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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 30-06-2020
LA GIOCONDA
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Los parpados me pesaban, me costaba abrir los ojos. Haciendo un esfuerzo logré estar más despierta. Miré a mi alrededor, mi cama era hermosa, digna de María Antonieta su respaldo de estilo romántico y en relieves parisinos una mesa redonda con un pequeño florero con una flor lozana.
Mi impulso al levantarme de la cama, fue salir al pequeño balcón y contemplar.
Me parecía un sueño estar ahí, por lo temprano de la hora quería ver gente, dormían posiblemente, era Paris. Me duché, me coloque una ropa apropiada al lugar, como una francesa adoptada hasta que durara la aventura.
Decidí tomar desayuno fuera del hotel, las calles de piedra angostas. Los elegantes restaurantes decorados con cortinas púrpuras de terciopelo, los cafés característicos le daban al ambiente un matiz especial.
Encontré un lugar al aire libre, tenía vista en amplitud para mirar a un hombre en motoneta, unas parisinas que caminaban vistiendo la moda francesa y mucho más.
Era traducible ver registrado todo lo visto en los libros, convertido en realidad. , el día era con un sol que invitaba a disfrutar.
Desayune unas tostadas con una mermelada y un café, seguí caminando mirando escaparates y mi vista se posó en una elegante peluquería, en realidad necesitaba un cambio. Al entrar atendiendo dos peluqueros muy atentos con sus manos hacían maravillas.
Me preguntaron si el corte era de mi gusto, totalmente respondí en español que amablemente un peluquero latino se lo tradujo al francés.
Y muy contenta con mí nuevo corte y peinado me miré al espejo, muy complacida
Me despedí, de ellos en francés y con dos besos en las mejillas como se usa en Paris.
Entre a una perfumería, habían unas jóvenes una morena, otra rubia con su madre, una elegante y fina mujer, hablaban un español igual que yo, pedí lo que necesita ellas se dieron vuelta. Me invitaron a cenar, fue grato y entretenido
Me dejaron en el hotel y se despidieron alegremente.
Me duche y rendida me dormí, al otro día me despertó un golpe en mi puerta era el conserje me dijo, buenos días le esperan abajo.
Cuando baje, no eran las chicas, era un joven saludo, soy Felipe hermano de las alocadas chicas no podrán venir y estoy en su lugar, lo mire lo salude y nos fuimos caminando y conversando animadamente, al llegar al Louvre, me pareció majestuoso.
Una vez adentro , tuvimos que hace fila unos subían escaleras , otros bajaban.
Me preguntó que quería visitar, terminamos al lado de los sarcófagos y de las esfinges gatos.
Felipe se encontró un amigo y me lo presentó, después le comenté que iría a ver los murales de las pinturas impresionistas.
Al caminar en los pasillos, me di cuenta que un grupo de turistas avanzaban muy rápido pregunté al guardia, no me entendía y lo único que decía era la Gioconda, la Gioconda
Seguí al grupo, entramos en la gran sala, a unos metros estaba la gran dama, La Gioconda ante mis ojos, avance entre medio del gentío, con escasos logros, contemplándola de costado.
La miré por última vez, y me fui a donde estaba Felipe, al llegar no lo vi. Esperé un rato y salí del Louvre.
La tarde, iluminada en el atardecer y las luces de la cuidad, no pude resistir y escuché una música y entre al café , mucha gente, pedí para beber y comer me doy vuelta y era Felipe al piano.
Y a terminada la música, se acercó y le dije: y tú, dónde estabas? Te busqué, por las salas, por todas partes.
Sandra, donde te escondiste?, pregúntale a la Gioconda, Felipe soltó una carcajada y salimos del café escuchando la voz de Edith Piaf.


(Iris Bobadilla)






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