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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 20-06-2019
La dramática vigencia de Valentín Letelier (Segunda parte)
EL EXTRAVÍO DE SUS RESTOS

En 1994 - hace exactamente 25 años - sugerimos al Alcalde de Linares don Sergio Sepúlveda regresar sus restos a su tierra natal, para colocarlos precisamente bajo el suelo que le vio nacer
Se inició la paciente búsqueda de su tumba en el Cementerio General. Determinado que fue el Mausoleo de la Familia Matta, debió ser abierto el nicho donde su cuerpo se encontraba con una herramienta de fuerza por autoridades del camposanto. Pero, con desolación, el impulsor de esta noble idea (que es solo uno de los que escriben estas líneas) advirtió que, de los cuarenta y tantos nichos del Mausoleo, más del ochenta por ciento estaban sin lápidas que recordaran sus nombres. La autorización sanitaria sólo permitía abrir un nicho, pero el Jefe de Operaciones, don Juan Elzo, persona de fino carácter y amante de la cultura, aceptó buscar en todas las distintas sepulturas.
Se abrieron siete depósitos, sin lograr identificar los huesos del sabio. Tras dos horas de esfuerzo, casi resignados a no hallarlos, los operarios abrieron un nicho en la parte superior del mausoleo, donde se sacó un féretro que en la tapa superior tenía una plancha de metal con el nombre de Valentín Letelier. ¡Y así dicen que los muertos no hablan!...
Resuelta aquella difícil situación, se emprendió el retorno a Linares – el eterno retorno a la tierra de los padres que, al decir bíblico, es siempre la tierra prometida de cada persona, la patria íntima o “patria chica”, que es al fin y al cabo el gran resumen de todos nuestros sentimientos, costumbres, afectos y tradiciones prendidas en el alma , inseparablemente, desde el seno materno.
En Linares, el regreso de don Valentín fue celebrado con solemnidad y notable concurrencia de autoridades de todas las principales instituciones públicas y privadas.
No era el hijo pródigo que vuelve a la casa de sus padres. ¡NO ¡ Era el hijo victorioso cargado de glorias y reconocimientos que, con orgullosa humildad, retorna al término de una vida nobilísima a descansar eternamente en el regazo de su madre.
Allí estuvieron presentes las autoridades públicas linarenses de aquel tiempo, el Profesorado, los estudiantes, los bomberos, los miembros de las logias masónicas quienes honrando en un plano superior al mejor de los suyos, comprendiendo que existen en nuestra vida planos superiores en los cuales las personas en nada se diferencian ni nada puede dividirlas, segregarlas ni menos discriminarlas, ingresaron respetuosas a la Catedral de Linares, departiendo en unidad admirable con el Vicario católico e historiador eclesiástico P. Silvio Jara.
Desde aquel año, don Valentín descansa a la entrada del Liceo que lleva su nombre y donde otrora se encontró su casa natal. En la piedra que indica aquel sitio se lee lo más esencial de su personalidad y de su obra: “Padre de la Educación Chilena”.

DON VALENTIN LETELIER NO ES UNA FIGURA HISTORICA O DEL PASADO. ES UN EJEMPLO DRAMATICAMENTE ACTUAL Y DEL FUTURO

Recordar a don Valentín - si bien se piensa – es recordar el futuro que nos espera o aquél que, por el contrario, se alejará de nosotros por mucho tiempo con fatales consecuencias para nuestras generaciones jóvenes del presente y de mañana.
Con toda razón, la mayor parte de los padres de familias chilenas han repetido largamente: “La mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos es la de una buena educación”. En este hermoso y noble pensamiento se contiene un verdadero dogma social, posiblemente el más trascendente de todos cuanto la persona de bien ha formulado a través de la historia de la humanidad.
Pero resulta que al presente - ¡qué pena es tener que reconocerlo y asumirlo! – por distintas razones que se resumen en la fatídica constatación de que “nuestra Educación chilena está en crisis”, estamos dejando a nuestros hijos y descendientes en la miserable condición de ser y constituirse en los grandes desheredados del destino.
¡Qué pobre o nula herencia les estamos dejando a nuestros hijos los padres de hoy!... Los ejemplos de este desastre se multiplican con el solo correr de los días; y en cada edición, los medios de comunicación nos transmiten pésimas noticias sobre este drama social del Chile actual.
Seamos francos como se corresponde con un pensamiento honesto: nadie está enfrentando el gravísimo problema con soluciones de fondo, estudiadas, serias. Las autoridades encargadas de nuestra educación pública improvisan, dan palos de ciegos, anuncian medidas de parche por aquí y acullá, lanzan fuegos artificiales, cuetes y petardos tratando de consentir a las redes sociales… pero soluciones integrales de fondo pocas o ninguna.
Cuánta falta nos hace releer a don Valentín Letelier, a don Abelardo Núñez, a don Enrique Molina Garmendia, a don Eugenio González, a don Jorge Millas y otros de tamaño cerebro y espíritu superior.
Pero visto queda que no existe en parte alguna un interés en ello. Y así, todos esos grandes ejemplos históricos de nuestra educación son luces potentísimas pero apagadas…¿ deliberadamente apagadas?...
Hasta donde se sabe, ni la Universidad de Chile, ni el Ministerio de Educación, ni las Facultades de Educación de las distintas universidades chilenas, ni el antiguo Pedagógico o quien le haya sucedido, ni la Contraloría General de la República, en su nivel nacional o regional, tienen previsto programa alguno para celebrar el centenario del fallecimiento del primer Educador Chileno.
Así las cosas… las luces que podrían iluminar el incierto y oscuro tramo del camino por el que actualmente cruzamos, se mantendrán apagadas. ¡Pobre Patria Nuestra!....

Prensa El Heraldo | Imprimir | 408
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