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El Diario del Maule Sur
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Opinión 25-11-2020
LA MERCANTILIZACIÓN DEL ESPACIO PÚBLICO LINARENSE
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El espacio público es un hecho social en el sentido de que pude ser definido por su uso igualitario y sin restricciones socioeconómicas, un lugar donde se encuentran los habitantes de un poblado para generar algún tipo de convivencia. Ejemplos de estos lugares son las plazas, parques, alamedas o cualquier lugar físico donde la comunidad pueda encontrar un espacio de silencio y de encuentro con el otro.
Lamentablemente en la ciudad de Linares nos encontramos con un aumento sostenido de lo que denominaré mercantilización del espacio público. En los últimos años, sobre todo bajo la gestión de la actual administración edilicia, diversos lugares que eran parte de espacio público se han transformado en commodities destinados a la venta de servicios que transforman el espacio de todos en un mercado que impide la apropiación colectiva del lugar. Como ejemplo emblemático de esta cuestión es la proliferación de cientos de lugares para el consumo de alimentos y bebestibles que han transformado a la alameda en un espacio que impide la movilidad y fomenta aglomeraciones, que no pueden considerarse como una manifestación del uso igualitario del espacio público.
Más triste aún, es que dicha mercantilización se ha llevado a cabo de manera desorganizada, fomentando el desarrollo de una economía informal y precaria, además de no tomar en cuenta ninguna consideración estética que asegure un mínimo de armonía arquitectónica con la ciudad. Ambas situaciones, aseguran una desvalorización de tan escaso recurso público.
La supremacía del resguardo comercial de parte de la autoridad local ha transformado a la ciudad de Linares en un semillero de servicios desregulados que contaminan estéticamente la ciudad encantadora que se supone pretendemos ser. De esta manera, los espacios públicos han sido transformados para ser funcionales a microemprendimientos privados, expulsando la calma y tranquilidad que debiesen proveer a una ciudadanía que producto de los procesos modernizadores se siente cada día mas estresada y cansada.
El argumento que me imagino se esconde detrás de esta pauperización de la ciudad es el empleo. Para mitigar los efectos de la falta de empleo se termina entregando los espacios públicos a quien quiera vender lo que sea, con ello el municipio asegura una precaria red de “emprendedores” que a fin de cuentas parecen darle algo de movilidad económica a una ciudad hace ya años estancada en la pobreza.
El propósito de esta columna es invitar al lector a reflexionar sobre que tipo de ciudad quiere habitar, y con ello ser más críticos con los procesos de decisión pública que se esconden en cada acción del estado en el territorio. La ciudadanía debe ser un agente activo en estas materias que finalmente afectan directamente nuestra calidad de vida.

Antonio Hermosilla Canessa
Doctor en Sociología, Universidad Autónoma de Chile, sede Talca
Prensa El Heraldo | Imprimir | 336
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