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El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
Hoy
Opinión 19-04-2016
Liceo de Linares “Liceo Bicentenario Valentín Letelier Madariaga”
-Lunes, 19 abril 1875 -Martes, 19 abril 2016-

Santiago, 22 de diciembre de 1874. He acordado y decreto:
Créase, en la provincia de Linares, un Liceo de segunda clase que comenzará a funcionar el 1° de marzo del año próximo.
Tómese razón y comuníquese –Errázuriz –José M. Barceló. Presidente de la República.
Algunos días después de crearse el Liceo, se hacía figurar en la Ley de Presupuestos del año 1875, un ítem con $3.801,61, suma que el Gobierno estimaba conveniente para que pudiera funcionar el nuevo establecimiento.
Comprendió el Gobierno lo indispensable que era buscar -para el cargo de Rector- una persona de experiencia y gran vocación para la enseñanza. Felizmente, no fue difícil encontrar a quien reunía las condiciones: don Baldomero Frías, que por aquellos años servía las clases de Castellano del Liceo de Talca.
Era un caballero de 47 años de edad, que al mismo tiempo de dedicarse a la instrucción, ejercía su profesión de abogado; su carácter, su probidad, su don de gentes, estaban a la altura de su gran saber. Por su habilidad y trato social, era el hombre llamado a dar vida y desarrollo a un plantel de enseñanza.
El 11 de enero de 1875 quedaba expedido el nombramiento del señor Frías, y semanas después llegaba a Linares a dar principio a la labor constructiva que se le acababa de confiar.
El decreto de fundación del Liceo establecía que este establecimiento empezaría a funcionar el 1° de marzo de 1875. Se había creído que los meses de enero y febrero bastarían para organizar el nuevo colegio. Pero, al poner manos a la obra, empezaron a surgir las dificultades, siendo la primera la que se refería a la adquisición de un local cómodo e higiénico.
En 1875 existían en la ciudad 516 casas, de las cuales había solo algunas que estaban construidas de acuerdo con los progresos de la arquitectura de aquellos tiempos; todas las demás no eran sino casas de aspecto colonial, que no presentaban sino escasas comodidades.
Entre las pocas casas, ofrecidas para el Liceo, solo una reunía ciertas comodidades; era la que se levantaba en calle Independencia, esquina sur poniente con Lautaro (hoy existe una multitienda, en el lugar), que al decir del Intendente señor Luis Jordán, era “una casa adecuada para el objeto: grande y bien ventilada”; esa fue la casa donde nació el Liceo y en la cual fue permitido pasar los seis primeros años de su vida.
Mientras se hacían los arreglos más urgentes en las salas de clase y en las oficinas, el 15 de febrero quedaba abierta la matrícula en la Secretaría de la Intendencia. Inmediatamente acudieron varios niños, de los cuales la mayoría pertenecía a las escuelas fiscales que entonces funcionaban en Linares; había también algunos que en el año anterior hacían sus estudios en colegios fuera de la provincia.
De los setenta y tantos que se matricularon, se dejaron 57, pues los restantes apenas sabía leer; no estando, por lo tanto, preparados para cursar ni el primer año de humanidades.
Los arreglos del edificio quedaron terminados en la primera quincena de abril. El domingo 18 de abril se verificó la inauguración del nuevo centro de educación. Aquel día fue de gala para los habitantes de Linares. Todo el mundo se llenó de regocijo y alborozo. Y nadie quedó sin asistir a la fiesta en la cual el Liceo iba a dar a conocer el camino por recorrer y la obra por realizar.
Don Luis Jordán, Intendente interino de Linares, presidió la fiesta y pronunció un discurso muy inspirado en grandes ideales de progreso. El señor Frías, notable erudito y profesor de castellano, habló de la importancia que tenía el Liceo, del rol que le iba a corresponder desarrollar en la ciudad y del deber de los padres de familia, ante la fundación de un colegio que recién daba manifestaciones de vida.
A la mañana siguiente a la fiesta inaugural -lunes 19 de abril de 1875- y cuando aún vibraba en el aire el eco halagador de himnos y discursos, un modesto hijo del pueblo “ño Félix Candia”, abría las puertas del hermoso templo de las ciencias, y a través de ellas pasaban los que debían ser los celosos jardineros de un vergel, y tras de ellos traspasaban los umbrales unos cuantos muchachos que con el generoso entusiasmo de su corazón, iban a constituir el campo donde sus maestros lanzarían las primeras semillas de una valiosa planta.
Los alumnos que acudieron esa mañana del 19 de abril, fueron distribuidos en dos cursos: cuarenta y tantos quedaron en el primer año de humanidades, y siete en segundo año. No se pudo establecer un tercer curso, en atención a que el Gobierno -con fecha 6 de marzo- había dispuesto que solo existieran 1° y 2° años.
Para solucionar la situación, con las personas que servirían de profesores, hubo que buscar profesores dentro de la misma ciudad, pues -dada la exigüidad de los sueldos-, era imposible pensar en traer personas de afuera.
El profesorado quedó formado por algunos funcionarios públicos y algunos ciudadanos de buena voluntad; quienes tomaron las clases de castellano, don Baldomero Frías; la asignatura de Historia, don Nicomedes Pincheira; clases de aritmética, don Leopoldo Urrutia; de Francés, don Miguel Cruz; de Caligrafía, don Santiago Toro Osses y de Catecismo e Historia Sagrada, don Zacarías Lizana. Figuraba, además, Dibujo de paisaje, clase que no se pudo hacer en 1875, a causa de no haberse encontrado profesor.
El autor de Historia del Liceo de Linares, en sus líneas preliminares, registró: “las investigaciones históricas están todavía muy lejos de realizarse sin tropiezo, tanto porque escasean los documentos originales, cuanto porque en la biblioteca Nacional faltan archivos y solo existen colecciones incompletas que no dan nítida luz sobre el pasado”
Sin embargo, injusto sería -agrega el autor-, “si no reconociera que al emprender esta tarea, se adelantó a mi paso un maestro generoso, Don Carlos Pincheira y Toro, que ya duerme bajo la losa helada del sepulcro, y me brindó todo el caudal de sus antiguos recuerdos”. (Bibliografía: El Liceo de Linares, su Historia, 1875-1925, de Julio Chacón. Imprenta y Librería Excelsior, Stgo. 1925)

Manuel Quevedo Méndez
Prensa El Heraldo | Imprimir | 1915
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