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El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
Hoy
Opinión 12-10-2019
La buena tierra, ¡ qué triste está!
Actualmente es el tema más importante a tratar, especialmente en lo que se refiere a la sofocación que está sufriendo nuestro planeta ante la inmensidad de desperdicios, quema de combustible, y todo aquello que no es biodegradable y que día a día va contaminando y lo más triste que algunos creen que el calentamiento global es solo un mito.
Que los expertos que analicen el tema, hay que encontrar la solución a la brevedad y tenemos el deber de involucrarnos . Mientras tanto hablemos de las bondades de nuestra Madre Tierra, y estudiemos lo que está en nuestras manos hacer por ella.
La tierra nos da todo y no es novedad para nadie. Pero si nos detenemos a pensar en cosas tan simples como echar un poco en un macetero y plantar una flor, sembrar una semilla o simplemente una ramita, patilla o esqueje, y la tierra nos devuelve vida, es para asombrarse en los detalles. Lo único que pide, silenciosamente, es un poquito de agua. Así llega el milagro de ver crecer esa plantita, verla florecer disfrutar su aroma o la belleza de sus pétalos y como si fuera poco, antes de morir nos deja una semilla y así su especie se multiplica como un verdadero milagro. Fue un pequeño gesto cultivar y qué gran premio nos brinda cosechar.
Si cada uno de nosotros tuviera la precaución de reunir todo lo que desechamos al cocinar, como vainas de cereales, cáscaras de fruta o de papa, verduras marchitas, etc. y las enterráramos en un lugar del patio, en un breve tiempo tendríamos abono natural para iniciarnos en un pequeño huerto, así cultivaríamos el cilantro, apio, lechugas, acelgas y tantas verduras más. Sol, agua y nuestras manos y he ahí el pequeño paraíso terrenal. Sé de personas que viven en edificios y cultivan hasta tomates en sus pequeñas terrazas. Sembrar hace bien para el espíritu, es como extender el alma a esos seres vivos que nos alimentan con su verdor y frescura trasformando los nutrientes que nos sostienen día a día.
Recuerdo ese matrimonio de chinitos en la novela de Pearl Buck, que cultivan la tierra de sol a sol y gracias a privaciones y desvelos logran el bienestar de cosechas generosas y abundantes. La trama de la historia es triste pero la tierra les brindó lo que sólo ella puede dar: frutos.
La lluvias es una pequeña caricia de pocos milímetros, los ríos menos torrentosos, la nieve se derrite en un suspiro y todo por nuestra culpa. Cada persona tiene que pensar en la tierra y contaminar lo menos posible. Si cada uno de nosotros plantara un árbol y fuera responsable de su crecimiento, qué lindo sería. No es difícil conseguir lo, produce gran satisfacción verlo crecer, disfrutar su sombra, sentir el brillo del verdor de sus hojas, verlo florecer, que entre sus ramas posen avecillas, abejas que liben su néctar para terminar en generosa miel. Nosotros sólo lo hemos plantado, lo demás es solo amor de nuestra Madre Tierra. Extendamos nuestra consideración a todo lo que ya tenemos sin desear de tener más de lo necesario. no podemos darnos el lujo de comprar cosas que están de más. Hay un dicho que advierte:” No hay que cambiar lo viejo por lo mozo ni lo cierto por lo dudoso.” No está lejano el día de que la moda de las prendas nuevas será la moda de la ropa usada.
Gente entendida lo ha dicho: La fabricación de telas producen gran contaminación y desperdicio de agua. Y el agua escasea, ya se palpa. No es novedad para nadie:
La tierra es la madre paciente que pide tan poco y da tanto. Asustémonos , la cosa es seria, pensemos en nuestra descendencia. La buena tierra está triste, y la lluvia cae grácil y leve como “La tarde en el hospital” de Pezoa Véliz. Es una lluvia de agonía por la tristeza de nuestra Madre Tierra. Que haya más árboles, más verdor en los valles para que la lluvia vuelva a reinar en la pradera y a volcar en los ríos su húmedo esplendor.
Termino con un verso de Blanco del Monte (El Sembrador)
“Siembro robles, espinos y cicomoros,
quiero llenar de sombras esta ladera
quiero que otros disfruten de los tesoros
que darán estas plantas cuando yo muera.”


(Tily Vergara)



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