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El Diario del Maule Sur
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Opinión 06-12-2018
Gastón Soublette y el orgullo de ser mapuche
Luis Gastón Soublette Asmussen (Antofagasta, 1927) es un filósofo, musicólogo y esteta chileno. Estudió en el Colegio de los Padres Franceses SSCC y posteriormente estudió arquitectura, egresando de la facultad de Derecho de la Universidad de Chile; después estudió Música y Musicología en el Conservatorio de París. Fue director del Instituto de Estética de la Pontificia Universidad Católica de Chile entre 1978 y 1980, y después continuó como profesor de la misma universidad hasta ahora.
Conozcamos los principales pensamientos de este gran chileno, en relación, al pueblo mapuche:
“¿Por qué valen tanto los mapuches?
Si yo voy a México, veo un arte grandioso, las pirámides de los mayas o lo que pudo haber sido el Cusco, que fue una ciudad grandiosa.
¿Qué tienen que mostrar los mapuches para creerle que realmente valen? Es una explicación bastante difícil.
Porque, entre todos los conquistadores que vinieron a América, a pesar del brillo de las civilizaciones creadas por los mayas, los aztecas, los quechuas, el único pueblo que tiene un poema épico que lo ensalza como gente muy noble que tiene un alto sentido de la libertad y de la dignidad humana que, los demás no tuvieron; porque creo en ese poema épico… y que no existe en México, en Perú, ya que ellos fácilmente se rindieron al poder español.
Porque resistieron tres siglos, en realidad fue más. Para resistir cuatro siglos, eso significa que ellos están defendiendo algo que, para ellos tiene un valor enorme.
Ahora ¿Qué es ese algo?
Ellos no pueden mostrar pirámides ni grandes templos ni observatorios astronómicos. ¿Qué es lo que están defendiendo?
Después de un nguillatún, fui al Parque Conguillío. Voy a tratar de describir lo que estaba viendo en la playa del lago, el lago calmo, en la otra rivera, el bosque de araucarias, algunas de dos mil años se reflejaban en el lago y encima de las araucarias, la cordillera nevada y detrás de mí, el volcán Llaima, ese es uno de los paisajes más grandiosos que he visto en mi vida.
Escribí en el libro de recepción del parque “De tres siglos lavaron la afrenta, combatiendo en el campo de Honor”. Pregunta ¿Qué defendían con tanto ahínco? Me dije, ahora me di cuenta. ¡Defendían el paraíso! ¡Eso defendían! Y eso vale más que las pirámides de Centro América y los templos. ¡vale mucho más! Pero el paraíso. ¡Solamente vegetal, telúrico, astronómico! ¡No! Porque en ese paraíso habitaba un tipo de hombres y esa es su más grande creación. Crearon un tipo de hombre especial, con una sabiduría especial y una forma de educar a las generaciones jóvenes, especial también.
Pensemos cuando los quechuas irrumpieron en Chile y conquistaron la mitad de Chile y llegaron hasta el Maule, no pudieron pasar más al sur. Se produjo diálogo entre ellos finalmente, y los quechuas, eran no violentos, claro que tenían batallas, pero generalmente tenían una actitud más hacia la no violencia. Primero, trataban de convencer a los pueblos que era conveniente incorporarse a su civilización. Entonces lo hicieron también con los mapuches. Invitaron a una delegación de longkos mapuches, muy importante y los llevaron al Cusco y los longkos vieron esta ciudad que debe haber sido una gloria, por lo que uno deduce que debió ser y volvieron convencidos que lo de ellos era mejor. Y que era eso de ellos que consideraban mejor. Esta manera de habitar la tierra insertos totalmente en el orden natural creando un tipo especial de hombres que no se dio en ninguna otra parte.
La obra más valiosa creada por ellos es que pusieron el énfasis en el hombre y no en las cosas y eso es lo que le impresionó a Alonso de Ercilla. Por eso no se escribió una epopeya como La Araucana en ningún otro país.
Si tú te quieres convencer de que esto es así, lee un libro de Filosofía Mapuche, del profesor Ziley Mora Penroz (Editorial Kuche, Concepción, Chile, 2001), donde él analiza el contenido de sabiduría que hay en las palabras más importantes en el mapudungún.
Hombre: un mapuche dirá “wentru”, si la analizas como está constituida esta palabra; está constituida por wen y tru, donde wen es apócope de wenu, que significa cielo y tru es derivado del verbo tron, que significa contraer. Conclusión: el hombre es un cielo contraído en un cuerpo y que dice el mito de como Dios creó al hombre, dice que era un espíritu preexistente en el cielo y que Dios lo tomó y lo cubrió de un cuerpo y lo lanzó sobre la tierra. Por lo tanto, no es una filosofía materialista, es al revés, el hombre es un espíritu encarnado
Mujer: “Domo” también es apócope de dos palabras que se juntaron: Significa aquella por la cual somos más, aludiendo a ella concibe la creatura, ella multiplica la especie, aquel por la cual nuestro pueblo, es más, pero tiene un significado espiritual por la cual el hombre, es más. O sea la misión de la mujer es despertar al hombre a sus facultades superiores, entonces como lo dice el mito: dice que cubrió un espíritu con un cuerpo y lo lanzó sobre la tierra y quedó aturdido y dormido, y después tomó otro espíritu y también lo cubrió con un cuerpo de mujer y delicadamente la puso sobre la superficie de la tierra que era pura roca y ella fue caminando a él y Dios le dio la orden de encontrar a su compañero y donde ella ponía el pie surgía la hierba y los árboles, o sea como diosa de la fertilidad, hasta que encontró a su compañero y ella lo despertó.
También la palabra espíritu: püllü, que significa lo mínimo, lo que se contrae como forma a lo mínimo, a un punto. Eso quiere decir que no es materia y que está en otro plano y el hombre debe hacer un trabajo sobre sí mismo a través de toda la vida de transformar su “am”, o sea, su alma en püllü, en espíritu, o sea alcanzar las instancias más altas de la consciencia y en ese sentido la mujer tiene que ayudarlo y el hombre ayudar a la mujer. Tienen una idea muy noble de la relación de pareja”.
Gracias profesor Gastó Soublette por tan magnífica exposición de la filosofía mapuche, cuyos conceptos son muchos más, dentro de esa maravillosa, cautivante y fascinante Cosmovisión del pueblo mapuche.


Carlos Cabezas Gálvez Escritor y ensayista

Prensa El Heraldo | Imprimir | 258
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