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El Diario del Maule Sur
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Opinión 16-05-2019
La diosa de las aguas o la mona de la Plaza
Originalmente la estatua -familiarmente llamada "la mona"- estaba en la Alameda. Forjada en hierro, representa la reina de las aguas, pero su fisonomía no estaba en relación con su nombre, porque estaría mejor representada por una sirena. La plaza de entonces, estaba cerrada con gruesas cadenas de hierro y en el centro un kiosco donde se efectuaba la repartición de premios a las escuelas y se realizaba la fiesta del palo trenzado el 18 de septiembre. Presentaba jardineras con naranjos, una hermosa pila al centro y un gran espacio, donde se efectuaba la parada del domingo por el Batallón Cívico, cuya banda llamaba la atención, cuando desfilaba por el pueblo.
El área de la plaza con trazo de estilo antiguo, presenta una característica -respecto de otras plazas-, donde desembocan varias calles: Independencia, Kurt Möller (antes Constitución), Manuel Rodríguez (antes Comercio) y O’Higgins; de las cuales (cuatro calles cortas) con una cuadra de longitud, nacen del centro de cada uno de sus costados: Linares de Jaén (antes 5 de mayo; luego 5 de abril), Quilo, Dionisio Sotomayor y Curapalihue.
Una nota revelaba en esa época de la estatua, que en Linares ponía un matiz de arte en sus actividades, exhibiendo en algunos lugares públicos exponentes de un valor cultural, las figuras de animales que había en la plaza de armas y una estatua en la Alameda de las Delicias. Cuatro leones y dos perros de auténtico mármol, ubicados en la plaza.
En un sector femenino de la sociedad, prendió la idea de retirar la mona de la Alameda y llevarla a un lugar donde no mostrara su cuerpo (“tan a lo vivo”, decía doña Milagro Novoa, autora de la idea;) a cuya influencia se debió que fuera retirada de su sitio. Esto no agradó a la mayor parte del pueblo y -un buen día- una poblada rescató la mona para reponerla en su lugar. Y en procesión se llevó la llevaron, y dejarla en su primitivo lugar.
El municipio acordó que una legión de honor montara guardia, vigilándola día y noche. Los acontecimientos tomaron un carácter, que influenciaron al Alcalde Benjamín Novoa, quien pidió a D. Guillermo Blest Gana, Intendente de entonces, reconquistar la mona; llevándola cautiva a la Casa Consistorial y designándole un vestíbulo como celda de prisionera, en el entrevés que hacían las dos escalas que daban acceso a los altos de la Intendencia y la Municipalidad.
La discutida estatua, pasó a depender de las autoridades administrativas provinciales y puesta en un recinto que no correspondía a su dignidad y privaba al pueblo de uno de los valores del arte.
Desde el primer día de cautiverio en la Intendencia, tuvo por carcelero y vigilante al portero de las oficinas y antiguo servidor municipal, D. Ezequiel Tillería.
Son estos monumentos de arte, un honor para Linares, porque pocos pueblos del país conservan reliquias de esta naturaleza; que hoy la ciudad exhibe con orgullo, en su moderna plaza de armas y cuya historia se escribe cada día por quienes habitan la noble tierra linarense. (Bibliografía: “Las calles de Linares” y “Revista LINARES”, de la Sociedad Linarense de Historia y Geografía, 1941 y 1945)
Prensa El Heraldo | Imprimir | 229
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