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El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
Hoy
Opinión 08-06-2019
La f r a s e
Finos copos de nieve deshaciéndose en tupida llovizna tocaban el suelo donde, empujado por el viento, un pequeño perro lanudo jugueteaba por delante de su amo, un muchacho que, meditabundo, y con largos trancos, repechaba por el sendero.
Al llegar a un bosque de encinos se sentó en una piedra llamando a su cachorro, el que se acercó brincando y haciendo remolinos en la mojada yerba.
Manuel, el chiquillo, lo miró con los ojos empañados tomándolo entre sus brazos.
Pudo haber traído una cuerda, pero quiso que nada hubiese entre él y su triste destino.
Con cierta aspereza deslizó las manos alrededor del cuello del animal, el que forcejaba por lengüeteárselas.
Empezó a oprimir lentamente, y cerrando los ojos rebosantes de lágrimas, recordó cuando lo vio venir por primera vez, casi rodando –una bolita de pelo perdida entre los matorrales-.
Lo tomó en brazos pensando cómo iría a estar de feliz su hermanita enferma.
Mil nombres le inventaron, y con el último de ellos en los labios partió ella para siempre.
La guerra arreciaba; el hambre también.
-Manuel, ¡Deshazte de ese perro!... Es mejor eso antes que se lo coman – es mucha tentación-.
La crueldad de la vida y la supervivencia hablaban por la boca del padre, emergiendo desde lo más profundo de un sentimiento que quiso ser frío.
Tan frío como el vacío estomago de Manuel, a través del cual afloró el miedo, el terror, el terror de su propia debilidad.
La frase se le presentaba una y otra vez ciñéndole las manos, cada vez más fuerte, hasta quedar completamente entrelazadas…


(Manuel Antón)



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