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El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
Hoy
Opinión 09-03-2018
Las riberas de nuestros ríos y esteros tienen fecha de vencimiento
Caminando por la orilla de alguno de los numerosos ríos y esteros que dan vida a los cajones montañosos de nuestra provincia, es posible observar si se agudiza la visión, sutiles indicios de arcaicas formas culturales, piedras moldeadas artificialmente como herramientas de uso diario, restos de fogatas de uso permanente o esporádico, pedruscos horadados y un sin fin de otros signos de presencia humana ancestral en estos espacios que, de una u otra forma, dan cuenta del uso recurrente que los primigenios habitantes humanos de la cordillera y precordillera, daban a estos puntos del paisaje. Las riberas de los ríos, además de proporcionar el fácil acceso al vital elemento para consumo e higiene, otorgan alimentación proveniente de la multiplicidad de especies que habitan y visitan el cuerpo de agua, entregan igualmente claridad espacial ante la espesa selva y se utilizan en algunos casos como expeditas vías de comunicación y de traslado. Es decir, se convierten en puntos de gran importancia cultural para aquellos primeros humanos de la zona.
En la actualidad, la magnitud del valor que la vida humana moderna en la provincia le confiere a estos lugares no ha variado significativamente, si bien culturalmente el contenido ha sido reemplazado por aspectos menos vitales, no se presenta como algo banal. Hoy en día la habitación aledaña a los cursos de agua es escasa, la utilización de las riberas es dada principalmente por visitantes esporádicos provenientes de las urbes que, si bien continúan practicando similares actividades (pesca, uso de fogatas, baño, etc), el sentido ha variado, puesto que ya no constituyen prácticas de subsistencia, sino más bien de ocio. Acciones que conllevan una desconexión de la rutina urbana, en un escenario que permite la reminiscencia de costumbres alojadas en la memoria inconsciente, las cuales se practican con una finalidad de diversión.
Ahora bien, realizando nuevamente el ejercicio de recorrer la ribera de los ríos y esteros de “la montaña” sin una mirada agudizada, sino que por el contrario periférica y superficial, los rastros modernos resaltan ante nuestros ojos sin mayor esfuerzo. Luego de una temporada estival, época de ocupación más concurrida de estos espacios de acuerdo con la costumbre de nuestros tiempos, es posible observar la multitud de señales del asentamiento humano y los patrones culturales adheridos. Latas, vidrios y plásticos, de colores, formas y usos diversos, dan cuenta incluso del estado de ánimo de quienes los utilizaron, confirmando la teoría del ocio debido a la gran presencia de envases destinados a un contenido alcoholizado. Así mismo, la ausencia o ínfima presencia de habitantes acuáticos puede confirmar certeramente la esporádica ocupación humana moderna del lugar a un hipotético y escéptico caminante, consecuencia de la animosidad del ocupante temporal ocioso que satisfizo sus añoranzas ancestrales con su reluciente caña. Al mismo tiempo, negras circunferencias de piedra y carbonizadas ramas cubiertas de chamuscados granos de arroz, pastas y papas, dan cuenta de carbohidratados hábitos alimenticios que complementados por ya roídos sobrantes de carne, muestran la dieta del ocioso y temporal visitante. Por último, glifos tallados en los árboles o pintados en las piedras permiten, en muchos casos luego de un acucioso descifrado, conocer el imaginario de quienes tuvieron la dicha de tener aquel puesto como base.
Así, una comparación de hábitos culturales pasados y modernos en la ribera de los ríos y esteros, de acuerdo con los rastros hallados, nos entrega numerosas similitudes, pero también profundas diferencias, siempre teniendo en consideración las, en apariencia, antagonistas perspectivas de ocupación relacionadas con la subsistencia y el ocio. Accionar válido en ambas visiones, teniendo en consideración los necesarios momentos de esparcimiento que en la ajetreada vida moderna son cada vez más escasos. Igualmente, esta ancestral práctica permite reafirmar lazos familiares y comunitarios, convirtiéndose a su vez en espacios de encuentro e intercambio. Ahora, la diferencia mayor radica en la estela dejada por el esporádico pero sistemático ocioso y que en la actualidad se presenta como una problemática mayor, toda vez que la afluencia de visitantes a estos lugares es exponencial en el tiempo. Podemos inferir que los desperdicios dejados por los ocupantes actuales responden a la misma ancestral técnica de marcar un espacio como propio y como punto de referencia, apelando, en este caso, a la imposibilidad que otros ocupantes la utilicen producto de la desconocida, para ellos, contaminación presente, asegurándose el clan la reserva y reconocimiento del espacio por los rastros dejados. Sin embargo, el ya mencionado aumento de ocupantes humanos en las riberas de los ríos, hace inviable el continuar estas prácticas de demarcación territorial, ya que la finalidad de utilización de estos espacios comienza a ser erosionada, debido al estrés que produce el reconocer en cada rincón signos de una ocupación anterior (y la posible repentina aparición de quienes dejaron sus huellas con antelación), interfiriendo gravemente en una práctica ociosa que pretende “resetear” condiciones mentales cotidianas.
Si bien las pautas culturales ancestrales de ocupación de la ribera de los esteros y ríos, igualmente fueron dejando rastros y puntos de referencia que denotaban una ocupación, al cabo de los años estos signos se fueron degradando y en otros casos mimetizándose con el paisaje, principalmente producto de la materialidad con la que se intervenía el territorio, en gran medida con materias vegetales y minerales propias de la zona. Contrastando con los materiales de uso recurrente en la actualidad, donde el paso del tiempo no es sinónimo de necesidad de una agudeza visual y expertise en el reconocimiento de rastros para interiorizarse, por ejemplo, en qué momento fue utilizado tal o cual emplazamiento, puesto que una bolsa de papas fritas lo indica claramente.

(Nicolás Sánchez Preisig
Antropólogo
Co-Fundador Fundación Hualo
www.fundacionhualo.cl)



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