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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 10-09-2019
La felicidad es una actividad que surge de la contemplación (Aristóteles)
Mientras caminábamos por el campo con mi padre, los brotes de los árboles nos invitaban a hacer un alto contemplativo, recordándonos el ciclo de la vida manifiesto en cada una de las estaciones del año. Nos sentamos en una antigua banca de madera color verde y bajo un nogal, retomamos la lectura de la Ética Nicomaquea de Aristóteles, en el libro X, capítulo VI, que centra su atención sobre la Felicidad.
Una fuerte ráfaga de viento interrumpió nuestra lectura, elevando las ultimas hojas que quedaban del término del otoño, permitiéndonos ver entre ellas la emergencia del discípulo de Platón, ¡Aristóteles!
Le invitamos a sentarse con nosotros, pero él nos señaló que prefería caminar, distanciándose y volteando su mirada esperando que le acompañáramos, raudamente nos levantamos y le comenzamos a preguntar al Estagirita.
- ¿Qué es la Felicidad? - Interrogo mi padre.
- La felicidad es el despliegue de una actividad – afirmo Aristóteles y prosiguió -
“La felicidad no necesita de nada, sino que se basta a sí misma, y las actividades que se escogen por sí mismas son aquellas de las cuales no se busca nada fuera de la misma actividad. Tales parecen ser las acciones de acuerdo con la virtud. Pues el hacer lo que es noble y bueno es algo deseado por sí mismo” (Aristóteles, 1993, p. 393).
- ¿Qué sucede con los hombres que dicen encontrar la felicidad en la diversión? – pregunté con especial interés.
- Aristóteles sonrió y nos señaló - Para el hombre bueno será la actividad de acuerdo con la virtud. Por tanto, la felicidad no está en la diversión, pues sería absurdo que el fin del hombre fuera la diversión y que el hombre se afanara y padeciera toda la vida por causa de la diversión. Pues todas las cosas, por así decir, las elegimos por causa de otra, excepto la felicidad, ya que ella misma es el fin.
- Mi padre, detuvo su caminar y comenzó a señalar – Si la felicidad es una actividad y esta se desarrolla como despliegue de una virtud, ¿Cuál es la virtud más excelsa, para su expresión?
- Aristóteles, se detuvo, recogió una pequeña rama de acacia y nos indicó – es la actividad contemplativa. No debemos ocuparnos sólo de las cosas mortales, sino que debemos, en la medida de lo posible, inmortalizarnos y hacer todo esfuerzo para vivir de acuerdo con lo más excelente que hay en nosotros; pues, aun cuando esta parte sea pequeña en volumen, sobrepasa a todas las otras en poder y dignidad. Y parecería, también, que todo hombre es esta parte, si, en verdad, ésta es la parte dominante y la mejor; por consiguiente, sería absurdo que un hombre no eligiera su propia vida, sino la de otro.
- En estos días parece que los espacios de contemplación son cada ves mas escasos, y que se requerirá de muchos elementos para alcanzarlos – señalé
- Aristóteles, elevo su mirada al cielo y prosiguió - siendo humano, el hombre contemplativo necesitará del bienestar externo, ya que nuestra naturaleza no se basta a sí misma para la contemplación, sino que necesita de la salud corporal, del alimento y de los demás cuidados. Por cierto, no debemos pensar que el hombre para ser feliz necesitará muchos y grandes bienes externos, si no puede ser bienaventurado sin ellos, pues la autarquía y la acción no dependen de una superabundancia de estos bienes, y sin dominar el mar y la tierra se pueden hacer acciones nobles, ya que uno puede actuar de acuerdo con la virtud aun con recursos moderados.
- Si la contemplación será el lugar desde donde nace la felicidad, cuál es su desarrollo- interrogo mi padre.
- Aristóteles, guardo silencio y luego señalo - ¿hemos de creer que concluimos lo que nos habíamos propuesto, o, como suele decirse, en las cosas prácticas el fin no radica en contemplar y conocer todas las cosas, sino, más bien, en realizarlas? Entonces, con respecto a la virtud no basta con conocerla, sino que hemos de procurar tenerla y practicarla, o intentar llegar a ser buenos de alguna otra manera.

Repentinamente una nueva ráfaga de viento, elevo esta vez, nuestro más noble pensamientos, e hizo que la figura del maestro Aristóteles, fuera desapareciendo lentamente, su mano derecha apuntando hacia la tierra fue el último ademan que pudimos observar.
La felicidad nace de la contemplación, la cual debe estar orientada en la búsqueda de las virtudes más excelsas, para luego comenzar a practicarlas y ponerlas al servicio.

Referencia
Aristóteles (1993). Ética Nicomáquea – Ética Eudemia. Madrid, España: Editorial Gredos.

Juan Francisco Andrades Pinto (Yahia)
Sociólogo
Magister en Educación
Prof. de Epistemología
Prensa El Heraldo | Imprimir | 292
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