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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 19-06-2019
La dramática vigencia de Valentín Letelier
Hace unos días enviamos una larga carta al Contralor Regional del Maule, sugiriéndole efectuar una ceremonia de recuerdo del principal precursor de ese organismo, don Valentín Letelier, en el centésimo aniversario de su muerte.
Se explicó en dicha carta que, en 1999, se efectuó un acto solemne similar en el Salón de Honor de ese organismo, bajo la égida de don Arturo Aylwin; y, en el 2009, fue colocada una placa en el frontis de la sede maulina, que dio el nombre del sabio a ese edificio. Como bien debiera saberse, don Valentín nació en Linares, en el mismo lugar donde actualmente se alza el Liceo que lleva su nombre – frente oriente de la alameda linarense – donde reposan sus restos gracias a una iniciativa histórica anterior.
La respuesta a nuestra carta resultó desalentadora, en estricta conformidad con los infaustos tiempos que vivimos. Desalentadora, pero nada sorprendente. El Contralor General habría dispuso efectuar todos los homenajes a don Valentín… en Santiago. Esto, en el improbable caso de que efectivamente se realicen; cuestión que quedará “al de por verse”.
Don Valentín Letelier, linarense, ex alumno del Liceo de Talca, abogado de la Universidad de Chile, fue un talento poderoso como muy pocos otros en la historia del país, adelantado a su tiempo, poseedor de una amplia cultura universal. Sabio de América (no solo de Chile) fue designado en su tiempo.
Siendo un joven profesor del Instituto Nacional, en la entrega de premios de 1888, ante la presencia del Presidente Balmaceda, leyó un discurso pionero juicio para el buen juicio del proceso educativo. “Todo buen sistema de política es un verdadero sistema de educación, así como todo el sistema general de educación es un verdadero sistema político”, esculpiendo a modo de corolario la famosa frase que hoy emerge con fuerza indiscutible: “gobernar es educar”.
Balmaceda no desoyó aquél mensaje y, un año más tarde, echó las bases del Instituto Pedagógico, centro de formación de los Profesores de Estado durante casi un siglo.
Pese a ser abogado, fue por sobre todo un educador íntegro.
En 1882 fue designado Secretario Diplomático de la Legación de Chile en Alemania. En ese país estudió con detención el sistema educacional, incluidas las escuelas y su tipo de construcción. De regreso, trajo en sus valijas como las joyas más valiosas adquiridas en el viejo mundo, el modelo de formación docente allí conocido, la construcción de la Escuelas Modelo que el Presidente Balmaceda esparció a lo largo de Chile (una escuela levantada por cada día de su gobierno de cinco años), de las cuales sobrevive una en la comuna de San Javier, lado sur de la Plaza de Armas, y otra en Curicó. La restantes de Linares, Parral cayeron por los terremotos o la picota (más por la segunda que por todos los primeros, gracias a nuestras cultas autoridades).
En 1888 fue elegido diputado por Talca, a la vez que obtuvo la cátedra de derecho administrativo de la Universidad de Chile. Pese a esto, fue opositor a Balmaceda, de lo cual se arrepintió más tarde, cuando la tragedia de aquel gran mandatario ya se había consumado.
PRECURSOR DE LA CONTRALORIA
En 1891 fue designado Fiscal del Tribunal de Cuentas, institución precursora de la Contraloría General de la República que, como tal, fue fundada por otro mandatario extraordinario: don Carlos Ibáñez del Campo.
Diríase que el cuerpo orgánico actual de la Contraloría se debe al Presidente Ibáñez, y su espíritu fundacional al señor Letelier. Verdad histórica que debiera ser orgullo de la tierra linarense que les vio nacer a ambos.
El antiguo Tribunal llevaba las cuentas de la Nación, pero Letelier no sólo se limitó a examinar los informes contables sino que, a través de sabios dictámenes que fueron reunidos en un volumen de más de setecientas páginas y publicado en 1923, al cuidado de Eduardo Larraín Dueñas y Alberto Díaz León, quienes expresaron que era sólo la quinta parte de todos los expedidos por Letelier.
Más tarde, bajo la dirección de don Arturo Aylwin Azócar – tan maulino como Ibáñez y Letelier - se publicó otra selección más de aquellos dictámenes con los cuales el señor Letelier orientó y representó a las autoridades los actos ilegales o dio luz sobre situaciones difusas respecto de las cuales debía establecerse una clara jurisprudencia que, con el tiempo, no harían más que valorarse más y más hasta el presente.
Por ejemplo, expuso como doctrina que “todos los actos ejecutados legalmente por un Gobierno derrocado, deben ser respetados por los Gobiernos que le suceden”, lo cual, evidentemente, iba en favor de la estabilidad del Estado y su continuidad histórica.
Expresó el señor Letelier que “la situación de los empleados de la instrucción secundaria es de suyo tan precaria y miserable que todo Gobierno medianamente ilustrado debe tratar de no empeorarla”.
Manifestó en aquella época, que “los empleos en el aparato público eran incompatibles”; definió algo tan vigente en nuestros días, como que “las Municipalidades carecen de facultades para invertir un ítem del presupuesto en un objeto diverso de aquel a que ha sido destinado”; defendió el que un uniformado reconociera un hijo natural en un testamento; determinó en 1901, que el Tribunal de Cuentas tenía jurisdicción para examinar y observar las cuentas de todos los municipios de la República; que el estado es responsable de los actos ejecutados por sus agentes etc. Como puede observarse, todos estos dictámenes son de perfecta aplicación y vigencia contemporánea. En no pocas oportunidades discrepó del Gobierno y aún de los Tribunales de Justicia, haciendo primar su visión jurídica.
RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE
En 1906, el Presidente Pedro Montt lo designó Rector de la Universidad de Chile, en cuya función impulsó notables iniciativas que aún permanecen consagradas. En aquella época una de sus disposiciones más discutidas, pero resaltada hasta hoy, fue la fundación de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, el 21 de octubre de 1906. Ese organismo programó las fiestas de la primavera, donde descollaría un joven Neruda; dio voz, expresión y acción a los jóvenes, quienes se convirtieron en un brazo de fuerza formidable para encauzar gran parte de los movimientos sociales e intelectuales de Chile en el pasado siglo XX.
Fundó el Servicio Sismológico y diversos laboratorios de investigación, destacando el de Psicología Experimental.
En 1881, contrajo matrimonio con Mercedes Beatriz Mata, hija del poeta Guillermo Matta Goyeneche, de cuyo enlace nació Beatriz Letelier Matta. Casó ésta con Patricio Reyes Solar, con descendencia en nuestros días en Juan Gonzalo Reyes Arrieta.
Publicó obras de gran vigencia. Ordenó las sesiones del Congreso Nacional, desde 1811 y hasta 1845 en 37 tomos, trabajo que le llevó 21 años de sostenido esfuerzo. Son notables sus ensayos sobre “Filosofía de la Educación”, “La Lucha por la Cultura”, “La Evolución de la Historia”, “Génesis del Derecho”, y otras más de similar valía.
El 19 de junio de 1919 falleció en su casa de calle Moneda con Mac-Iver. Pocas veces se han visto funerales tan concurridos y sentidos que aquél. Quizás si solo comparable a los recordados funerales de don Benjamín Vicuña Mackenna o del General Manuel Baquedano. Fue velado en el salón de Honor de la Universidad de Chile, y la carroza mortuoria fue despojada de sus caballos para ser llevada de tiro por cientos de jóvenes que asistieron a sus exequias. Se le sepultó en el Mausoleo de la familia Matta.
(Continuará)

Jaime González Colville
Luis Valentín Ferrada Valenzuela
Prensa El Heraldo | Imprimir | 370
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