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El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
Hoy
Opinión 11-09-2019
La fiesta de la Pampilla
En septiembre todo empieza con un pequeño murmullo que, se va acrecentando a medida que pasan los segundos, los minutos, horas, días y semanas que, comienza a bajar como una pequeña agüita que corre por los rincones y quebradillas de los cerros, poblaciones y villas que, corre por los pasajes, quebradas, atraviesa parques, solares, portales, invade todo los espacios, se siente que viene cerro abajo, con una algarabía descontrolada, bataholas de ruidos y canciones, son ellos, el pueblo que viene cantando, son los de la Sinderpart, de Las torres, La Cantera, San Juan, Pan de Azúcar, Punta Mira, el Alto, son los nuevos changos y diaguitas mezclados con sangre española, galesa, italiana, griega, francesa, si son ellos que vienen cerro abajo como la mejor riada… vienen cantando:
“De Coquimbo soy y vengo cantando,
este guaguancó con sabor cubano”.
Sin prejuicios, sin diferencias entre ricos, pobres, mendigos, aventureros, mujeres de brazos fornidos, damiselas tras su príncipe azul, estudiantes de la U. Católica de Guayacán, viejitos de La Herradura, todo un caleidoscopio de colores de ojos, de voluntades, de risas, sólo alegría que bajan ya como avalancha incontenible, en autos, carretas, carretillas, camionetas, camiones, buses ya dados de baja que apenas se mueven, es la gente que viene, viene con sus cosas, carpas japonesas, andinas, hechas por la abuelita, por flaites tirados a hippies, carpas pintadas como si fueran murales, carpas que asemejan al castillo de Rapunzel, carpas ratonas, carpas para el perro regalón, y hasta para el canario, todo cabe en los más diversos vehículos a tracción humana, a tracción animal y a motor a combustión, sólo faltan los vehículos tirados por volantines, pelícanos y de un cuanto hay de pájaros litoraleños, pero ya vendrán los drones y ahí si que va a ser divertido verlos volar disfrazados con la gracia e inventiva del pueblo cuando va a su gran fiesta. ¡Se la doy firmado que así va a ser! Todo cabe en estos graciosos vehículos, la parrilla, el coche de la guagua, la gran parrilla, las empanadas, los colchones, mesas de camping, mesas ratonas, mesillas mesones, y condones “por si las moscas”, y hasta plata por si falta, ahí vienen los quesos de cabra, las lechugas, harina para las masas de empanadas de pino, de mariscos, macha queso, jaibas queso, locos queso, camarón queso y el rico pan, tomates, rábanos, aceitunas, cebollas, pasas, cilantro y el infaltable mortero para preparar el pebre. ¡Vieja trajiste el aceite y los ají! Y también el tambor viejo de aceite transformado en el mejor horno para las empanadas y para todo lo que se ocurre en momentos tan imaginativos con algunos terremotos en la cabeza. ¡Sí! ¡Que le hace el agua al “pescao” a gente que ha soportado terremotos, tsunami y hasta bombardeo a la escuadra por parte de la aviación a principios de la década de los años treinta! Soportan terremotos de los buenos terremotos de pipeño con helado de piña y granadina o fernet y a sus retoños ya los estrenan con terremotitos para niños de ginger ale con helado y ellos se sienten felices emulando a sus mayores con un gran vaso que les debe durar toda la tarde.
Comienza la fiesta, el humo de las parrillas se eleva con sus tentadores olores a asado, a longanizas, a chorizos, a choros zapatos, a piure a las brasas, a cazuela de chancho, a pan quemado y a las ricas churrascas, es un gran asado producto de miles de parrillas dignas de un Record Guinness y por muchas otras cosas más que no me atrevo a nombrarlas, donde no se apagan ni a las altas horas de la noche cuando se preparan los vinos “navegaos” con canela, azúcar y naranjas y que los más lanzados le agregan malicia “pa´l frío de la madrugá”, consecuente que ahí se toma de mañana, tarde y noche y al otro día “para componer la caña” con un buen caldillo de congrio. A todo el mundo se le hace agua la boca y también andan con sed, es inexplicable esta paradoja para los nuevos visitantes que han llegado por miles, pero lueguito de acostumbran y son los que más avivan la fiesta. Los huasos desfilan con sus más engalanados trajes y aperos, mantas y sombreros, las “chinas” con sus polleras bordadas y coloridas le hacen guiños a los jinetes que se luces con sus ejercicios ecuestres para luego “bailarse” una de esas cuecas “pa´ morir parao”, a los sones de las cantoras y de las guitarras. ¡Qué lindo se escuchan las cuecas y qué lindo se ven las parejas bailando! Aunque por ahí no falta el político desubicado saltando como un cangurú, lo cual da un motivo más para que el pueblo se vengue de ellos riéndose a mandíbula abierta. ¡Ja ja ja! Se escucha como el mejor coro de risas y él alcalde de turno visita las carpas de huaso saludando y brindando con todo el mundo, cuyo recorrido se lo aseguro que no le sirve para subir las encuesta, si su examen final que son los fuegos artificiales, que cierran las fiestas, no son mejores que los del año pasado y la “pifiaera” será grande e inolvidable. Los comerciantes en improvisadas tiendas venden de todo, lo más a la moda, la mayoría productos chinos, casi nada nacional, es una larga procesión de miles y miles de personas que chocan entre sí y los terremotos se derraman y a los cabros chicos hay que comprarle otro, La verdad que vale la pena comprar por la calidad, último grito de la moda en sostenes, calzones, calzas, boxer y calzoncillos, zapatillas, parkas, mochilas, bolsos de viaje, juegos electrónicos, polulos, hot dogs, handrolls, “sanguches de potito” y de todo tipo, montañas de tutos asados, de papas fritas, de pizzas, comidas chinas de todo tipo; todo es un gigantesco mercado persa, cocinerías y taca tacas. La fonda oficial ya toca sus sones de perreos, regeatones, cumbias, bachatas y de vez en cuando una solitaria cueca, los pacos se pasean y la gente se porta bien incluido los “curaos”, las filas son interminables para echar la corta en los baños químicos y la “larga” por allá bien lejos en las rocas que están cerca del mar. Todo es un desorden ordenado, parece increíble, pero es así.
Llega el atardecer y se enciende el gran proscenio donde han cantado artistas de la talla de José Luis Rodríguez “El Puma”, Marco Antonio Solís, Leo Dan, Ana Gabriel y tantos otros y otras, y los principales cantantes y bandas nacionales. Es un orgullo para la fiesta, el monumental proscenio, donde cada noche se reúnen para escuchar más de doscientas mil personas y los más alejados de él, sólo ven figuritas que se mueven y el sonido ensordecedor de los alto parlantes distribuidos por todos lados. ¡Compadre, vamos hacia la parte de atrás del escenario para que podamos “verle” el poto a las candidatas a reinas!. ¡Ya, vamos “pa´ allá”! Y las candidatas se pasean con toda su belleza y encantos para ganar votos del público y ser elegida como su reina de tan aglomerada concurrencia mientras sigilosamente en la complicidad de las sombras que van hacia las rocas muy cerca del mar, las parejas a entregarse al desenfreno de sus amores apasionados, dejando como recuerdos, preservativos, más de algún calzón y sostén olvidado y también desilusiones y corazones rotos. Son lo “gases” del oficio como diría un viejo pescador cuando le pregunta a su compadre que lo ha visto “curao” y tirado en el suelo como siete días seguidos… ¿Y, como lo pasó “compipa”? ¡Bakán, nunca lo había pasado mejor! Son “gases” del oficio, mientras en un triángulo protector de los miles gozantes y gozadores, desde sus cumbres rocosas y montículos están imperturbables la Cruz del Milenio, la Mezquita y el Mirador del Navegante, dejando que “todo pase”. La fiesta sigue y sigue, con un inagotable bailoteo de volantines, asados, juegos infantiles, compras de baratijas, donde parece que por ahora, ha ganado la lucha contra los celulares, los whatsapp, los instagram y los cabezazos y porrazos no son por su culpa, sino por todo lo que allí sucede y no sé hasta cuando, fome sería ir a tan alegre fiesta y que todos estuvieran cabezas agachadas viendo sus celulares y no ver a los volantines ni los potos a las minas.
Termina la fiesta, las carpas se desarman, donde parece que es tarea de las mujeres cargar los vehículos porque los hombres ya están agotados de ¡taaanto!… y el alcalde pasó el examen, hasta aplausos sacó. ¡En hora buena, Sr. Alcalde!”, los vehículos como en el mejor de los tráfagos, hacen un taco fenomenal una vez terminado los fuegos artificiales, todo el mundo se retira y ya comienzan los planes para el próximos año.
“Yo soy coquimbano con buena ventura
Y en mis manos traigo la buena fortuna”
(Resuena a los lejos la melodía del guaguancó de los Viking´s 5)
Y ya en su soledad habitual y culposa, los terrenos de La Pampilla dan paso al súbito renacer de las flores del desierto florido, para reemplazar a las multicolores carpas que albergaron a tan alegre multitud que, no necesitó de carros alegóricos ni disfraces, para mostrarse tal como son: un bello pueblo incomparable.
¡Cómo te quiero Coquimbo!


Carlos Cabezas Gálvez
escritor y ensayista


Prensa El Heraldo | Imprimir | 411
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