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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 25-05-2019
¿Juguemos?
Hace poco leí un artículo médico en que se hacía mención a las severas lesiones cervicales que están presentando los niños y adolescentes debido al constante inclinar de sus cabezas sobre los aparatos móviles. Lamentable, pues es algo que podríamos evitar pero requiere voluntad de parte de los adultos. Como la voluntad de mi mamá y mis tías cuando jugábamos al Mansequi:… Con los brazos entrecruzados, íbamos corriendo y cantando “mansequi, mansequi, la gallina está culequi” y corríamos por el patio, imposible no recordar el “Arroz con Leche”, “El Chipi Chipi” (cuando fui a Nueva York a ver a la María…) la “Huaraca” que con un pañuelo marcaba a quien debía correr por su puesto o la Ronda de San Miguel. Eso generalmente para las niñas, mientras los chicos armaban un Caballito de Bronce o hacían equipo con la Cascaramusa o el Tombo; el Paco Pillo y el Comprahuevos era mixto. Estos juegos al aire libre son tan antiguos como la infancia y nos permitían disfrutar en grupo y reír de buena gana. Los juguetes, como la hermosa muñeca de cabello negro o el chinito que pedaleaba en su bicicleta, los compraba el Pascuero donde el Sr. Cifuentes, ahí en su tienda de Brasil. Aunque una vez encontró el más genial regalo: una rana de intenso verde y un par de ruedas rojas que la hacían muy veloz. Esa rana habitaba en la tienda de Bibiana Urrutia (en que encontraba uno todo para el hogar) ahí en Independencia, al lado de un novedoso local que instaló Mario Moreno y –creo- fue el pionero en vender papas fritas en un cono.
Justo donde hoy está Joy’Art alguna vez funcionó la Librería ABC, llena de juguetes y unos maravillosos juegos de mesa, ludo, damas chinas, naipes, backgamon y el incomparable “Memorice”, esas fichas con imágenes que había que parear, dándonos tardes de entretención y ayudándonos, sin haber tenido conciencia de aquello, con la forma más lúdica e interesante de estimular las funcionalidades del cerebro, haciendo aumentar las habilidades, mejorando capacidades intelectuales. ¿Habrá funcionado? Bueno.
En la misma línea, en el Poroto Riquelme comprábamos álbumes y láminas que pegábamos con “goma de pegar” (se secaba y se caían las láminas), libros para pintar, muñecas de cartón para recortar, la revista Deporte Total y los diccionarios que se exhibían en una alta, para mi poca estatura, vitrina cuadrada de vidrio. Y si sigo recordando librerías y materiales, donde los Espinosa vendían los geniales “Kalkitos”, dibujos adhesivos para crear pequeñas historietas sobre unos libritos con un paisaje. Solución para el aburrimiento, siempre el papel y lápices de colores. Pero antes de los lápices y demases, existió el barro. Si, conciudadanos! Habemus barro. En campos y ciudades, debajo de los naranjos, paltos, limoneros e incluso higueras del patio, hacíamos barro. Material dúctil y metamórfico, se convertía en pasteles, tortas, canchas para autitos y troyas para bolitas, nada entretenía más las tardes de verano (e incluso, otoño) que ese juego en que la inspiración y creatividad llenaba nuestros infantes cerebros. Impensado sería hoy ver a niños haciendo esto pues tanto estudio médico ha mermado en las madres los ánimos de dejarlos embarrarse, temiendo que se peguen quizás que raro bicho, sin saber que fortalece el sistema inmunológico y que las madres tienen remedio para todo. ¿Te picó una abeja?, saca la lanceta y pon sal. ¿Te picó un zancudo? Pon vinagre. ¿Te ortigaste en el patio? Has una friega de sal y vinagre y listo! Si tiene resfrío nada mejor que una agüita de Sauce Negro (Salix Nigra) con flores pectorales para aliviar los síntomas. Las madres y abuelas, depositarias de la tradición sanadora femenina, tenían en la punta de los dedos un remedio para cada dolencia. Agüitas de una y mil. ¿Fiebre? Aceite de huevo y azúcar quemada, láminas de papas en la frente o toallas con agua y vinagre. ¿Infección urinaria? Decocción de hierba Cepa de Caballo o Quinchamalí.
Por muchos años valoramos esos métodos y luego volvimos los ojos exclusivamente al alopático, sin olvidar que la farmacopea se alimentó de añosos saberes por siglos. Hoy, con mucha gracia, estamos revalidando esta valiosa tradición por lo que les doy el dato de un catálogo online del Ministerio de Salud en www.minsal.cl , que identifica las 103 especies comprobadamente curativas, con bellas ilustraciones y textos muy sencillos que nos permitirán conocer y recordar que la salud está en el jardín.
Y, en una de esas, jugamos con barro otra vez.

(María de la Luz Reyes Parada)
Prensa El Heraldo | Imprimir | 209
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