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El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
Hoy
Opinión 18-06-2017
La Casa de la Providencia de Linares -Vivo ejemplo de generosidad sin límites-
Hermanas de la Providencia en Chile. Provenientes de Montreal, Canadá, de la mano de Madre Bernarda Morín, después de un azaroso viaje -cuyo destino inicial era la Ciudad de Oregón en Estados Unidos-, la Divina Providencia decidió que fuera Valparaíso, Chile, en momentos que un terremoto asolaba la ciudad portuaria, el 17 de junio de 1853.
Gracias a la intercesión del entonces Presidente de Chile, don Manuel Montt, la casa matriz de Canadá decide acceder a las demandas y súplicas la autoridad chilena y dan la venia para que una nueva obra empiece con sus labores de educación y ayuda solidaria a los más necesitados, en este apartado país.
Es el inicio, ya que en sus años de presencia en Chile esta obra se ha robustecido, dando generosos frutos; cuyas ramas se extienden a lo largo de la nación y a través de las cuales alumnas, ancianas, niñas en situación irregular y fieles de comunidades más pequeñas, reciben el cariño del profundo apostolado de las religiosas.
Históricamente, su presencia en Chile está vinculada a la “Casa de los Expósitos”, fundación colonial de la que se hacen cargo, provocando un significativo cambio en el trato y perspectivas de vida para los "guachos", así denominados en la época.
Rápidamente fueron invitadas a fundar casas en Santiago, Valparaíso, Concepción, La Serena y otras ciudades del país, constituyendo con su presencia no sólo parte de la historia de la Iglesia, sino enraizando su trabajo apostólico en cada uno de los pueblos; suscitando verdaderas cruzadas a favor de iniciativas solidarias, con los más necesitados.
Su presencia de enfermeras tuvo una gran importancia histórica en la atención de los heridos en la revolución del 59, instalando hospitales de sangre en la Guerra del Pacífico y en la Revolución del 91 y atendiendo a las víctimas de terremotos y de las grandes pestes, tales como la del tifus en los inicios del siglo XX.
Hoy, el significado que tiene la Congregación en Chile es la robusta encina trasplantada de Montreal a tierra chilena, con el carisma de la Madre Emilia Gamelin y Madre Bernarda Morín, que une el nombre de la Providencia a un testimonio de vida religiosa al servicio de los pobres y la educación de la juventud chilena en la doctrina social del evangelio.
Hermanas de la Providencia en Linares. En el álbum que la Congregación dedicó a Su Santidad Pío XI, el año jubilar de 1925; en relación con la historia de la Casa de la Providencia de Linares, se lee:
“La distinguida señora Doña Adelina Ibáñez de Zurita, viendo que no tenía familia resolvió consagrar sus bienes a la fundación en Linares -su pueblo- de una casa que tuviera por objeto la formación de las hijas del pueblo en la virtud y en el trabajo”.
Una vez viuda, se dirigió a la Superiora General, con el fin de confiarle el cuidado y la propiedad de la futura obra. Ésta le contestó que no había personal por el momento, que si durante 1894 obtenía de Dios, 12 postulantes, atendería su pedido. Felicísima la señora -con el buen resultado-, inmediatamente puso a disposición de la Congregación una casa, veinte mil pesos en dinero y un terreno de poco valor (pero cultivable), que tenía en la ciudad, para establecer la casa, asegurando a la Congregación los demás bienes, con un testamento en buena forma.
Ante el fallecimiento de la fundadora -Santiago, 17 de mayo de 1898- todo el haber del testamento entregado a la Congregación, consistía en otra casa bastante buena, cuatro propiedades de poca extensión fuera de la ciudad, cuyos arriendos producen cerca de seiscientos pesos al mes; algunos animales vacunos que se vendieron y algo en dinero. No teniendo, con todo, cómo construir edificios adecuados a la obra, poco a poco compran tres casas unidas; las que comunicadas forman una sola donde funciona el establecimiento, con satisfactorios resultados.
Casa de la Providencia de Linares. Su fundación se remonta al 03 de agosto de 1896 y se debe a la acción benefactora de Doña Adelina Ibáñez de Zurita, quien fiel a los preceptos de Jesús -“hay más felicidad en dar que en recibir”-; y movida por su convicción cristiana, donó los terrenos para la edificación de la Casa Providencia. Las hermanas en Santiago, a cargo de María Celia Bascuñán, al ver la generosidad y benevolencia de la caritativa señora, concretan la fundación.
Primera comunidad de Linares. Formada por las hermanas María Dominga Goñi, Gertrudis Possel, María Manuela Albornoz, y Teresita de Jesús Valenzuela, fueron muy bien recibidas por la comunidad linarense, que sin temer a la lluvia torrencial de aquel 14 de septiembre de 1896, se agolparon en la estación para darles la bienvenida.
Al día siguiente, las hermanas reciben a su primera alumna -Claudia Toledo-, para su educación, dando inicio a la escuela y el internado, emprendiendo una gran labor educativa y benefactora que se ha prolongado en el tiempo, con el mismo sello y carisma de la primera Comunidad de la Providencia.
La primera superiora local es Sor María Dominga Goñi. El Ilustrísimo Obispo de Concepción les envió las licencias necesarias para que tuvieran Capilla semipública y el Santísimo Sacramento.
Tanto las niñas internas, como las externas -que son mucho más numerosas- van comprendiendo que la mujer que cristianamente distingue el bien del mal, se respeta a sí misma; sabe trabajar y ordenar su casa, es el tesoro, la alegría y la paz de su hogar.
Las Hermanas de la Providencia de Linares, ejemplo vivo de la generosidad sin límites, que con un corazón humano asumen las palabras del Señor: "hay mayor felicidad en dar que en recibir”. Su obra vive, por siempre, sirviendo a los demás. (Bibliografía: Centenario Providencia, 1896-1996. Fotografías: archivo del autor)


Manuel Quevedo Méndez
Prensa El Heraldo | Imprimir | 1136
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