan Gonzalo Reyes, nos observa que la esposa del sabio no está en ese mausoleo. Nos refiere que cuando supo que don Valentín no era muy creyente, pidió ser sepultada lejos de él, con la inscripción en su lápida que dijese “Pide Silencio y Olvido”. Días más tarde lo comprobamos.
Cerca de las tres de la tarde nos contacta el Alcalde Sergio Sepúlveda y luego Relaciones Públicas del Municipio, recibimos además una llamada del Gobernador Víctor Chávez. Les expresamos que todo está en orden. Sin embargo ya estaban en antecedentes de las angustias de la intensa búsqueda.
A la llegada, en la fría noche de mayo de 1994, los linarenses copan multitudinariamente las calles: bomberos, colegios, en lugar destacado el Liceo de Hombres, donde quedará su tumba. Masonería e Iglesia se saludan cordialmente en la Catedral y luego en el momento de la sepultación: la bendición del Padre Silvio es seguida por la entrega del mandil de Letelier a la Orden laica en manos de don Raúl Balboa. Se ha dado un episodio de inédito encuentro y tolerancia.
Letelier descansa en Linares. Han pasado 25 años.

JAIME GONZALEZ COLVILLE
Academia Chilena de la Historia
Prensa El Heraldo | Imprimir | 288
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