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El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
Opinión 18-02-2021
El “saber” de la juventud
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A sus 18 años, Ignacio Cortés Flores es el candidato más joven del próximo proceso constituyente, pertenece al Partido de Trabajadores Revolucionarios y busca un cupo para la redacción de la nueva Constitución representando al distrito 3 (Antofagasta, Calama, San Pedro de Atacama, Tocopilla, entre otros).
Cortés, aprovechando la coyuntura de los diversos cuestionamientos hacia Carabineros de Chile tras la muerte de Francisco Martínez, malabarista baleado por un uniformado durante un control de identidad en Panguipulli, señaló a CNN Chile lo siguiente: “…que era necesario disolver la policía…” – argumentando- que “dicha disolución sea en base de movilización y en coordinación de asambleas territoriales, donde trabajadores, pobladores y sindicatos seamos quienes nos defendamos”, asegurando, además, que: “hoy los jóvenes estamos informados y sabemos bastante, y deberíamos estar considerados dentro del proceso constituyente”.
– Estos dichos y argumentos no solo hablan de una desmedida confianza al autocalificar a los jóvenes -como él y como yo- de “informados” y “capacitados” para ser candidatos constituyentes y participar en la redacción de la Carta Magna que regirá nuestro país (como si por el hecho de ser “joven” se fuera el “paladín de la razón y el progreso de la humanidad”). Sino también sus declaraciones demuestran poca información acerca del rol de las instituciones de orden público (policía) y el Estado.
En efecto, en la abundante literatura de los siglos XVII y XVIII se estableció la teoría del “contrato social”, que ha sido la base del pensamiento político-filosófico del nacimiento y rol del Estado en occidente. El escrito más conocido sobre este tema es el del filósofo ingles Thomas Hobbes quién, en su libro “Leviatán”, propone que en una sociedad en “estado de naturaleza” (sin un gobierno o Estado) las relaciones entre las personas, guiadas por sus pasiones e instintos egoístas, son las de un “estado de guerra” constante de todos contra todos por la supervivencia. En tal situación, no hay lugar para el progreso, la cultura y las leyes, al contrario, lo único que existe es un continuo miedo, ya que hasta la coordinación de grupos de personas para protegerse de un mal inminente – como lo propone Ignacio Cortés al promover “asambleas territoriales” como método de seguridad en desmedro de la policía y del Estado- puede ser en cualquier momento una muerte violenta en manos de otros individuos.
De estas condiciones de vida, brutales y desagradables, nace un tipo de acuerdo entre las personas (un “contrato social”) para salir de este estado de conflicto permanente y establecer la paz. Así, cada individuo renuncia a sus impulsos o libertades naturales y se las entrega a un soberano absoluto llamado Estado, poseedor del monopolio de la fuerza, que junto a otras instituciones, entre ellas, las de orden público, son las únicas con la capacidad de resguardar la seguridad y defensa de cada individuo toda vez que, si dejásemos la justicia en manos de cada hombre – como en el “estado de naturaleza” - observaríamos que nadie es buen juez en su propia causa, porque el amor propio hace que los hombres sean suaves consigo mismo ante sus errores y faltas, pero vengativos y duros con el resto cuando se los pasa a llevar.
En consecuencia, cualquier orden social, por “despótico” que nos parezca, es preferible antes que el estado de desorden y anarquía en donde reina la justicia por la propia mano ya sea, de personas individuales o “asambleas territoriales” como señala Ignacio Cortés. Lo anterior, se hace evidente en algunas situaciones, recordemos lo ocurrido el 27-F o el “estallido social”; al darnos cuenta de la nula presencia del gobierno y de la policía, estos hechos produjeron el acicate perfecto para que las personas, que uno las calificaría de “civilizadas”, comenzaran a cometer delitos como saqueos o robos por medio de la violencia incluso hacia sus propios vecinos, los cuales se intentaron defender a toda costa a falta de orden público como si hubieran estado viviendo en el “estado de naturaleza” que nos describe T. Hobbes. Es por ello que debemos tener cuidado y responsabilidad en la elección de las personas que dejaremos a cargo el futuro de nuestro país y por sobre todo los planteamientos que estas enarbolan ya que, en este caso, el intento de disolver el orden social que establece el Estado y sus organismos -como lo promueve con convicción este joven candidato del próximo proceso constituyente- provocaría ese famoso refrán: “A rio revuelto, ganancia de pescadores”.
Prensa El Heraldo | Imprimir | 294